Web personal de Narwhal Tabarca
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Estimados amigos,
Los días parecen que no pasan, o que pasan sin apenas dejar huella de vida precisamente efímera. No sé, siento que el tiempo se me va, que hay tantas cosas por hacer.
En ocasiones me pregunto sobre el sentido que tiene todo esto, y pienso que me he tirado de cabeza a un proyecto´el cual aún no se donde acabará. El Cubalibro de Gaja y Tabarca comienza a tener su propia personalidad, y parece que él mismo se va haciendo su camino. No importo ya mucho para él y su andadura. Veo sus piernas, sus manos, su boca muda aún que intenta respirar como un pez sobre las rocas y entonces, he de confesarlo, tengo miedo.
Todas las nuevas empresas en la vida son decisiones a tomar. Y según dijo alguien una vez, la mejor manera de seguir adelante es seguir adelante sin preguntas. Las preguntas generan dudas, las dudas desconcierto y el desconcierto ¿quién puede negarlo? nos estanca en una suerte de parálisis que lo abarca todo en su entorno.
Este fin de semana me he encerrado en casa. Necesitaba tiempo para no pensar, para dejarme llevar por el sol y por la luna. No atendí llamadas, no toqué un libro, no escribí. Simplemente vagué, como un perro, sin hacer nada. Apenas comí (una pizza congelada) y tampoco de me aseé (no había agua por una avería). He dejado pasar el tiempo con la vaga esperanza de salirme de su curso al menos por unos días.
Vuelve a ser lunes. El teléfono ha despertado de su letargo, y mi cabeza vuelve a su juego de noria. Las ideas se centrifugan en ella, y cada llamada es una prenda nueva para dar vueltas. Definitivamente ya no puedo escapar de sus dientes. El Cubalibro me reclama ahora como lo hace un bebé indefenso que espera protección. No puedo dejarlo morir, y no quiero.
Un fuerte abrazo compañeros, gracias por dejar que me desahogue con ustedes.