Web personal de Narwhal Tabarca
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No la hay. Nos sentamos en un balcón mojado por la lluvia, miramos al infinito de las nubes que aún guardan huracanes en sus vientres, mientras bebemos un café caliente, o una cerveza fría, y comienzan las preguntas. Esta inactividad, la dependencia de elementos ajenos a mí, es agobiante, pienso. No querer comprender lo que sucede o quizá tener la piel entumecida de tanto cerebro, verbo, rostros, luces. Las noticias son escasas cuando llegan a mis oídos hambrientos y solo puedo esperar. Otro café, otra cerveza. Le doy mil vueltas a la palabra preocupación, sin saber que es ese el motivo de que mis abdominales no quieran relajarse, como si estuvieran protegiendo mis vísceras contra cualquier noticia ajena a mis expectativas, y de tanto analizarla descubro alguna cosa. Preocupación, pe erre e o ce u pe a ce i o ene, Pre-o-cu-pa-ción, incertidumbre supongo y creo no equivocarme, espera, cruce de brazos sin tráfico ni señales ni semáforos. Pre-ocupación, me sigo repitiendo y comienzo a comerme algunas sílabas: preocupa, preocución, preopación, precupación, ocupación. ¡Ocupación! ¡Ocupación!, grito entonces como aquel que descubrió la clave de un misterio. Ocupación me repito, me siento al borde del balcón olvidando el café caliente o la cerveza fría, olvidando ahora el infinito de las nubes cargadas de huracanes, Ocupación, y siento una tranquilidad que me alivia la roca en que se había convertido mi vientre en actitud de escudo.
Perdón si no lo entienden, dentro de muy poco comenzaré a usar un lenguaje más social. De momento, gracias por leerme.
Un fuerte abrazo.
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