Web personal de Narwhal Tabarca

Entradas de Abril 2007

Soy un hereje. Me lo ha dicho Leopoldo Lugones.

30, Abril 2007 · Deja un comentario

 

Queridos amigos,

dentro de la crítica que les ofrezco sobre los libros que Borges recomienda en su Biblioteca Personal, estoy leyendo actualmente “El Imperio Jesuítico” de Leopoldo Lugones. No es este el momento de hablarles del libro, pero sí quiero compartir con ustedes una reflexión. De esta obra maestra les extraigo un párrafo bastante interesante, a mi entender. Dice Lugones:

El espíritu de la Edad Media volvió a dominar imperioso. Durante ella, y bajo la influencia exclusiva de la Iglesia, había reinado la inmovilidad. A condición de no cambiar nada, se podía discutir todo, siendo un error creer que no existía libertad de discusión. Era, sin embargo, una libertad puramente dialéctica, puesto que demandaba, ante todo, la conformidad con lo establecido. De aquí que hereje, quiera decir estrictamente “disconforme”. Tener opinión propia era el verdadero delito.

Les hago esta reseña porque me parece de una calidad estilísitca y de fondo brillante. Al fin y al cabo, resume el eterno conflicto entre el progreso y el conservadurismo eclesiástico y social. Bajo esta santa imposición, que suponía una limpieza de inteligencias contrarias a lo establecido, se justificaban todos los asesinatos que la Iglesia llevó a cabo. ¿Por qué será que siempre que hablamos de la Derecha lo hacemos invocando libertades que nos coarta? ¿Por qué le molesta tanto a esa Derecha la libertad del hombre? ¿Por qué algunos dirigentes de Izquierda llegan a hacer lo mismo? ¿Por qué soy zurdo?

Nos han avisado hace un rato que a las 9.00 de la mañana, aproximadamente llega otro cayuco con 45 inmigrantes en buen estado a Arguinenguín (Gran Canaria). Ya les contaré que tal ha ido, cuando vuelva.

Un abrazo y mil sonrisas.

Narwhal Tabarca.

Categorías: Reflexiones

Un cayuco con 87 inmigrantes en Gran Canaria, esta noche.

28, Abril 2007 · 3 comentarios

 

Estimados amigos,

acabo de llegar del puerto de Arguineguín. En esta ocasión recibí el mensaje del CCA a la 1:34 de la madrugada. La información era bien escasa y exigía premura: “llegada en pocos minutos de un cayuco a muelle de Arguineguin. Personal disponible dirijanse directamente al muelle urgentemente“. Me puse el uniforme y salí corriendo para allá.

Cuando llegué, el muelle estaba completamente invadido por la calma de la noche. Solo una patrulla de la Guardia Civil me indicaba que no me había confundido. Al poco tiempo Ramón, un compañero de la Cruz Roja llegó. Esperábamos un cayuco en cuestión de cinco minutos y fue puntual.

Cuando llegó ví con estupor su tamaño y la cantidad de personas que traía. Con ojo de mal cubero informé a la central de que eran 50. Resultaron ser 90, entre ellos una niña preciosa de apenas un año en los brazos salvadores de su madre. Tres encontraron antes el final de su vida que el final del trayecto a la esperanza. No puedo ni quiero entrar en detalles a este respecto.

Pronto llegaron los vehículos de la Cruz Roja. La coordinación fue impresionante y la entrega de todos los compañeros maravillosa. En cuestion de minutos ya el dispositivo estaba prácticamente montado. El hospitalito preparado, la carpa donde se cambian también. En cuestión de minutos todos tenían un te caliente en las manos. En cuestión de minutos empezaron a sentir que su fatídico viaje había terminado.

La Guardia Civil ha vuelto a darle sentido a la nobleza del cuerpo. Hemos trabajado hombro con hombro, en ese momento poco importaban los uniformes. Eramos hombres y mujeres ayudando a otros hombres y mujeres. Eramos una parte de la humanidad ayudando a otra parte de la humanidad. Aquí la política no tiene ningún asiento reservado.  

Queridos amigos, en esta ocasión las manos me pesan y los acontecimientos me nublan la mente. No puedo expresarles todo cuanto he visto y sentido esta noche. Pero si de algo vale para que se hagan una idea, desde que monté en la moto hasta que llegué a casa, y luego un rato más, he estado purgando con lágrimas tantas sensaciones.

Una niña de un año con el dedo en la boca desde los brazos de un policía nacional, me míró a los ojos atenta mientras le lanzaba un beso. Un guineano de mi misma edad se ha reído conmigo cuando supimos la coincidencia. Otro entrado en edad me dió las gracias sinceras mientras me agarraba la mano. Otros, ni siquiera pudieron reconocer quien les tapaba con las mantas.

Desde que entré en la Cruz Roja hace ya 12 años, me enseñaron que nuestra labor era aliviar el dolor de quienes estaban en una situación de indefensión. Y eso es, precisamente lo que hemos intentado hacer esta noche.

Amigos míos, está bien que les hable de libros, que les cuente la historia de los escritores, pero ya lo dijo Thoreau: “en vano nos sentamos a escribir si no nos hemos levantado para vivir“. La vida está ahí fuera, justo donde acaba nuestra propia piel.

Reciban mi abrazo.

Narwhal Tabarca.

Categorías: Biblioteca personal de JL Borges

BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE. Herman Melville.

27, Abril 2007 · 2 comentarios

 

Hay escritores cuya obra no se parece a lo que sabemos de su destino; tal no es el caso de Herman Melville, que padeció rigores y soledades que serían la arcilla de los símbolos de sus alegorías. Nació en New York en 1819. Vástago de una gran familia venida a menos, de severa tradición calvinista, perdió a su padre a los trece años. A los diecinueve emprendió la primera de sus largas navegaciones; fue como marinero a Liverpool. En 1841 se alistó´en una ballenera que zarpó de Nantucket. El capitán era muy duro con su gente; Melville desertó en una de las islas del Pacífico. Los isleños, que rean caníbales, lo acogieron. Cien días y cien noches pasaron y lo rescató una nave australiana. A bordo de esa nave, Melville capitaneó un motín. Hacia 1845 volvería a New York. (…)

Bartleby, que data de 1856, prefigura a Franz Kafka. Su desconcertante protagonista es un hombre oscuro que se niega tenazmente a la acción. El autor no lo explica, pero nuestra imaginación lo acepta inmediatamente y no sin mucha lástima. En realidad son dos los protagonistas: el obstinado Bartleby y el narrador que se resigna a su obstinación y acaba por encariñarse con él.”

                                J. L. Borges. “Biblioteca Personal” 

 

Queridos amigos,

aún estoy en el aire después de terminar esta novela corta de Herman Melville. Me parece raro que su autor sea el mismo que escribió Benito Cereno, o Moby Dick. Realmente no se que esperaba del lector, pero si era dejarlo en el aire haciéndose mil preguntas, lo ha conseguido desde luego. Este Bartleby está caracterizado por su terquedad casi cómica. Un señor salido de la nada que se niega a todo cuanto se le pide con tan solo una frase: preferiría no hacerlo. Esto, llevado la sus últimas consecuencias hace que todo se desenlace de una forma inesperada y, por supuesto, bastante atrevida. Algo en mi mente quiere encontrar ahora una cierta similitud con la novela El extranjero de Albert Camús, solo que en la de Melville el protagonista es completamente hermético sin motivo aparente. Es, precisamente, este extremo el que me ha dejado bastante extenuado. Su conducta no se explica, salvo al final que se quiere dar un ligero apunte y que, como es obvio, no les puedo contar. Sin embargo, este ligero apunte se presenta como una incitación a la sospecha o a la actividad de la propia imaginación en busca de unas causas que no se aprehenden del todo.

Le doy la razón a Borges. Es una novela que recomendaría, aunque aún no se bien por qué. Esto solo me ha pasado hasta la fecha con la de Albert Camús. Si la leen, espero que sepan entenderme. Si la entienden, espero que sepan explicármela.

Reciban mi abrazo, mi sonrisa y las dudas que ahora albergo.

 

Narwhal Tabarca.

Categorías: Biblioteca personal de JL Borges · Crítica literaria
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Carta de una madre a un hijo. (Humor) mail anónimo.

27, Abril 2007 · 1 comentario

 

(gracias Raquel, me he reído como un enano)

Querido hijo: Te escribo estas líneas para que sepas que estoy viva. Te escribo lentamente porque se que no sabes leer deprisa. Tu padre consiguió un trabajo muy bueno; tiene 500 personas bajo su poder. Cuida el cementerio del pueblo. No vas a reconocer la casa cuando vengas, porque nos mudamos. Nueva casa tiene una lavadora que no funciona bien: la semana pasada puse cuatro camisas, tire la cadena y todavía no las he vuelto a ver. A tu tía Rosa le pasa al revés que a mí; ella cuando toma café no puede dormir, en cambio yo, cuando duermo no puedo tomar café. Finalmente enterramos a tu abuelo. Encontramos el cadáver ahora con todo esto de la mudanza. Estaba en el armario, desde ese día que gano jugando al escondite. Lamento decirte hijo, que la semana pasada tu padrino se ahogó en la destilería en un tanque de brandy. Varios hombres trataron de salvarlo pero lucho valientemente contra ellos. Tardaron tres días en apagar el fuego cuando lo cremamos. Hoy, tu hermana Julia tuvo un hijo, pero como todavía no sé si es nena o nene, no se si llamarte tía o tío. Quien hace mucho que no aparece es tu tío Jorge, que murió totalmente el año pasado. Y tu primo Jacinto, que siempre se creyó más rápido que el toro, comprobó que no lo era. Estoy preocupada con el perro Boby, que insiste en perseguir los coches aparcados y se me está aburriendo. Ah! Finalmente los embotelladores de refresco tuvieron la gran idea de poner un letrero en las tapitas que dice: “abra por aquí”. ¿Que te parece? Tu hermano José cerró el coche con el seguro y dejó las llaves adentro. Tuvo que volver a casa para buscar el duplicado y poder así sacarnos a todos de adentro del coche. La semana pasada llovió toda la semana; los primeros tres días llovió y los últimos cuatro también. Todos te extrañamos mucho, pero mucho más desde que te fuiste. Tienes que escribirnos contándonos cómo te va con tu nueva novia extranjera; no sabes cómo nos pusimos de contentos cuando nos enteramos que estabas en cama con Artritis. Esta carta te la mando por Manolo, que va mañana por ahí. A propósito, ¿puedes buscarlo al aeropuerto? Bueno mi hijo, no escribo el remitente por que no sé la dirección nueva. La última familia que vivió en esta casa se llevó los números para no tener que cambiar la dirección. Si te encuentras con doña Marta salúdala de mi parte, si no la encuentras, no le digas nada.

Tu madre que te ama: Yo

PD: Te iba a mandar cien mil pesetas, pero ya cerré el sobre.

 

Espero que se hayan reído tanto como yo.

Mi abrazo, mi sonrisa.

Narwhal Tabarca.

Categorías: Chistes y humor

CON LA SOGA AL CUELLO. Joseph Conrad.

27, Abril 2007 · 3 comentarios

 

Obra del divino poder, de la suma sabiduría y, curiosamente, del primer amor, el infierno de Dante, el más famoso de la literatura, es un establecimiento penal en forma de pirámide inversa, poblado por fantasmas de Italia y por inolvidables endecasílabos. Harto más terrible es el de Heart of Darkness, el río de África que remonta el capitán Marlow, entre orillas de ruinas y de selvas y que bien puede ser una proyección del abominable Kurtz, que es la meta. En 1889, Teodor Josef Konrad Korzeniowski remontó el Congo hasta Stanley Falls; en 1902, Joseph Conrad, hoy célebre, publicó en Londres Heart of Darkness, acaso el más intenso de los relatos que la imaginación humana ha labrado. (…) The End of the Tether (Con la soga al cuello) , no es menos trágico. La clave de la historia es un hecho que no revelaremos y que el lector descubrirá gradualmente. En las primeras páginas ya hay indicios.

H.L. Mencken, que ciertamente no prodiga los ditirambos, afirma que Con la soga al cuello es una de las más espléndidas narraciones, extensa o breve, nueva o antigua, de las letras inglesas. Compara los dos textos de este libro con las composiciones musicales de Sebastián Bach.

Según el testimonio de H.G. Wells, el inglés oral de Conrad era muy torpe. El escrito, que es el que importa, es admirable y fluye con delicada maestría.

Hijo de un revolucionario polaco, Conrad nació en Ucrania, en el destierro, en 1857. Murió en el condado de Kent en 1924.”

                              J. L. Borges “Biblioteca Personal”

 

Estimados amigos,

Esta novela tiene algo especial. No deja de ser otra novela de navíos, al más puro estilo Melville, y, sin embargo, no es solo eso. Es conocido que Joseph Conrad fue marino y, como dice la contraportada de la edición de Espasa que he leído: “La pasión  que sentía por el mar le llevó a ser primero marino y después escritor. Para Conrad el mar era un instrumento de visión, al igual que la literatura, de ahí que de sus viajes sacara el material que posteriormente reflejaría en sus novelas”. Si tenemos en cuenta que Conrad nació en el año 1857 y su primera novela “El corazón en las tinieblas” la publicó en el 1902 nos daremos cuenta de que empezó con el oficio literario a la entrada edad de 45 años. Edad en que decidió apartarse de la navegación de forma activa y dedicarse a la ficción en torno a ella. En esta línea, “Con la Soga al Cuello”, narra la etapa última de la historia de un capitan de la marina mercante, el Capitán Whalley, que, viejo y arruinado, recibe una misiva de su hija desde el extranjero pidiéndole algo de dinero para sobrevivir. Este hombre, un caballero recto, sabio y digno, hará cualquier cosa para poder responder a la llamada de auxilio de su hija. A lo largo de su lucha contra corriente irá lidiando con los mezquinos intereses de unos y otros que, contínuamente se impondrán en su camino.

Poco puedo y quiero referirles sobre el argumento, el factor sorpresa en esta novela es crucial y es mejor encontrarse los acontecimientos de bruces. Sea como fuere, Borges, de Joseph Conrad recomienda dos novelas, esta y la de “El Corazón de las tinieblas”. Les digo que ya tengo ganas de empezarla, Joseph Conrad tiene ese estilo cargado de paciencia, elegancia, admiración incluso, hacia los propios personajes. Es una delicia navegar sobre las palabras que escribe.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Narwhal Tabarca.

Categorías: Biblioteca personal de JL Borges · Crítica literaria
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EL MANDARÍN. Jose María Eça de Queiroz.

26, Abril 2007 · Deja un comentario

 

A fines del siglo XIX, Groussac pudo escribir con veracidad que ser famoso en Sudamérica no era dejar de ser un desconocido. Ese dictamen, por aquellos años, era aplicable a Portugal. Famoso en su pequeña e ilustre patria, Jose María Eça de Queiros (1845-1900) murió casi ignorado por las otras tierras de Europa. La tardía crítica internacional lo consagra ahora como uno de los primeros prosistas y novelistas de su época.

Eça de Queiroz fue esa cosa un tanto melancólica: un aristócrata pobre. Estudió Derecho en la Universidad de Coimbra y, una vez terminada su carrera, desempeñó un cargo mediocre en una mediocre provincia. En 1869 acompañó a su amigo, el conde de Rezende, a la inauguración del canal de Suez. Pasó de Egipto a Palestina, y la evocación de esas andanzas perdura en páginas que muchas generaciones leen y releen. Tres años después ingresó en la carrera consular. Vivió en La Habana, en Newcastle, en Bristol, en la China  y en París. El amor a la literatura francesa nunca lo dejaría. Profesó la estética del parnaso y, en sus muy diversas novelas, la de Flaubert. En “El primo Basilio” (1878) se ha advertido la sombra tutelar de Madame Bovary, pero Émile Zola juzgó que superior a su indiscutible arquetipo y agregó a su dictamen estas palabras: “Les habla un discípulo de Flaubert”.

Cada oración que Eça de Queiroz publicó había sido limada y templada, cada escena de la vasta obra múltiple ha sido imaginada con probidad. El autor se define como realista, pero ese realismo no excluye lo quimérico, lo sardónico, lo amargo y lo piadoso. Como su Portugal, que amaba con cariño y con ironía, Eça de Queiroz descubrió y reveló el Oriente. La historia de ”O Mandarim” (1880) es fantástica. Uno de los personajes es un demonio; otro, desde una sórdida pensión de Lisboa, mata mágicamente a un mandarín que tiende su barrilete en una terraza que está en el centro del impero amarillo. La mente del lector hospeda con alegría esa imposible fábula.

En el año final del siglo XIX murieron en París dos hombres de genio, Eça de  Queiroz y Oscar Wilde. Que yo sepa, nunca se conocieron, pero se hubieran entendido admirablemente.”

                         J. L. Borges “Biblioteca Personal”

 

Estimados amigos,

efectivamente la novela de Eça de Queiroz es de aquellas obras que saben a poco. Mientras la leía me asaltaba una sutil paranoia que se identificaba con el miedo y la intriga que sentía su protagonista. Un hombre gris, ceniciento diría, sin mayores proyecciones en la vida que su bolsillo desierto, descansa en un motel tugurioso. De alguna forma fantástica, un demonio (nunca de habla de que fuera un demonio en la novela, pero no quiero contradecir a Borges ahora mismo) le propone vivir la vida de un Mandarín que está en ese mismo momento en China, sacando su barrilete, de forma placentera. Este señor gris e incrédulo acepta el ofrecimiento aún cuando ya había sido advertido de que tal aceptación supondría la muerte inminente del susodicho Mandarín. En China, el Mandarín cae redondo.

En una suerte de efecto mariposa, Eça de Queiroz describe entonces los sobresaltos de la conciencia humana cuando se percata del alcance de sus desiciones. El remordimiento y el desencuentro con la tranquilidad espiritual harán, entonces, que este nuevo rico, cargado de dinero hasta los topes, y depués de gozar la riqueza hasta su grado sumo – la infelicidad y el vacío existencial - decida ir en busca de los enlutados miembros de la familia del Mandarín mágicamente asesinado.

Y así transcurre gran parte de la novela, narrando este viaje al fondo del imperio Chino y del conocimiento propio del lector.

Mi conclusión al respecto es bien clara, quizá, el escritor portugués quisiera hacer una obra que demostrara que el desconocimiento del alcance de nuestros actos, puede llevarnos a cometer atrocidades que jamás tendremos el horror de conocer. Irremediablemente, somos la causa de muchos efectos indeseados, y no somos conscientes de ello, o no queremos serlo. Entronco, entonces, todo esto con mi casi obsesión por llegar a Shangai en moto, el único motivo es el de ir conociendo la realidad de aquellos paises que no salen en los modernos GPSs pero que quizá sean, incluso, quienes explotados, los construyen. Sé que es un reduccionismo extremo de las concecuencias últimas pretendidas en este líbro, pero pretendo solo acercarme a lo específico de las enseñanzas que me aporta.

Estimados amigos, Borges nos recomienda esta novela, yo lo patrocino.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Narwhal Tabarca. 

Categorías: Biblioteca personal de JL Borges · Crítica literaria
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CONFIESO QUE HE VIVIDO. Pablo Neruda.

25, Abril 2007 · 2 comentarios

 

Estimados compañeros,

anoche acabé la autobiografía del premio Nobel de Literatura, el chileno Nertalí Ricardo Reyes Basoalto (Pablo Neruda).

Después de leerla, me quedo con una impresión bastante confusa de su persona y su vida. Me da la sensación de que este hombre tuvo mucha suerte, buena y mala (como diría Oscar Aguado). Efectivamente, con 19 años publica su primer libro. Luego, con 23, y de la manera más sencilla del mundo, es nombrado Cónsul ad honorem en Ragoon, una zona de Birmania que ni él mismo sabía donde estaba cuando aceptó. Es cierto que antes de su nombramiento había sido un gestor activo de la poesía en su tierra natal, publicando libros, poemas sueltos e, incluso, siendo Presidente del Ateneo de Temuco, entre otras muchas cosas. Pero lo que no deja de ser verdad es que con 23 años ya era Cónsul. Me gusta recalcar esto. Ya que su nombramiento le otorgó las grandes puertas al mundo y la facilidad de dedicarse casi exclusivamente a la poesía y la lucha comunista.

No tengo intención de hacer aquí una paráfrasis de lo que fue su vida. Todo lo contrario. Cuando terminé el libro, intuitivamente me quedé observando una fotografía de un Neruda con sombrero, en blanco y negro, que decora la portada de sus obras completas de la editorial RBA, e inconscientemente le pregunté a los ojos: “tú quien eres?”. Pronto me dí cuenta de la carcajada facil que podría haber soltado quien me viera (por suerte estaba solo), pero aquella pregunta me hizo reflexionar acerca del libro. Y es que, Confieso que he vivido no es otra cosa que un mero anecdotario cargado de historia. Sin embargo, Neruda no habla de sí mismo, de lo que siente o piensa más que en contadas ocasiones y de forma muy velada y, por supuesto, muy diplomática. No me cabe duda de que esto último le viene por la profesión. Sin embargo, tampoco es menos cierto que deja entrever a los ojos de un avezado lector, bastante de todo cuanto conformó su esfera sentimental.

Es curioso, y para corroborar mis opiniones cito algunos ejemplos. Cuando va a recojer el premio Nobel en ningún momento hace alusión a lo que sintió, lo que para él suponía todo aquello, las emociones o los sentimientos, nada. Simplemente se limita a retratar la ocasión como si de una fría película se tratara. Lo mismo sucede cuando habla de las mujeres que pasaron por su vida, o la mangosta que se le perdió en la India, por citar algunos ejemplos.

Cuando sí parece que se deja llevar por sí mismo es, curiosamente, cuando narra los problemas que le pusieron a última hora en aquel momento en que iba a embarcar a los republicanos exiliados de España hacia Chile. Pero, al hacerlo, siempre es recordando la furia que aquello le provocó.

Nada de esto que digo debería ser contraproducente. Me refiero a la impresión de su forma de contar la vida que ha tenido. Como dije antes, Pablo Neruda fue un señor que tuvo mucha suerte, mala y buena. Mala, porque, de una u otra manera siempre estaba en el lugar del problema, en el salón donde se debatiría cada hito importante de la historia más reciente. Estuvo en España durante la guerra civil (abandonó Madrid en el 37), vió incluso como bombardeaban el Palacio de Linares y como los republicanos sacaban por la ventana el gran oso blanco disecado del Duque de Alba, estuvo relacionado con los japoneses que abandonaban América justo antes de los acontecimientos  de Pearl Harbour, vivió en París cuando estaba siendo ocupada por el ejercito fascista, conoció a Stalin, a Castro, al Che, a Videla, fue íntimo amigo de Salvador Allende, no soportaba a Cesar Vallejo, admiraba a Vicente Huidobro. Intimó con Lorca, con Alberti, con Miguel Hernandez (con el que vivió en Madrid una temporada). Es decir, tuvo la mala suerte de estar en el momento de los conflictos cuando éstos se fraguaban, se exilió de Chile apenas dos años después de ser proclamado senador y luego desaforado, y, sin embargo, siempre tuvo una posición privilegiada en todos ellos. Era una suerte de protegido divino. Si fue en carcelado, al día siguiente le pidieron disculpas, si estuvo en medio de la guerra civil, tuvo la facilidad de salir de España cuando quiso, para volver a entrar aún durante la guerra. Si estuvo con los exiliados republicanos, era el ángel salvador que los sacó de Francia rumbo a Chile, si estuvo perseguido en Chile, encontró rápidamente una vía de escape sin más aspavientos. y, además, si tuvo la oportunidad de dedicarse casi exclusivamente a las letras, le dieron el premio nobel.

Nada le resta mérito. A donde quiero llegar es a que Pablo Neruda fue un señor que llevó a cabo el lema de mi vida: “Vivimos la vida que queremos vivir”. Él lo hizo, y con esta obra lo confiesa.

Por supuesto es un libro que recomiendo. No por su literatura, sino como documento histórico importante sobre lo que fue la vida de un poeta contada a cálamo currente.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa siempre,

Narwhal Tabarca. 

Categorías: Crítica literaria
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Un mail de Paco Sevilla

24, Abril 2007 · 9 comentarios

 

                   

 

 

 

 

Mi querido Paco Sevilla representa ese extremo al que todo poeta tiende. Solo él sabe cuanto le debe a la poesía. Mi querido Paco era atleta, pero su carrera se truncó por los caprichos de la causalidad. Hoy dicen de él en Radio Nacional de España que es uno de los mejores poetas que pueblan este pais. Yo me lo creo y lo sustento.

Mi querido Paco es de esos pocos escritores que realmente escriben como hablan. Y es que, en él, todo es poesía. Desde que abre los ojos cada día el cien por cien de su tiempo lo dedica al arte de los versos. El otro día creo recordar haber definido la poesía como las palabras que rompen el momento de meditación expontánea. Cuando verbalizamos una sensación abandonamos el estado de no-mente. Ante el río de la plata, uno, después de la contemplación de su inmensidad, dice: ¡qué pasada!, sin embargo el poeta piensa, pronuncia o escribe unos versos: “cómo puedes ser tan solo un río” dijo Lorca en aquella ocasión.

Pues bien, Paco sevilla se mantiene constantemente entre estos dos estados. Medita de forma natural, fugaz, envidiable, luego verbaliza e inmediatamente después vuelve a su constante y fugaz estado de no-mente. Esta capacidad de conexión-desconexión del consciente y el subconsciente hace que no todos vean al maravilloso poeta del todo cuerdo. Pero la lucidez de Paco Sevilla está por encima de toda opinión.

El motivo de este post es, precisamente, compartir con ustedes un mail que me acaba de enviar y que me parece un esquema de todo esto que digo de él. Léanlo y saquen sus propias conclusiones:

 

       S abes de sobra cuanto te quiero

       A hora y siempre

       N adie es ética y estética jugando al póker

       T e … (verso suprimido por cuestiones íntimas)

       I magina andarás liao con cubalibro y work

      

       S aluda a la mamma, a Cali, a tu pa y a ti

       A veces la siringa ofrece águilas y fresas

       N o olvides olvidarte del alzheimer

       T anto por plumas cuanto por espadas

       A toda vela, y días de estío y rosas

       N adar a contracorriente es luz de azucena

       A ver si puedo ir a recitar soon, y abrazos.

       P.D:

       Recibe el mejor de mis abrazos, santi.

       Tu compy; Paco sevilla.

 

Lo que le hace grande es que no pretende ser otro que no es. Paco es así, en el día a día, desde que saluda hasta que se despide, cuando llora, cuando sueña incluso. Ojalá pudiera yo llegar a esa capacidad de entrega a la poesía. Paco Sevilla es, sin lugar a dudas, uno de mis mejores maestros.

Un abrazo y mil sonrisas.

Narwhal Tabarca

Categorías: Compañeros Poetas · Opinión · Otros

A partir de ahora, la web es Narwhaltabarca.com

23, Abril 2007 · 1 comentario

 

Dado que ya tengo el nombre completo, he cambiado hasta el dominio de esta página. No se preocupen que pueden seguir entrando por santiagotabarca.com´(hasta enero) o por www.elcubalibro.com (hasta que acabe la página del Cuba Libro).

Nada cambia, solo el nombre. (acabo de hacer el negativo de la frase del nombre de la rosa: con el tiempo, de la rosa solo queda el nombre) -Uy! que reflexión más atractiva… seguiré pensando en ello.

Reciban mi abrazo compañeros,

Narwhal Tabarca.

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La poesía (por Pablo Neruda)

23, Abril 2007 · Deja un comentario

 

Quiero compartir con ustedes un apunte de Neruda, extraído de la misma obra de la que extraje la referencia a los Narwhales: “confieso que he vivido”.

Se las transcribo aquí porque creo que no tiene desperdicio. Merece la pena leerla, en el libro no es más que una página y media.

                          La poesía

…Cuánta obra de arte… Ya no caben en el mundo… Hay que colgarlas fuera de las habitaciones… Cuánto libro… Cuánto librito… Quién es capaz de leerlos?… Si fueran comestibles… Si en una ola de gran apetito los hiciéramos ensalada, los picáramos, los aliñáramos… Ya no se puede más… Nos tienen hasta las coronillas… Se ahoga el mundo en la marea… Reverdy me decía: “Avisé al correo que no me los mandara. No podía abrirlos. No tenía sitio. Trepaban por los muros, temí una catástrofe, se desplomarían sobre mi cabeza… Todos conocen a Eliot… Antes de ser pintor, de dirigir teatros, de escribir luminosas críticas, leía mis versos… Yo me sentía halagado… Nadie los comprendía mejor… Hasta que un día comenzó a leerme los suyos y yo, egoístamente, corrí protestando: “no me los lea, no me los lea”… Me encerré en el baño, pero Eliot, a través de la puerta, me los leía… Me sentí muy triste… El poeta Frazer, de Escocia, estaba presente… Me increpó: “Por qué tratas así a Eliot?”… Le respondí: “No quiero perder mi lector. Lo he cultivado. Ha conocido hasta las arrugas de mi poesía… Tiene tanto talento… Puede hacer cuadros… Puede escribir ensayos… Pero quiero guardar este lector, conservarlo, regarlo como planta exótica… Tú no me comprendes, Frazer”… Porque la verdad, si esto sigue, los poetas publicarán sólo para otros poetas… Cada uno sacará un plaquette y la meterá en el bolsillo del otro… su poema… y lo dejará en el plato de otro… Quevedo lo dejó un día bajo la servilleta de un rey… eso sí valía la pena… O a pleno sol, la poesía en una plaza… O que los libros se desgasten, se despedacen en los dedos de la humana multitud… Pero esta publicación de poeta a poeta no me tienta, no me provoca, no me incita sino a emboscarme en la naturaleza, freta a una roca y a una ola, lejos de las editoriales, del papel impreso… La poesía ha perdido su vínculo con el lejano lector… Tiene que recobrarlo… Tiene que caminar en la oscuridad y encontrarse con el corazón del hombre, con los ojos de la mujer, con los desconocidos de las calles, de los que a cierta hora crepuscular, o en plena noche estrellada, necesitan aunque sea no más que un solo verso… Esa visita a lo imprevisto vale todo lo andado, todo lo leído, todo lo aprendido… Hay que perderse entre los que no conocemos para que de pronto recojan lo nuestro de la calle, de la arena, de las hojas caídas mil años en el mismo bosque… y tomen tiernamente ese objeto que hicimos nosotros… Sólo entonces seremos verdaderamente poetas… En ese objeto vivirá la poesía.

Sin palabras.

Narwhal Tabarca.

Categorías: Crítica literaria · Literatura y otro comentarios · Opinión

Julio Espìno acaba de publicar su nuevo poemario y ya comienzan los comentarios por internet. Me gustan estas cosas.

23, Abril 2007 · 1 comentario

 

Efectivamente, en este Blog hay unos comentarios sobre el nuevo poemario de Julio Espino. El anfitrión incluso se ha ocupado de transcribir el primer poema.

Gracias por tomarte el tiempo de dedicarle un guiño al buen hacer de Julio, compañero.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Narwhal Tabarca.

Categorías: General

Me llamaré Narwhal Tabarca

21, Abril 2007 · 4 comentarios

 

             

Estimados amigos, desde que decidí usar el pseudónimo de Santiago Tabarca, supe que este nombre debía con el tiempo sufrir un segundo cambio. Tabarca me lo regaló la vida, de labios de una señora de mi pueblo que en su cariñoso acento canario me dijo “Santiago T(e)abarca toda la zona de tunte…). Y así quedamos mi amigo y buen poeta Paco Sevilla y yo, mudos, sin poder hacer otra cosa que besarle las mejillas a aquella mujer pequeña que no terminaba de entender lo que sucedía.

El nombre de Narwhal, se lo deberé, a partir de ahora, al poeta chileno Pablo Neruda (cuyo nombre también es un pseudonimo con una historia, como todos). La vida me lo ha puesto delante, en aquellos párrafos de “Confieso que he vivido” en que dice el poeta:

De aquel gran pulpo que conocimos todos por primera vez en Los trabajadores del mar de Victor Hugo (también Victor Hugo es un pulpo tentacular y poliformo de la poesía), de esa especie sólo llegué a ver un fragmento de brazo en el Museo de Historia Natural de Copenhague. Éste sí era el antiguo Kraken, terror de los mares antíguos, que agarraba a un velero y lo arrollaba cubriéndolo y enredándolo. El fragmento que yo vi conservado en alcohol indicaba que su longitud pasaba de treinta metros.

Pero lo que yo perseguí con mayor constancia fue la huella, o más bien el cuerpo del narval. Por ser tan desconocido para mis amigos el gigantesco unicornio marino de los mares del Norte, llegué a sentirme exclusivo correo de los narvales, y a creerme narval yo mismo.

¿Existe el narval?

¿Es posible que un animal del mar extraordinariamente pacífico que lleva en la frente una lanza de marfil de cuatro o cinco metros, estriada en toda su longitud al estilo salomónico, terminada en aguja, pueda pasar inadvertido para millones de seres, incluso en su leyenda, incluso en su maravilloso nombre?

De su nombre puedo decir – narwhal o narval – que es el más hermoso de los nombres marinos, nombres de copa marina que canta, nombre de espolón de cristal.

Y ¿por qué entonces nadie sabe su nombre?

¿Por qué no existen los Narval, la bella casa Narval, y aún Narval Ramírez o Narvala Carvajal?

No existen. El unicornio marino continúa en su misterio, en sus corrientes de sombra transmarina, con su larga espada de marfil sumergida en el océano ignoto (…)

Gracias Pablo. Afortunadamente sí que existen los narwhales. Ojalá hubieses podido ver alguna de estas fotos. Son una especie de ballenas que habitan, como dices, en los mares del norte. Sus descripciones mitológicas del medievo se corresponden a la perfección con la realidad. Es una lástima que no llegaras a verlas nunca.

 

Estimados amigos, aquí tienen los motivos y el acontacimiento. A mí me llena de ilusión: un ser pacífico, misterioso, marino: el unicornio del mar. Seguramente a Pablo Neruda le habría hecho gracia. De todo ello, sin pretensiones de ninguna clase, lo próximo que publique lo haré con este nombre con el que ya me identifico.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa

Narwhal Tabarca.

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Concierto de Heliodoro y Jorge Santana en el Cuba Libro. Viernes 20 de abril.

18, Abril 2007 · 2 comentarios

 

Y como en abril aguas mil, ya sea que caigan del cielo, con forma de lágrima, o con forma de baba (cuando uno ve algo que le hace reventar de buena energía), o de vida, pues así se ha dicho.

Este viernes 20 de abril, el diluvio universal caerá en el Cuba Libro. Sucederá. Jorge Santana y Heliodoro, dos miembros de oro del Colectivo, están preparando ya el Arca de las emociones.

Será un conciertazo al que no podemos faltar, yo el primero. 

Por eso, espero poder abrazarles el Viernes 20 a las 22.30.

Reciban un adelanto de mi abrazo, recuerden mi sonrisa, sonrían aunque no haya máquina de fotos apuntándoles.

Santiago Tabarca.

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“Benito Cereno”. Herman Melville

12, Abril 2007 · 5 comentarios

 

Benito Cereno sigue suscitando polémicas. Hay quien lo juzga la obra maestra de Melville y una de las obras maestras de la literatura. Hay quien lo considera un error o una serie de errores. Hay quien ha sugerido que Herman Melville se propuso la escritura de un texto deliberadamente inexplicable que fuera un símbolo cabal de este mundo también inexplicable”

JORGE LUIS BORGES. Biblioteca Personal.

A la hora de opinar acerca de esta obra, a todas luces rara dentro de la bibliografía de Melville, creo que es imprescindible hacer un pequeño parón en la oscuridad que inspira. En efecto, cuando se abre el libro y se comienzan a leer las primeras páginas, parece que la noche que viste de negro el paisaje que nos acecha desde la ventana es un artificio, y que la verdadera oscuridad nocturna se aloja toda dentro de las hojas en que nos adentramos. Melville recrea una historia aparentemente inverosímil, llena de dudas y de lagunas en la lógica de cualquier lector, pero desde la oscuridad de un barco, varado sobre las olas del mar, o bajo la noche desde sus camarotes misteriosos. No en vano Borges me la recomendó a través de su libro del que saco la cita que antecede a este texto. Una ficción de aparente inverosimilitud, fantasmagórica sin la menor mención a lo sobrenatural, y, al mismo tiempo, intrigante pero de dudosa sospecha. A lo largo de su lectura, es posible llegar a desconfiar de la humanidad, de uno mismo o incluso del propio libro que tiene entre las manos. Por momentos un atisbo de lucidez parece querer alojarse en el entendimiento, sin embargo, en el instante siguiente uno puede llegar a sentirse vulnerable e indefenso por haber bajado la guardia tan solo unos segundos.

Realmente la historia que se cuenta no tiene mayor trascendencia. Como es de esperar en Herman Melville, el mar tiene gran parte de protagonismo. Pero en este caso la gran ballena blanca se viste de otra guisa, para que intentemos descubrir cuánto en ella es traje de carnavales y cuánto es verdadera carne. Evidentemente no hay ballenas en Benito Cereno, pero desde el comienzo de este apunte decidí no hacer excesiva referencia a la trama, para no agüarle la fiesta a quien se asome a los bordes de este barco. Por eso, vengo obligado a usar metáforas y perífrasis, quizá con el ilusorio intento de recrear en parte el magnifico ambiente que crea el autor, aunque sea imposible hacerlo aquí.

Sea como fuere, estoy satisfecho de haberla leído. Podría asegurar, y aprovecho estas líneas para hacerlo, que es de aquellas novelas que leemos una vez en la vida, pero que luego, seguimos respirando su aliento ya para siempre. Si algo puedo hacer después de volver a tierra, es recomendarla.

Un fuerte abrazo.

Santiago Tabarca.

Categorías: Biblioteca personal de JL Borges · Crítica literaria
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He abierto una nueva categoría dentro de la de "crítica literaria", sobre las obras de la biblioteca personal de Jorge Luis Borges.

12, Abril 2007 · Deja un comentario

 

Estimados compañeros,

allá por el año, hoy ya lejano, 1998. Alianza Editorial sacó a la luz un libro de Jorge Luis Borges denominado “biblioteca personal”.Tuve ocasión de poseerlo gracias a Sebastián Fiorilli, quien me lo regaló en el más reciente 2005. En él, el autor hace una brevísima reseña de lo que, a su entender, han sido las mejores obras literarias que han pasado por sus manos y su lectura. Sin embargo, supe luego, este libro no era más que un resumen de un proyecto aún mayor. Jorge Luis Borges, con la colaboración de María Kodama, llevaron a cabo una recopilación de las obras recomendadas por el primero. Dicha colección fue publicada en Argentina. Dentro de mi humilde búsqueda del conocimiento, he ido haciendo acopio de varias de estar obras, con la intención de conseguirlas todas. Mi intención es dar, en esta nueva categoría, mi opinión personal de cada una de ellas.

A continuación, les dejo con las palabras de Borges que preceden a su nombrado libro y que explican claramente cuales son sus propósitos con esta hazaña:

A lo largo del tiempo, nuestra memoria va formando una biblioteca dispar, hecha de libros, o de páginas, cuya lectura fue una dicha para nosotros y que nos gustaría compartir. Los textos de esa íntima biblioteca no son forzosamente famosos. La razón es clara. Los profesores, que son quienes dispensan la fama, se interesan menos en la belleza que en los vaivenes y en las fechas de la literatura y en el prolijo análisis de libros que se han escrito para ese análisis, no para el goce del lector.

La serie que prologo y que ya entreveo quiere dar ese goce. No elegiré los títulos en función de mis hábitos literarios, de una determinada tradición, de una determinada escuela, de tal país o de tal época. Que otros se jacten de los libros que les ha sido dado escribir; yo me jacto de aquellos que me fue dado leer, dije alguna vez. No sé si soy un buen escritor; creo ser un excelente lector o, en todo caso, un sensible y agradecido lector. Desdeo que esta biblioteca sea tan diversa como la no saciada curiosidad que me ha inducido, y sigue induciéndome, a la exploración de tantos lenguajes y de tantas literaturas. Sé que la novela no es menos artificial que la alegoría o la ópera, pero incluiré novelas porque también ellas entraron en mi vida. Esta serie de libros heterogéneos es, lo repito, una biblioteca de preferencias.

María Kodama y yo hemos errado por el globo de la tierra y del agua. Hemos llegado a Texas y al Japón, a Ginebra, a Tebas, y, ahora, para juntar los textos que fueron esenciales para nosotros, recorreremos las galerías y los palacios de la memoria, como San Agustín escribió.

Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el nombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica. La rosa es sin por qué, dijo Angelus Silesus; siglos después, Whistler declararía El arte sucede.

Ojalá seas el lector que este libro aguardaba.”

                                              J.L. Borges

Algunos de los libros recomendados por Borges son los siguientes:

 

Franz Kafka
América.

Franz Kafka
Relatos Breves

Gilbert Keith Chesterton
La Cruz Azul y otros cuentos

Maurice Maeterlinck
La intelegencia de las flores

Henrik Ibsen
Peer Gynt.

Henrik Ibsen
Hedda Gabler

Leopoldo Lugones
El imperio Jesuítico

André Gide
Los monederos falsos

Herbert George Wells
La máquina del tiempo.

Edward Kasner y J. Newman
Matemáticas e imaginación

Eugene O´neill
El Gran Dios Brown

Eugene O´neill
Extraño interludio

Eugene O´neill
El Luto le sienta a electra

Aiwara no Narihira
Cuento de lse

Herman Melville
Billy Budd

Giovanni Papini
Lo trágico cotidiano

Giovanni Papini
El piloto ciego

Giovanni Papini
Palabras y sangre

Arthur Machen
Los tres impostores

Fray Luis de León
Cantar de cantares

Fray Luis de León
Exposición del libro de Job

Joseph Conrad
El corazón de las tinieblas

Joseph Conrad
Con la soga al cuello

Oscar Wilde
Ensayos y diálogos

Henri Michaux
Un Bárbaro en Asia

Enoch A. Bennett
Enterrado en vida

Claudio Eliano
Historia de los animales

Thorstein Veblen
Teoría de la clase ociosa

Gustave Flaubert
Las tentaciones de San Antonio

Marco Polo
La descripción del mundo

Marcel Schwob
Vidas imaginarias

George Bernard Shaw
César y Cleopatra

George Bernard Shaw
La comandante Bárbara

George Bernard Shaw
Cándida

Francisco de Quevedo
La Fortuna con seso y la hora de todos

Francisco de Quevedo
Marco Bruto

Eden Phillpotts
Los rojos Redmayne

Sören Kierkegaard
Temor y temblor

Gustav Meyrink
El Golem

Henry James
La lección del maestro

Henry James
La vida privada

Henry James
La figura en la alfombra

Heródoto
Los nueve libros de la historia

Honore de Balzac
La comedia humana

Honore de Balzac
Apogeo y decadencia de Cesar Birotteau

Rudyard kipling
Relatos

William Beckford
Vathek

Jean Cocteau
El secreto profesional y otros textos

Ramón Gómez de la Serna
Prólogo a la obra de Silverio Lanza

Selección de Antoine Gallard
Las mil y una noches

Robert Louis Stevenson
Markheim

León Bloy
La salvación por los Judíos

León Bloy
La sangre del pobre

León Bloy
En las tinieblas

Bhagavad-Gita
Poema de Gilgamesh

Juan José Arreola
Cuentos Fantásticos

David Garnett
De dama a zorro

David Garnett
Un hombre en el zoológico

David Garnett
La vuelta del marinero

Jonathan Swift
Viajes de Gulliver

Paul Groussac
Crítica literaria

Manuel Mújica Láinez
Los ídolos

Juan Ruiz
Libro de Buen Amor

William Blake
Poesía completa

Hugh Walpole
En la plaza oscura

Ezequiel Martínez Estrada
Obra poética

Publio Virgilio Marón
La Eneida

J.W. Dunne
Un experimento con el tiempo

Attilio Momigliano
Ensayo sobre Orlando Furioso

William James
Las variedades de la experiencia religiosa

William James
Estudio sobre la naturaleza humana

Snorri Sturluson
Saga de Egil Skallagrimsson

Franz Kafka
” el buitre”

Franz Kafka
“prometeo”

Paul Auster
La música del azar

Graham Greene
El americano impasible

Leon Tolstoi
Anna Karenina

Marcel Proust
En busca del tiempo perdido

Kenzaburo Oé
La presa

Marguerite Yourcenar
Cuaderno de notas

Herman Melville
Moby dick

Daniel Defoe
Robinson Crusoe

Goethe
Werther

Pierre Choderlos de Laclos
Las relaciones peligrosas

Manuel Puig
La traición de Rita Hayworth

Manuel Puig
Boquitas pintadas

Edgar Allan Poe
Manuscrito hallado en una botella

Honore de Balzac
“La pensión del desierto” (relato)

Henry James
Otra vuelta de tuerca

John Fowles
La mujer del teniente francés

John Dos Passos
Manhattan Transfer

Italo Calvino
Seis propuestas para el próximo milenio

Heinrich Böll
Aventuras de un macuto

Gustave Flaubert
Un corazón sencillo

He hecho memoria, y creo que ya había puesto alguna opinión acerca de algún libro, así que por ese empaceré:

Benito Cereno de Herman Melville. En el siguiente post volveré a publicar esa crítica ya publibicada por aquí.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Santiago Tabarca.

Categorías: Biblioteca personal de JL Borges · Crítica literaria

“Los Borgia”. Mario Puzo

12, Abril 2007 · Deja un comentario

 

Algo parecido me sucedió, cuando entré en Los Borgia, a lo que me había pasado con el Nombre de la Rosa, solo que desde que acabé el libro, abrí la enciclopedia y me dí cuenta de que ya sabía infinitamente más sobre Cesar y Lucrecia Borgia que la somera descripción enciclopédica.

Desde la novela, Mario Puzo, me había explicado una parte de la historia del Vaticano y de lo que fueron los Estados Pontificios, de los excesos del Papa y los cardenales, incluso de la persona de Maquiavelo, a quien pude personificar, reforzando así el concepto que tenía de él de hombre frío, inteligente y falto de escrúpulos.

Realmete es una historia de la mafia. Posiblemente de la mayor y más influyente familia de mafiosos de la historia. Ello me mereció una reflexión. El Papa Borgia (el gran Don), aún siendo la cabeza visible de Cristo en la Tierra, y Señor (rey) de un reino como los Estados Pontificios, se ve obligado a salirse de un sistema cuyo máximo representante es él, en el cual no cree, para desarrollar su ley y su sistema de conductas paralelo. No cabe otra interpretación, creo entonces, que la de considerar al Papa Borgia como un enemigo de sí mismo, como Papa y como persona.

Sin embargo, pocas son las ocasiones en que se plantea este necesario conflicto. Son pocas, digo, pero suficientes. Después de la muerte de Juan, el Papa propone una reforma de la Iglesia de la que luego desiste: los intereses personales cobran importancia en detrimento de los de su pueblo, sus fieles y su religión. Pero, lejos de suponerle todo esto un trauma psicológico o existencial, asume los acontecimientos con descarada aceptación y consumado triunfo.

Por otra parte, siento cierta identidad con Cesar. Él tenía un problema real y un serio conflicto psicológico importante. El guerrero se veía obligado a orar. Más tarde, cuando cuelga los hábitos y se dedica a las armas, parece obtener la felicidad que siempre anheló. Algún día he de dejar de lado todo lo que me separe de mi camino (reflexiono ahora a raiz de todo ello) y dedicaré mi vida de lleno a mis armas: la literatura y la lucha social.

En cuanto al estilo, solo surge una palabra de mis labios, y con ella concluyo: Magistral.

(Tirajana, 6 de agosto de 2005)

 

Un abrazote, compañeros,

Santiago Tabarca.

Categorías: Crítica literaria
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Anoche estuve en la recepción de otro cayuco.

8, Abril 2007 · 9 comentarios

 

 

Queridos amigos,

Si alguno de ustedes pasó anoche por el Cuba Libro y lo vió cerrado, este fue el motivo. Recibí el mensaje del CCA sobre las 10.30 de la noche y salí para el puerto de Arguineguin. El dispositivo estaba ya montado cuando llegué, pero el cayuco estaba aún en altar mar. Entró en el muelle a la 1:15 de la madrugada.

 

 Era una barcaza de madera enorme. Quizá podría llegar a los 25 metros de eslora. Al principio me costó verla entre los brazos densos de la noche fría. Divisé primero las pinturas que la decoraban y que se presentaron como un Neptuno salido de las aguas del puerto. Miré donde debía, justo entre la patrullera de la Guardia Civil y la de Salvamento Marítimo. Dentro, había medio centenar de sombras que apenas se movía. 

 

 

Tan solo tres de los nuevos canarios, que estaban en la proa, se manejaban como marineros experimentados, lanzándole los cabos a los guardias para atracar donde debían. Hicimos una cola de voluntarios y fuimos recogiendolos de uno en uno hasta llevarlos a un lugar guarecido donde los ibamos sentando. Cuando hubo quedado vacío el cayuco, desapareció como llevado por una mano invisible. No lo volví a ver.

 Después de que fueran desnudados y vestidos con los chándales de la Cruz Roja, y habiendo recibido una bolsa con comida y un te caliente, iban pasando a una pequeña explanada entre las carpas donde Gustavo, Marcos y yo les ibamos haciendo las fichas médicas. Me senté con ellos en el suelo, nos reímos juntos, les pregunté de donde venían: “Mali, Burkina Faso, Libia, Senegal”. Al principio parecían asustados, luego ya tuvimos una conversación más distendida por señas (la mayoría hablaba francés y tengo que aprenderlo).

Hubo uno de ellos que, mientras le miraba las heridas que traía cubiertas con una gasa sucia e incrustada, me ofreció el paquete de galletas que le habíamos dado. En su mirada solo había generosidad y agradecimiento. Como es lógico, decliné el ofrecimiento con una sonrisa, pero ya el me había dado algo mucho más importante: el recuerdo de su mirada amable. 

Eran exactamente 57 inmigrantes. Todos estaban bien de salud. Se marcharon en la guagua de la Guardia Civil. No los volveré a ver, supongo.

 La Guardia Civil estuvo impecable e incluso fue muy humana con los recién llegados. Dispensaron un trato exquisito y sería injusto no mencionarlo.

Queridos compañeros, el mundo es amplio y la verdad relativa. En la noche, aún hay sombras que sufren huyendo de una muerte anunciada.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Santiago Tabarca.

Para más información sobre la noticia entren en este link: El limpia farolas . Es el autor de las fotos. Muchas gracias Sergio por inmortalizar este momento.

Categorías: Biblioteca personal de JL Borges

“El nombre de la Rosa” Umberto Eco

5, Abril 2007 · 6 comentarios

 

Me acerqué a “El nombre de la rosa” conociéndo de ella tan solo el nombre. Me ha bastado una lectura para entender que es un libro de referencia al que se debe volver asíduamente. Umberto Eco demuestra su valía como escritor, ya que realmente convierte una novela en un hecho cosmológico.

Lejos de ser una obra que a todos deje indiferente, este libro rezuma largas horas de estudio y trabajo en cada una de sus hojas. El mundo que presenta – por otro lado, cerrado en sí mismo perfectamente – es, a la vez, todo ficción y realidad. Gracias a él he conocido a los Fraticelli hasta el punto de entenderlos, de identificarme con ellos, haciendo míos tanto su amor por la pobreza, como su crítica a la Iglesia. Y, sin embargo, el argumento es ficción pura.

Como Umberto Eco explica: “solo quería quemar una abadía y ese fue el germen, la chispa que dio vida al Nombre de la rosa”. Mientras lo leía, las ideas se me confundían como las hebras de una cuerda deshilachada. No hice más que tirar de ella y, de a poco, fui viendo el cuerpo del cabo que se iba ordenando hasta trenzarse magistralmente.

Luego ya, el estudio científico que hace el autor al final de la obra (en la edición que leí), lo sentí como un guiño de invitación a volver a escribir novelas yo mismo. Mucho es lo que obtengo de este libro, pero más aún lo que aprendo de las enseñanzas de Umberco Eco. Después de leerlo he empezado a trabajar en un proyecto, algo tendrán las palabras de Eco, entonces, que me invitan a seguirle los pasos, y esto solo puede llamarse de una forma: maestría.

El estilo es muy elegante, clásico pero aireado y fresco. Se lee sin ninguna dificultad (exceptuando la primera parte plagada de cultismos y latinismos). Veo influencias de Dante Alighieri en los resúmenes previos de cada capítulo – sin duda se debe más a una imitación del estilo propio de aquel tiempo que a un recurso exclusicamente Dantesco -.

Sin embargo, he encontrado excesivo el capítulo del sueño de Adso de Melk. Creo que la obra, en él, pierde su ritmo habitual y llega a hacerse incluso desesperante. Su lenguaje apocalípto y caótico puede causar en el lector el efecto de dar un humilde salto al siguiente capítulo.

Todo lector que se precie, sugiero, debería leer esta obra de arte.

                      (Tirajana, 6 de agosto de 2005)

Un fuerte abrazo, compañeros.

 

Santiago Tabarca.

Categorías: Crítica literaria
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Hay cosas que se me antojan imposibles.(desaparecidos en Gran Canaria)

5, Abril 2007 · 1 comentario

 

 

¿Cómo es posible que la isla se los trague? ¿Habrá algún amigo mañana entre estas caras? La seguridad es una entelequia.

Un abrazo, compañeros.

Santiago Tabarca.

Categorías: Opinión · Otros

“El perfume” Patrick Süskind

4, Abril 2007 · 3 comentarios

 

La innata obsesión del hombre por un absoluto le puede llevar a descubrirse así mismo, y a destruirse.

Grenoille es una artista. ¿Qué diferencia hay entre él, siendo un perfumista excepcional, y el poeta del cuento de Borges?. Ninguna. Encuentro una misma obsesión entre ambos: el arte en estado puro, en el cual – y solamente en él – la humanidad se rinde, se deja embriagar del mensaje que transmite, sucumbe a su merced y se transforma. Es ahí donde el arte ve y repira su verdadero sentido: en la transformación del hombre, en la revolución. La crisis de lo falsamente objetivo en una sola expresión, la libertad que se ofrece tras la manipulación que el arte puro ejerce sobre el hombre.

No hay contrasentido en lo que digo: Libertad surgida de la manipulación. Todo lo contrario; el hombre – que ya vive manipulado por un medio que le es hostil – se deja seducir por el arte – como espejo hacia sí mismo - y así se descubre en sus miedos, sus anhelos, su propias emociones y sus energías desapercibidas.

En esta línea, al final de la novela, el pueblo entero, hechizado por el Perfume o la Esencia definitiva, se acepta en sus propios vicios, tentaciones, temores y deseos. Unos lloran, otros sienten una ternura atroz, otros (los más) fornican. A esta manupulación me refiero, cada cual recibe el aroma según él mismo. Quienes lloran se sienten culpables por la crueldad del sistema, los tiernos ahora quizá fueran malévolos ciudadanos cegados por la ira antes, los fornicadores, amantes reprimidos.

El arte puro, entonces, se presenta aquí como un acceso a la duda, a la esencia perdida del hombre/mujer, a la libertad impune, en definitiva, a la utopía.

No he visto la película aún. Sin embargo, recomiendo esta novela tan conocida.

                                   (Tirajana, 6 de agosto de 2005)

 

Un fuerte abrazo,

Santiago Tabarca.

Categorías: Crítica literaria
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