Web personal de Narwhal Tabarca
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” Benito Cereno sigue suscitando polémicas. Hay quien lo juzga la obra maestra de Melville y una de las obras maestras de la literatura. Hay quien lo considera un error o una serie de errores. Hay quien ha sugerido que Herman Melville se propuso la escritura de un texto deliberadamente inexplicable que fuera un símbolo cabal de este mundo también inexplicable”
JORGE LUIS BORGES. Biblioteca Personal.
A la hora de opinar acerca de esta obra, a todas luces rara dentro de la bibliografía de Melville, creo que es imprescindible hacer un pequeño parón en la oscuridad que inspira. En efecto, cuando se abre el libro y se comienzan a leer las primeras páginas, parece que la noche que viste de negro el paisaje que nos acecha desde la ventana es un artificio, y que la verdadera oscuridad nocturna se aloja toda dentro de las hojas en que nos adentramos. Melville recrea una historia aparentemente inverosímil, llena de dudas y de lagunas en la lógica de cualquier lector, pero desde la oscuridad de un barco, varado sobre las olas del mar, o bajo la noche desde sus camarotes misteriosos. No en vano Borges me la recomendó a través de su libro del que saco la cita que antecede a este texto. Una ficción de aparente inverosimilitud, fantasmagórica sin la menor mención a lo sobrenatural, y, al mismo tiempo, intrigante pero de dudosa sospecha. A lo largo de su lectura, es posible llegar a desconfiar de la humanidad, de uno mismo o incluso del propio libro que tiene entre las manos. Por momentos un atisbo de lucidez parece querer alojarse en el entendimiento, sin embargo, en el instante siguiente uno puede llegar a sentirse vulnerable e indefenso por haber bajado la guardia tan solo unos segundos.
Realmente la historia que se cuenta no tiene mayor trascendencia. Como es de esperar en Herman Melville, el mar tiene gran parte de protagonismo. Pero en este caso la gran ballena blanca se viste de otra guisa, para que intentemos descubrir cuánto en ella es traje de carnavales y cuánto es verdadera carne. Evidentemente no hay ballenas en Benito Cereno, pero desde el comienzo de este apunte decidí no hacer excesiva referencia a la trama, para no agüarle la fiesta a quien se asome a los bordes de este barco. Por eso, vengo obligado a usar metáforas y perífrasis, quizá con el ilusorio intento de recrear en parte el magnifico ambiente que crea el autor, aunque sea imposible hacerlo aquí.
Sea como fuere, estoy satisfecho de haberla leído. Podría asegurar, y aprovecho estas líneas para hacerlo, que es de aquellas novelas que leemos una vez en la vida, pero que luego, seguimos respirando su aliento ya para siempre. Si algo puedo hacer después de volver a tierra, es recomendarla.
Un fuerte abrazo.
Santiago Tabarca.
Estimados compañeros,
allá por el año, hoy ya lejano, 1998. Alianza Editorial sacó a la luz un libro de Jorge Luis Borges denominado “biblioteca personal”.Tuve ocasión de poseerlo gracias a Sebastián Fiorilli, quien me lo regaló en el más reciente 2005. En él, el autor hace una brevísima reseña de lo que, a su entender, han sido las mejores obras literarias que han pasado por sus manos y su lectura. Sin embargo, supe luego, este libro no era más que un resumen de un proyecto aún mayor. Jorge Luis Borges, con la colaboración de María Kodama, llevaron a cabo una recopilación de las obras recomendadas por el primero. Dicha colección fue publicada en Argentina. Dentro de mi humilde búsqueda del conocimiento, he ido haciendo acopio de varias de estar obras, con la intención de conseguirlas todas. Mi intención es dar, en esta nueva categoría, mi opinión personal de cada una de ellas.
A continuación, les dejo con las palabras de Borges que preceden a su nombrado libro y que explican claramente cuales son sus propósitos con esta hazaña:
A lo largo del tiempo, nuestra memoria va formando una biblioteca dispar, hecha de libros, o de páginas, cuya lectura fue una dicha para nosotros y que nos gustaría compartir. Los textos de esa íntima biblioteca no son forzosamente famosos. La razón es clara. Los profesores, que son quienes dispensan la fama, se interesan menos en la belleza que en los vaivenes y en las fechas de la literatura y en el prolijo análisis de libros que se han escrito para ese análisis, no para el goce del lector.
La serie que prologo y que ya entreveo quiere dar ese goce. No elegiré los títulos en función de mis hábitos literarios, de una determinada tradición, de una determinada escuela, de tal país o de tal época. Que otros se jacten de los libros que les ha sido dado escribir; yo me jacto de aquellos que me fue dado leer, dije alguna vez. No sé si soy un buen escritor; creo ser un excelente lector o, en todo caso, un sensible y agradecido lector. Desdeo que esta biblioteca sea tan diversa como la no saciada curiosidad que me ha inducido, y sigue induciéndome, a la exploración de tantos lenguajes y de tantas literaturas. Sé que la novela no es menos artificial que la alegoría o la ópera, pero incluiré novelas porque también ellas entraron en mi vida. Esta serie de libros heterogéneos es, lo repito, una biblioteca de preferencias.
María Kodama y yo hemos errado por el globo de la tierra y del agua. Hemos llegado a Texas y al Japón, a Ginebra, a Tebas, y, ahora, para juntar los textos que fueron esenciales para nosotros, recorreremos las galerías y los palacios de la memoria, como San Agustín escribió.
Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el nombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica. La rosa es sin por qué, dijo Angelus Silesus; siglos después, Whistler declararía El arte sucede.
Ojalá seas el lector que este libro aguardaba.”
J.L. Borges
Algunos de los libros recomendados por Borges son los siguientes:
Franz Kafka
América.
Franz Kafka
Relatos Breves
Gilbert Keith Chesterton
La Cruz Azul y otros cuentos
Maurice Maeterlinck
La intelegencia de las flores
Henrik Ibsen
Peer Gynt.
Henrik Ibsen
Hedda Gabler
Leopoldo Lugones
El imperio Jesuítico
André Gide
Los monederos falsos
Herbert George Wells
La máquina del tiempo.
Edward Kasner y J. Newman
Matemáticas e imaginación
Eugene O´neill
El Gran Dios Brown
Eugene O´neill
Extraño interludio
Eugene O´neill
El Luto le sienta a electra
Aiwara no Narihira
Cuento de lse
Herman Melville
Billy Budd
Giovanni Papini
Lo trágico cotidiano
Giovanni Papini
El piloto ciego
Giovanni Papini
Palabras y sangre
Arthur Machen
Los tres impostores
Fray Luis de León
Cantar de cantares
Fray Luis de León
Exposición del libro de Job
Joseph Conrad
El corazón de las tinieblas
Joseph Conrad
Con la soga al cuello
Oscar Wilde
Ensayos y diálogos
Henri Michaux
Un Bárbaro en Asia
Enoch A. Bennett
Enterrado en vida
Claudio Eliano
Historia de los animales
Thorstein Veblen
Teoría de la clase ociosa
Gustave Flaubert
Las tentaciones de San Antonio
Marco Polo
La descripción del mundo
Marcel Schwob
Vidas imaginarias
George Bernard Shaw
César y Cleopatra
George Bernard Shaw
La comandante Bárbara
George Bernard Shaw
Cándida
Francisco de Quevedo
La Fortuna con seso y la hora de todos
Francisco de Quevedo
Marco Bruto
Eden Phillpotts
Los rojos Redmayne
Sören Kierkegaard
Temor y temblor
Gustav Meyrink
El Golem
Henry James
La lección del maestro
Henry James
La vida privada
Henry James
La figura en la alfombra
Heródoto
Los nueve libros de la historia
Honore de Balzac
La comedia humana
Honore de Balzac
Apogeo y decadencia de Cesar Birotteau
Rudyard kipling
Relatos
William Beckford
Vathek
Jean Cocteau
El secreto profesional y otros textos
Ramón Gómez de la Serna
Prólogo a la obra de Silverio Lanza
Selección de Antoine Gallard
Las mil y una noches
Robert Louis Stevenson
Markheim
León Bloy
La salvación por los Judíos
León Bloy
La sangre del pobre
León Bloy
En las tinieblas
Bhagavad-Gita
Poema de Gilgamesh
Juan José Arreola
Cuentos Fantásticos
David Garnett
De dama a zorro
David Garnett
Un hombre en el zoológico
David Garnett
La vuelta del marinero
Jonathan Swift
Viajes de Gulliver
Paul Groussac
Crítica literaria
Manuel Mújica Láinez
Los ídolos
Juan Ruiz
Libro de Buen Amor
William Blake
Poesía completa
Hugh Walpole
En la plaza oscura
Ezequiel Martínez Estrada
Obra poética
Publio Virgilio Marón
La Eneida
J.W. Dunne
Un experimento con el tiempo
Attilio Momigliano
Ensayo sobre Orlando Furioso
William James
Las variedades de la experiencia religiosa
William James
Estudio sobre la naturaleza humana
Snorri Sturluson
Saga de Egil Skallagrimsson
Franz Kafka
” el buitre”
Franz Kafka
“prometeo”
Paul Auster
La música del azar
Graham Greene
El americano impasible
Leon Tolstoi
Anna Karenina
Marcel Proust
En busca del tiempo perdido
Kenzaburo Oé
La presa
Marguerite Yourcenar
Cuaderno de notas
Herman Melville
Moby dick
Daniel Defoe
Robinson Crusoe
Goethe
Werther
Pierre Choderlos de Laclos
Las relaciones peligrosas
Manuel Puig
La traición de Rita Hayworth
Manuel Puig
Boquitas pintadas
Edgar Allan Poe
Manuscrito hallado en una botella
Honore de Balzac
“La pensión del desierto” (relato)
Henry James
Otra vuelta de tuerca
John Fowles
La mujer del teniente francés
John Dos Passos
Manhattan Transfer
Italo Calvino
Seis propuestas para el próximo milenio
Heinrich Böll
Aventuras de un macuto
Gustave Flaubert
Un corazón sencillo
He hecho memoria, y creo que ya había puesto alguna opinión acerca de algún libro, así que por ese empaceré:
Benito Cereno de Herman Melville. En el siguiente post volveré a publicar esa crítica ya publibicada por aquí.
Reciban mi abrazo y mi sonrisa.
Santiago Tabarca.
Algo parecido me sucedió, cuando entré en Los Borgia, a lo que me había pasado con el Nombre de la Rosa, solo que desde que acabé el libro, abrí la enciclopedia y me dí cuenta de que ya sabía infinitamente más sobre Cesar y Lucrecia Borgia que la somera descripción enciclopédica.
Desde la novela, Mario Puzo, me había explicado una parte de la historia del Vaticano y de lo que fueron los Estados Pontificios, de los excesos del Papa y los cardenales, incluso de la persona de Maquiavelo, a quien pude personificar, reforzando así el concepto que tenía de él de hombre frío, inteligente y falto de escrúpulos.
Realmete es una historia de la mafia. Posiblemente de la mayor y más influyente familia de mafiosos de la historia. Ello me mereció una reflexión. El Papa Borgia (el gran Don), aún siendo la cabeza visible de Cristo en la Tierra, y Señor (rey) de un reino como los Estados Pontificios, se ve obligado a salirse de un sistema cuyo máximo representante es él, en el cual no cree, para desarrollar su ley y su sistema de conductas paralelo. No cabe otra interpretación, creo entonces, que la de considerar al Papa Borgia como un enemigo de sí mismo, como Papa y como persona.
Sin embargo, pocas son las ocasiones en que se plantea este necesario conflicto. Son pocas, digo, pero suficientes. Después de la muerte de Juan, el Papa propone una reforma de la Iglesia de la que luego desiste: los intereses personales cobran importancia en detrimento de los de su pueblo, sus fieles y su religión. Pero, lejos de suponerle todo esto un trauma psicológico o existencial, asume los acontecimientos con descarada aceptación y consumado triunfo.
Por otra parte, siento cierta identidad con Cesar. Él tenía un problema real y un serio conflicto psicológico importante. El guerrero se veía obligado a orar. Más tarde, cuando cuelga los hábitos y se dedica a las armas, parece obtener la felicidad que siempre anheló. Algún día he de dejar de lado todo lo que me separe de mi camino (reflexiono ahora a raiz de todo ello) y dedicaré mi vida de lleno a mis armas: la literatura y la lucha social.
En cuanto al estilo, solo surge una palabra de mis labios, y con ella concluyo: Magistral.
(Tirajana, 6 de agosto de 2005)
Un abrazote, compañeros,
Santiago Tabarca.