Web personal de Narwhal Tabarca

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Gomera, la magia de una isla.

22, diciembre 2007 — 1 comentario

Queridos amigos,

Esta semana he estado de viaje. Tenerife, el Hierro y la Gomera fueron mis destinos. Y no quería dejar pasar esta ocasión sin hacerle un comentario a la isla redonda. Desde que desembarqué en la Gomera se apoderó de mí aquel silencio que solo nos roba el alma cuando la entrega al paisaje. Creo estar explicándome. Cuando Lorca vio el río de la Plata en Buenos Aires, cuentan que le embargó este mismo silencio. El paisaje casi selvático de las mejores épocas de las Islas Canarias, aquel que tanto imaginé cuando me sentaba a los pies de la Fortaleza de Ansite en mi querido barranco de Tirajana, el paisaje muerto que agonizaba en los relatos de los historiadores medievales sobre unas islas paradisíacas, plagadas de afluentes, de frondosos bosques de laurisilvas y palmerales, todo aquello que creí pasado se me mostró con un presente irremediable. Abrazada por la niebla, bañada por la pureza de un rocío fresco y agradable, recorrí parte del Garajonay. Había escuchado hablar mucho de este sítio pero nunca imaginé que se podrían seferrir a tamaña belleza. Una inexplicable explosión de olores y colores se me adentró en la piel. Todo cuanto alcanzaba mi vista era verde, marrón, blanquecino por las nubes que humedecían mis manos y mi espalda, y allá donde no alcanzaba la vista parecía más verde aún. La Pacha-Mama reposa en aquellos barrancos, largos y afilados como dedos de un pianista.  La vegetación mostraba un sutil e inmerecido respeto hacia el hombre, las carreteras estaban techadas por los brazos de los árboles que sudaban un goterío de cristales fríos sobre su piel de asfalto y laja.

Dicen que las sirenas encantaban a los hombres con sus cantos hasta volverles locos. Algo de ellas dejó Hércules cuando fue a buscar las manzanas de oro en este indescriptible jardín de las Hespérides. Aún resuenan sus cantos en mi mente, me reclaman que vuelva para mi perdición y la suya. La Gomera, la isla de la belleza salvaje y cariñosa me hizo prometerle mi regreso. Cumpliré mi palabra.

Un abrazo, una sonrisa,

Narwhal Tabarca

No hay tregua cuando al futuro se refiere.

22, diciembre 2007

No la hay. Nos sentamos en un balcón mojado por la lluvia, miramos al infinito de las nubes que aún guardan huracanes en sus vientres, mientras bebemos un café caliente, o una cerveza fría, y comienzan las preguntas. Esta inactividad, la dependencia de elementos ajenos a mí, es agobiante, pienso. No querer comprender lo que sucede o quizá tener la piel entumecida de tanto cerebro, verbo, rostros, luces. Las noticias son escasas cuando llegan a mis oídos hambrientos y solo puedo esperar. Otro café, otra cerveza. Le doy mil vueltas a la palabra preocupación, sin saber que es ese el motivo de que mis abdominales no quieran relajarse, como si estuvieran protegiendo mis vísceras contra cualquier noticia ajena a mis expectativas, y de tanto analizarla descubro alguna cosa. Preocupación, pe erre e o ce u pe a ce i o ene, Pre-o-cu-pa-ción, incertidumbre supongo y creo no equivocarme, espera, cruce de brazos sin tráfico ni señales ni semáforos. Pre-ocupación, me sigo repitiendo y comienzo a comerme algunas sílabas: preocupa, preocución, preopación, precupación, ocupación. ¡Ocupación! ¡Ocupación!, grito entonces como aquel que descubrió la clave de un misterio. Ocupación me repito, me siento al borde del balcón olvidando el café caliente o la cerveza fría, olvidando ahora el infinito de las nubes cargadas de huracanes, Ocupación, y siento una tranquilidad que me alivia la roca en que se había convertido mi vientre en actitud de escudo.

Perdón si no lo entienden, dentro de muy poco comenzaré a usar un lenguaje más social. De momento, gracias por leerme.

Un fuerte abrazo.

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