Robert Louis Stevenson. Las nuevas noches árabes.

Dice Borges:

Noches pasadas, me detuvo un desconocido en la calle Maipú. 

- Borges, quiero agradecerle una cosa - me dijo. Le pregunté qué era y me contestó:

- Usted me ha hecho conocer a Stevenson.

Me sentí justificado y feliz. Estoy seguro de que el lector de este volumen compartirá esa gratitud. Como el Montaigne o el Sir Thomas Browne, el descubrimient de Stevenson es una de las perdurables felicidades que puede deparar la literatura.

Robert Louis Stevenson nació en Edimburgo a principios de 1850. Sus padres fueron ingenieros contructores de faros; una línea famosa rememora las torras que fundaron y las lámparas que encendieron. Su vida fue dura y valerosa. Guardó hasta el fin, como él escribió de un amigo suyo, la voluntad de sonreír. La tuberculosis lo llevó de Inglaterra al Mediterráneo, del Mediterráneo a California, de California, definitivamente, a Samoa, en el otro hemisferio. Murió en 1894. Los nativos lo llamaban Tusitala, el narrador de cuentos; Stevenson abordó todos los géneros, incluso la plegaria, la fábula y la poesía, pero la posteridad prefiere recordarlo como narrador. Abjuró del calvinismo pero creía, como los hindúes, que el universo está regido por una ley moral y que un rufián, un tigre o una hormiga saben que hay cosas que no deben hacer.

Andrew Lang celebró en 1891 “las aventuras del príncipe Floristán en un Londres de cuento de hadas”. Ese Londres fantástico, el de los dos relatos iniciales de nuestro libro,  fue soñado por Stevenson en 1882. En la primera década de este siglo lo exploraría, venturosamente para nosotros, el Padre Brown. El estilo de Chesterton es barroco; el de Stevenson, irónico y clásico.

El alter ego, que los espejos del cristal y del agua han sugerido a las generaciones, preocupó siempre a Stevenson. Cuatro variaciones de ese tema están en su obra. La primera, en la hoy olvidada comedia Deacon Brodie, que escribió en colaboración con W. E. Henley y cuyo héroe es un ebanista que es también un ladrón. La segunda, en el relato alegórico Markheim, cuyo fin es imprevisible y fatal. La tercera, en El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde, cuyo argumento le fue dado por una pesadilla. Esa historia ha sido llevada más de una vez al cinematógrafo; los directores invariablemente encargan a un solo actor el papel de ambos personajes, lo que destruye la sorpresa del fin. La cuarta, la balada Tikonderoga, donde el doble, el fetch, viene a buscar a su hombre, un highlander, para encaminarlo a la muerte.

Robert Louis Stevenson es uno de los autores más escrupulosos, más inventivos y más apasionados de la literatura. André Gide ha escrito de Stevenson: “Si la vida lo embriaga, es como un ligero champagne”.

J. L. BORGES

BIBLIOTECA PERSONAL

Por lo que veo, hablar de Stevenson es como hablar de una isla abrupta y llena de recovecos y sorpresas. Quizá como las que él mismo ingenia, con barrizales ponzoñosos perdidos en medio del Caribe. Borges habla de él en su biblioteca personal y, sorpresivamente, no hace apenas alusión a la obra que recomienda. No le juzgo, yo entré en Stevenson, como ese amigo suyo que le asaltó por la calle, es decir, gracias a su recomendación, y, sin embargo, descubrí una obra que ni tan siquiera nombra en esta crítica: El dinamitero. En “Las nuevas noches árabes” puede viajar a lugares de oriente perdidos dentro de los brillos del diamante del Rajá, objeto mágico, en sentido literario, en torno al cual se desarrolla toda la trama. Pero ello no obstó a que, una vez la hube terminada, no siguiera acompañado de sus mismos personajes hasta el final de “El dinamitero”. Entonces llegué hasta Cuba, y las Antillas, y el Vudú, los rituales, los sacrificios, la esclavitud…

Stevenson ha clavado mis ojos en sus letras, no en vano en la contraportada del libro leo En 1882 Stevenson reúne estos primeros cuentos en un volumen titulado “Las nuevas noches árabes”. Su caracter fragmentario no impide que la obra pueda leerse como una novela, pues las historias se entrelazan, al estilo de Las Mil y Una Noches, bajo un denominador común: la aventura de la supervivencia en un medio hostil. Entre estos relatos se encuentran El Club de los Suicidas, El diamante del Rajá, y el Pabellón de los Links -cima del genio narrativo de Stevenson, según Conan Doyle, quien lo consideraba “el mejor cuento del mundo”.  La presente edición incorpora la novela El Dinamitero (1885), sobre los atentados cometidos en 1884 en Londres por militantes independentistas irlandeses, por cuanto enlaza con los demás relatos a través del personaje común del Príncipe Florizel.

Efectivamente, cada uno de los cuentos de Las Nuevas Noches Árabes, brilla por su originalidad y su trama. Un club clandestino de personas que quieren acabar con sus vidas, y que no encuentran el coraje necesario para hacerlo, un niño pobre que, por azar del destino, se ve conversando con un aristócrata acerca de la honradez y las necesidades básicas del hombre, otro joven noble que huye despavorido de quien le sigue para acabar en una casa, cuya puerta tiene manecilla solo en su cara exterior, y acaba envuelto en una cuestión de honor so pena de muerte.

Sé que todo parece una ensalada. Pero les aseguro, queridos amigos, que jamás he tenido tan buena digestión después de tanta variedad aliñada con una salsa común: la de la intriga, el misterio, la imaginación, el viaje y, ni que decir tiene, la buena literatura. Una serie de obras para quien desee conocer al Stevenson que trasciende de su obra más conocida: El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Reciban mi abrazo, mi sonrisa, y mis deseos de que tengan buen provecho de este manjar.

Narwhal Tabarca.

Publicado en on 18, Octubre 2007 at 1:48 am Comentarios (0)

Nuevo cayuco con 94 inmigrantes en el sur de Gran Canaria.

Queridos amigos,

En el resumen que estoy haciendo de mi viaje a Senegal he hablado de un cayuco que salió mientras cenábamos en una playa de Cap-Skirrin. Hoy ha llegado. Estuvieron unos diez días en el mar, yo apenas estuve unas seis horas en el aire: dos aviones, Dakar-Madrid, y Madrid-Las Palmas. No sé cómo explicar esto sin caer en la sensiblería. Creo que lo mejor será repetirlo y que ustedes concluyan que quiero decir. Veamos, yo cogí dos aviones y llegué cansado en seis horas, y el tiempo que pasé en los aeropuertos me desesperó un poco. Estos chicos no tuvieron largas esperas de aeropuertos, sino interminables momentos de preparación (unos diez días, ocultos en alguna parte cercana a Cap-Skirrin), y luego, una vez se hubo llenado el cayuco, otros diez días de travesías en la inifinita extensión de un mar que a todos nos es desconocido y traicionero.

Debido a las características de la playa a la que llegaron (Bahía Feliz), estos nuevos buscadores de vida fueron trasladados a las dependencias de la Comisaría de Policía de Maspalomas, en donde los atendimos como de costumbre. Pero este cayuco será recordado por las demostraciones de solidaridad que tuvieron los trabajadores de los hoteles de esa playa. Yo no estaba allí, preparaba el dispositivo en los garajes de la comisaría, pero sí me sorprendió ver cómo los chicos llegaban con todo tipo de abrigo, incluso con edredones sobre los hombros. Las camareras de piso, al ver la llegada del cayuco, corrieron a la costa a socorrerlos. Según me comentaron los compañeros, muchas de ellas lo hacían entre lágrimas, distribuyendo edredones y mantas que habían sacado de los hoteles. Me quiero permitir la licencia de usar un calificativo para estas mujeres entregadas a la ayuda humanitaria expontánea, no puedo decir de ellas más que son auténticas heroínas de la generosidad.

Cuando comenzaron a llegar los inmigrantes a la comisaría, empezamos a atenderlos. Pero también hubo otro detalle que hacía de este cayuco un cayuco especial. No ya solo, como dije más arriba, por ser aquel que había salido de Cap-Skirrin mientras nosotros cenábamos a cincuenta metros, sino también porque es el primero que llega después de haber estado conviviendo con africanos en Senegal después de estos diez dias. Me parece extraño, pero esto me hizo sentirlos de una forma mucho más familiar y cercana. A los que eran de Senegal les decía los pueblos por los que había pasado y abrian los ojos, y reían. Les saludé como es costumbre en Senegal, chocan las manos en señal de afecto, y se quedaban extrañamente aliviados de ver cómo no todo era una novedad desbordante. En un momento hice un ejercicio de memoria. Los miré a todos en su conjunto, y recordé el lugar de donde venían. No sé que extraña sensación tuve, que me hizo querer abrazarlos a todos, desee haberlos conocido en Senegal la noche anterior a su partida, desee que fueran mis amigos, como lo fueron los que me acogieron en sus casas, y me dí cuenta, ahora sí, que esos inmigrantes y aquellos africanos que dejé en Senegal con lágrimas en los ojos al despedirme, eran las mismas personas. Quizá no los mismos individuos, pero sí una representación bastante fiel de aquellos con los que conviví allá.

Todo esto sucedía a las ocho de la mañana, y la intervención duró, si no recuerdo mal, hasta las 12, aproximádamente. Luego, paseo por la oficina de Cruz Roja para saludar a los compañeros, almuerzo con la jefi que es adorable (gracias Nally una y mil veces por tu gestión intachable), taller de fichas de la ERIE para dar una atención más eficaz a los recien llegados, y, cuando me iba a casa: anuncio de un nuevo cayuco al puerto de Arguineguín. Con bastante buen criterio, Nally decidió ir a dejar el material (los PMA), en el muelle de Arguineguín. Aún contábamos con una cuantas horas hasta la llegada estimada del cayuco a la isla. El resto de voluntarios se había ido a casa a ducharse y descansar un poco para estar frescos para esta nueva intervención, y Angelito, Nally y yo nos dirijimos a Arguineguín. Allí dejamos los PMA, de allí volvimos a partir para San Agustín (algunos contratiempos que no vienen al caso) y allí nos avisaron de que el cayuco se anulaba porque sería conducido a Tenerife.

Resumo, es casi la una de la mañana y acabo de llegar a casa, feliz y contrariado por la novedad de estos eventos que parecen tan cotidianos. Clara está en Madrid, pero esta noche no dormiré solo, sino con el rostro de los 94 inmigrantes que bien podrían ser mis amigos, o, por qué no, mis hermanos.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Narwhal Tabarca.

 

PD. Mañana sigo con el resumen del viaje a Senegal.

 

Publicado en on 20, Junio 2007 at 1:03 am Comentarios (2)

Patera con 25 saharauis en el Muelle de Arguineguín.

 

Vuelve a suceder, compañeros, como un péndulo en un viejo reloj de cuco, cuyo habitante sorprende a destiempo. Después de dos días en el mar, estos 25 inmigrantes que se identificaron como del Frente Polisario, llegaron sobre las 5 de las mañana al muelle de Arguineguín. Hay algo que no deja de sorprenderme. Es facil recordar (supongo que a ustedes les habrá pasado), cuando uno era niño o quizá no tan niño y a lomos de una pequeña zodiac ponía rumbo al horizonte desafiando al mar, sus misterios y sus sorpresas. Pronto le vencía el miedo y la incertidumbre, daba vuelta y, cuando había pensado que estaba realmente lejos de la tierra que pretendía abandonar, se daba cuenta que apenas le separaban de ella un escaso kilométro. Sin embargo, estos chicos y todos los que llegan a esta pretendida puerta de Europa, supieron afrontar los kilómetros, adentrándose en el océano de la misma forma que lo haría un minero en la profundidad de la tierra. Algo llevan en las venas que los conduce a tal temeridad. En las venas, o en la mente. Cuando la balanza que mantiene el miedo en uno de sus platillos y la supervivencia en el otro se decanta por el segundo, cae, igual que las pateras sobre las olas furiosas. Sólo eso puede explicar el viaje que emprenden hacia la libertad de la vida, o de la muerte. Entonces nada los detiene, como tampoco puede nada detener al ciervo que huye del bosque en llamas. Así, Canarias no deja de ser el inmenso oasis en que buscan cobijarse de una muerte que asumen segura en sus casas, donde abandonan a quienes aman.

La experiencia me enseña que, afortunadamente, los magrebíes llegan en mejores condiciones que sus correlatos subsaharianos. Menos días en el mar, menos enfrentamiento a las inclemencias del tiempo, menos jornadas de sol y de noches frías hacen esto posible. Podemos entonces, estar nosotros más relajados cuando los atendemos, sin olvidar, empero, que a estos como a aquellos también les invade la duda de un futuro incierto. Efectivamente estos tienen la suerte de llegar y los que no lo hacen solo entran a formar parte de las estadísticas que hipotetizan la muerte. Y no solo eso, cuando llegan (y para esto intentaré hacer un ejercicio de magnanimidad) son atendidos por Guardias Civiles y Policías Nacionales cargados de una humanidad y paciencia envidiables, y, claro está, de unas chicas y unos chicos vestidos de naranja y reflectantes que exhiben en su pecho una cruz roja de significado universal. Creo que si tú, que me lees ahora mismo, o yo, que te escribo, estuviéramos dentro de sus ropas frías y empapadas, agradeceríamos de igual manera los chándales, las galletas, el te caliente, la conversación y las sonrisas.

Estos 25 magrebíes llegaron en buen estado, salvo uno que adolecía de hipotermia. Pero no es necesario llegar a salvar a otro ser humano de una posible muerte para sentirse satisfecho. Nos sentimos bien siendo la caravana que alivia el sufrimiento, somos parte de esto, de la humanidad, al fin y al cabo, y es justamente y solo esto lo que nos entusiasma.

Como siempre, gracias compañeros de la ERIE, gracias compañeros Guardias Civiles y Policías Nacionales, de una forma o de otra hace un rato lo hemos vuelto a hacer.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Narwhal Tabarca. 

Publicado en on 27, Mayo 2007 at 8:25 am Comentarios (1)

Una Patera anoche con 16 magrebíes.(A propósito de Nally y los compañeros de la ERIE).

 

                                            (Foto: El limpia farolas)

Queridos amigos,

La noche ayer me hizo un guiño cómplice después de decirles que me inquietaba. César y yo estábamos en el Cuba Libro, proyectando los documentales. Habíamos pasado el día de entrevista en entrevista preparando el documental de los Cayucos. Eran las 10.30 de la noche y sonó Sabina en mi movil. Era Nally, avisándonos de una patera que llegaría al muelle de Arguineguín en pocos minutos.

Hago un alto, quiero hablarles de Nally.  Saber coordinar a un grupo de personas y saber hacerlo bien son dos cosas bien distintas. Nally, la coordinadora de la ERIE sabe hacer ambas cosas. Su pasión por la ayuda humanitaria, el cariño con que trata cuanto toca o está a su cargo, y su dedicación y entrega, no solo con los inmigrantes, sino con los voluntarios también, sobre terreno, hacen que no tenga más que buenas palabras para su gestión y su persona. Porque en ella se entrelazan la eficacia, la eficiencia, la diplomacia, y el buen hacer, en una trenza de facultades cuyos frutos sentimos todos muy adentro al final de cada servicio. Y es que la vocación de Nally se respira con solo verla cuando corre entre ambulancias, cuando da las directrices, cuando nos habla, cuando sonríe, cuando pide, cuando ofrece, al fin y al cabo, cuando dirige.

En otro post he hablado de mis compañeros de la ERIE, merecen más de un post y ya profundizaré en cada uno de ellos. Yo no soy absolutamente nada sin ellos, la colaboración y la buena disposición es un común denominador de todos ellos, sin embargo, la merecedora de los halagos por que todo salga bien, la que empaqueta el regalo y le pone los lazos, la que da la cara por nosotros, nos aguanta, nos protege y jamás deja de sonreirnos sea cual fuere la situación en la que estemos, la que sabe llamarnos la atención y alabar nuestro trabajo hecho, esa es nuestra Nally, la Nally de la Cruz Roja, la niña que dejé vestida de Cruz Roja en canarias cuando partí a Madrid a hacerme abogado, la misma que he encontrado ahora que volví ocho años después. Simplemente una persona dedicada a los demás como he visto a pocas. Con 29 años que tiene, y aún no ha aprendido el significado de la palabra egoísmo. Gracias Nally, por no practicarlo nunca.

Y ahora sigo con la patera. Llegar al muelle fue una odisea tremenda. Se me perdió el tiquet del parking, no estaba el cajero, llegó a los diez minutos y me cobró el  día entero (12€), salímos corriendo hacia el sur. Yo tenía que pasar por casa para vestirme, César, mientras tanto, iba preparando la cámara. Al cabo de una hora desde la llamada estábamos entrando en el muelle con esa desagradable sensación de las prisas descontroladas.

Los inmigrantes resultaron ser 16 magrebíes, uno de los cuales era el patrón de la patera. Al parecer se había estropeado el motor en alta mar y habían quedado a la deriva, en un viaje de 6 días. Afortunadamente estaban todos bien y terminamos muy rápido, tanto que nos fuimos con una sensación de insaciabilidad tremenda.

Tenemos la necesidad de ayudar a nuestros semejantes, mis compañeros y yo, todos nosotros: Ivonne, Jose Luis, Isidro, Eva, Marcos, Estela, Stefy, Erik, Noemí, Ayose, Gustavo, Ruben, Angelito (algún día le dedicaré un post entero aquí al amigo Ángel, es un hombre adorable, y un fanfarrón que parece que está todo el día cabreado, tiene un sentido del humor que me encanta). Y esa necesidad la noto, cada vez que nos miramos todos a los ojos. Ojalá fuera suficiente la palabra para explicar muchas cosas.

Queridos compañeros de la ERIE,

Reciban mi abrazo y mi admiración. Me siento feliz formando parte de ustedes, me siento feliz sabiendo que ustedes ya forman parte de mí.

Narwhal Tabarca.

Publicado en on 24, Mayo 2007 at 11:39 am Comentarios (2)

Me inquieta la noche.

 

Queridos amigos,

La calma sospechosa de la noche y su silencio, como de tronco mudo y hueco. La luna inexistente sobre mis manos y la nada. Tranquilidad amarga, cómplice de una vuelta de rosca a la intemperie, y nada más; me inquieta.

Me inquieta su mirada pronfunda, de horizonte lejano. De misterio, la noche, me acorrala ahora que se que esconde algo. Allá, en sus tripas, crujen las maderas y aquí, desde la costa, veo su vaivén hipnótico, su danza extraña sobre los puños de roca. La noche anónima y pasajera me inquieta, lo mismo que el recuerdo de lo que trajo a veces. Su indumentaria de muerte y frío, su indumentaria de fuga, temeridad de tinieblas como lecho de sombras.

Acaso una duda que me aterra. Decidió, hambrienta, engullir a los desertores de la miseria atroz, me pregunto. Y solo puedo responder con ese silencio suyo, que me contagia.

 

Un abrazo, compañeros,

Narwhal Tabarca.

Publicado en on 22, Mayo 2007 at 3:29 am Comentarios (3)

EL IMPERIO JESUÍTICO. Leopoldo Lugones.

 

Queridos amigos,

hace apenas diez minutos publiqué el post anterior sobre otra cita del Imperio Jesuítico de Leopoldo Lugones. No quiero romper la dinámica que he seguido en las críticas de los libros recomendados en la biblioteca personal de Borges, así que le paso la palabra y luego sigo con ustedes.

Cabe decir que el hecho capital de la vida de Alonso Quijano fue la lectura de los libros que lo indujeron a la singular decisión de ser don Quijote. De un modo análogo, el descubrimiento de un texto fue para Lugones algo no menos vívido que la cercanía del mar o de una mujer. Detrás de cada uno de sus libros hay una sombra tutelar. Detrás de “Los crepúsculos del jardín”, cuyo nombre ya es un poema, está la sombra de Albert Samain; detrás de “Las fuerzas extrañas”, la de Edgar Allan Poe; detrás del “Lunario sentimental”, la de Jules Laforge. Así es, pero sólo Lugones pude haber escrito estos libros, de fuentes tan diversas. Trasladar al rebelde castellano las cadencias del simbolismo no es poca hazaña. Homero, Dante, Hugo, Walt Whitman fueron esenciales para él.

Con “Rubén Darío y otros complices” (la frase es de Lugones) emprendió la máxima aventura de las letras hispánicas: el modernismo. Este gran movimiento renovó los temas, el vocabulario, los sentimientos y la métrica. Iniciado de este lado del mar, el modernismo cundió a España, donde inspiró a poetas quizá mayores, a Juan Ramón Jimenez y a los Machado.

Hombre de convicciones y de pasiones elementales, Lugones forjó un estilo complejo, que influyó benéficamente en López Velarde y en Ezequiel Martínez Estrada. Este exornado estilo solía no condecir con los temas. En “El payador” (1915), que inauguró el culto del Martín Fierro, hay una evidente desproporción de la llanura, que los hombres de letras llaman la “pampa”, y los intrincados períodos; no así en “El imperio jesuítico”. En 1903, el gobierno argentino le encargó la redacción de esta memoria, que es ahora este libro. Lugones pasó un año en el territorio donde la Compañía de Jesús ejecutó su extraño experimento de comunismo teocrático. En estas páginas hay una afinidad natural entre la exuberancia de su prosa y la de las regiones que nos revela.

Es interesante comparar este “ensayo historico” de Lugones con el trabajo análogo de Groussac sobre el padre José Guevara y su Historia del Paraguay. Lugones registra las leyendas milagrosas que pululan en los textos de los jesuitas; Groussac insinúa, al pasar, que una fuente probable de esa milagrería fue cierta bula que se refiere a la canonización con estas palabras precisas: “las virtudes no bastan sin los milagros”.

Leopoldo Lugones nació en la provincia mediterránea de Córdoba, en 1874, y se dio muerte en 1938, en una de las islas del Tigre.”

                            J.L. Borges, “Biblioteca Personal”

Realmente me parece pretencioso hacer una crítica sobre este libro, después de las palabras de Jorge Luis Borges. Indudablemente queda claro que Lugones fue el escritor más admirado por él (no lo digo yo, sino él en varios sitios). Pero mantendré la compostura y afrontaré el reto -aún sabiendo que media una insalvable distancia entre él y yo -.

Les puedo decir que esta obra de Leopoldo Lugones (la primera que leo), me ha dejado perplejo en muchos sentidos. Lugones demuestra con ella que sí se puede escribir sobre historia desde la objetividad y la verdad. Ciertamente, esta obra no es otra cosa que un estudio de investigación serio y riguroso acerca del imperio que los Jesuítas impusieron en el antíguo Paraguay o, lo que es lo mismo, las tierras guaraníes a la sazón.

Mientras lo fui leyendo, la mente se me iba, en ocasiones, a reflexiones que me llevaban a un estado de lucidez tremendo. Lástima que la memoria humana sea efímera para muchos de los buenos pensamientos, y que esta obra tenga tantas puertas hacia ese estado que, habiendo entrado en una, uno se siente llamado por la siguiente. El Imperio Jesuítico de Lugones es un estudio impresionante. Y digo bien. Las primeras 30 páginas resumen magistralmente la historia de sudamérica y España, desde el momento de la conquista del Nuevo Mundo, hasta el reinado de Carlos III. Y lo hace a una velocidad de espanto, pero con una claridad aplastante. Luego ya, entrados en materia, va narrando las vicisitudes de la historia del paso de los padres jesuítas por los territorios guaraníes.

Es cierto, y ahora entiendo porqué, los jesuítas impusieron un auténtico régimen comunista y, sin embargo teocrático en sus dominios. Todos los hombres eran iguales, pero iguales en la miseria. Ningún resquicio se dejaba al arbitrio del progreso individual, ya que todo el avance (si es que lo había) era de la colectividad. Los indíos pasaron así de un estado silvestre - no salvaje, aunque sí selvático- a otro de sumisión completa so pena de muerte. Los Jesuítas, por su parte, no comían de los platos que preparaban, y les asistían tremendos privilegios, que los definiría incluso como arios. Así, eran ellos quienes determinaban lo que debían estudiar todos y cada uno de los indios guaraníes, cómo debían de vestir (llevaban uniformes), donde debían vivir (todas las casas eran iguales, e, incluso, después del matrimonio - etapa que en todas las culturas del mundo supone un paso hacia la libertad individual - estaban sometidos a los designios y los caprichos de los padres jesuítas.

En cierta medida, Ernesto Guevara promulgaba en sus discursos algo parecido en cuanto a la necesidad de que las desiciones de cada individuo fueran tomadas por el gobierno de la revolución, en pos de una búsqueda de satisfacer los intereses de la colectividad. Incluso defiende que será el gobierno de la revolución quien determine qué carrera debe estudiar cada uno de sus súbditos. Recuerden el post que puse antes que este, la libertad se tiene como un engendro miserable e innecesario de la ley, y ahí comienza todo el error, según creo.

En esta línea, las posturas de los jesuítas y las de Ernesto Guevara (personaje admirado por quien escribe, aunque no por ello no analizado como a un igual), se parecen en exceso e, incluso, diría que se confunden y, lo que es peor, se identifican. No podemos pretender, bajo pretexto alguno, que la colectividad eclipse al individuo, máxime cuando la voz de dicha colectividad está en manos de uno o unos pocos. El riesgo que se corre, de ser así, no es otro que el de identificar a todo un pueblo, sus deseos, sus necesidades, con la figura de una sola persona, que dice ser el portavoz de toda la colectividad. Yo represento al pueblo, yo soy el pueblo, yo pienso como el pueblo, el pueblo piensa como yo, yo pienso por el pueblo. La desembocadura de todo ello es la dictadura, el autoritarismo, o, en el mejor de los casos, el despotismo ilustrado que practicó en España Carlos III.

No queridos amigos, el pueblo es el pueblo, los ideólogos son los ideólogos, los revolucionarios son los revolucionarios y cada uno en su habitáculo aporta una cosa buena a la sociedad. Así el individuo se beneficia de todo ello, y goza de la libertad como de un bien en sí mismo, no como una concesión de la ley a la que se debe estar agradecido. El eclecticismo en esto es dañino, lo dice la historia a gritos. Es natural y esto agiliza las desiciones y hace posible la buena marcha de una colectividad, que el pueblo elija a sus dirigentes, o, que como resultado de una dictadura previa, los revolucionarios tomen el poder en nombre del pueblo. Pero más importante es que la lucha revolucionaria por la colectividad acabe devolviéndole el poder al pueblo en todo caso, aunque dicha lucha haya supuesto un riesgo cierto para la vida propia. Porque debe ser el pueblo, y no quienes lucharon por él, quien determine su futuro y su presente. De no ser así, la lucha revolucionaria no habrá sido un acto de generosidad y respeto al pueblo, sino una toma de reserva de los mejores puestos en la sociedad por la que se lucha.

De momento no tenemos otro sistema que el democrático, y hace aguas por todas partes. Sin embargo, aúna estos dos aspectos fundamentales: la libertad personal y la satisfacción de los intereses de la colectividad.

Esto no significa que podemos dormirnos en los laureles. Este bienestar individual que gozamos en este sistema tiene un tributo demasiado cruel para otros paises del globo (no hace falta recordar los cayucos), y esto, por sí solo, hace que tampoco se pueda sostener el sistema democrático que hoy nos asiste y que, claramente, está reventando desde su base.

Quizá los jesuítas se aproximaron al comunismo pensando que sería la panacea del bienestar colectivo. Pero algo falló: la creencia en una verdad absoluta, esa gran torpeza de la iglesia que la ha convertido a lo largo de los siglos en la mayor aniquiladora de culturas y religiones, y la inexistencia de las garantías y de los derechos humanos, anacrónicos con aquella época. La misma creencia que tuvo el Che en sus discursos, no ya con la religión, pero sí con la verdad absoluta que para él y los suyos soponían sus ideas revolucionarias comunistas. Indudablemente, en toda colectividad hay un grado de homogeneidad y otro de heterogeneidad. La unidad de un pueblo está determinado por el primero, pero jamás se puede olvidar el segundo. El hombre, así tomado de uno en uno, es un amalgama de derechos y libertades nada desechable y legítimamente respetable. Luego, el grado de homogeneidad no debe buscarse a la fuerza, aniquilando a los disidentes; antes bien, hay que defenderlo desde una concepción más digna y realista.

Si tomaráramos a la humanidad entera como una colectividad en si misma, respetando sus costumbres y favoreciendo el mestizaje y el conocimiento mutuo posiblemente podríamos hablar más positivamente del futuro político del hombre. La abolición de las fronteras, entonces, nos conduciría a un comunismo social y prudente, que entendiera que lo común no implica excluir al ser humano como individuo, sino integrarlo, aceptarlo y tenerlo en cuenta. Un solo pueblo: la humanidad sin fronteras, cuyos dirigentes estén, eso sí, controlados por el pueblo, y jamás a la inversa. Pero estas divagaciones mías puede que sean más propias de un visionario que de un hombre cuerdo. De momento que hablen los abrazos.

Sea como fuere queridos amigos, si les gusta la historia, y los libros muy bien escritos este libro no pueden dejar de saborearlo. Por cierto, y en cuanto al estilo, cada palabra es una ficha de un puzzle que cuadra perfectamente. Da la sensación de que no hay palabra alguna sustituible. Toda una delicia para los amantes de la narración.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Narwhal Tabarca.

Publicado en on 16, Mayo 2007 at 3:22 am Comentarios (4)

Mientras espero una respuesta de Cruz Roja Internacional, Cesar Bakken y yo estamos preparando un documental sobre los Cayucos.

 

Queridos amigos, Clara me dijo ayer que cómo es posible que tenga tantas cosas que contar. Mi respuesta es bien sencilla: cuento menos de la mitad de lo que vivo. Mientras haya vida, mientras hayan proyectos, habrá sentido y habrá literatura.

Ya muchos me conocen bien y saben mi extraña manía de no poder parar quieto más que para reflexionar, meditar y leer. Pues bien, dije en el último post sobre mi carta de motivación que solo me falta esperar a que me contesten (si es que lo hacen, espero que sí) de Cruz Roja Internacional. Y, aprovechando dicha espera, estoy encargándome de toda la logísitca de un documental que hemos planeado Cesar Bakken y yo grabar a partir del 21 de este mes.

Como reza el título del post, el documental será sobre los Cayucos. Nos iremos a Senegal, grabaremos en las playas, en las casas, donde cuadre, y luego aquí esperaremos a que llegue un cayuco, queremos grabar la labor de la Cruz Roja cuando llegan, y luego también su vida en los albergues de la isla.

Por ello, esta semana tengo concertada una serie de reuniones para dejarlo todo preparado. Confío en el buen hacer de Bakken, se que este documental será distinto al resto, y, por supuesto, merecerá la pena.

Queridos amigos, la ilusión es mi alimento. Ahora mismo estoy repleto.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Narwhal Tabarca.

Publicado en on 15, Mayo 2007 at 5:21 pm Comentarios (0)

Mi carta de motivación para entrar de Delegado de Cruz Roja Internacional.

 

Queridos amigos,

acabo de enviar mi currículum y esta carta que les pongo a continuación para entrar a formar parte de la Organización Internacional de Cruz Roja, como Delegado, en proyectos en Asia, África o América.

Les transcribo la carta. Ahora solo queda esperar a que me llamen.

Reciban mi abrazo.

 

Estimados Señores,

Me solicitan unas palabras explicando cuales son mis motivaciones para entrar a formar parte de Cruz Roja Internacional de forma profesional. Permítanme entonces la pequeña licencia de hablarles de algunos hitos de mi vida, relacionados con la Organización.

Sin lugar a dudas, el hecho de que fuera una ambulancia de la Cruz Roja el primer vehículo en el que viajé cuando tenía apenas un mes, aquejado de una extraña enfermedad en el RH de mi grupo sanguíneo me ha hecho sentir miembro de la Organización desde siempre. Aquel trayecto, en brazos de mi abuelo, José Trujillo Pérez, Guardia Civil retirado, que asumía la coordinación general de Cruz Roja en la Asamblea de Las Palmas, me salvó la vida.

Con quince años, me enrolé como voluntario de Cruz Roja en la Asamblea de San Bartolomé de Tirajana. La filantropía me habitó, puedo decir ahora, desde entonces. Así, fui voluntario activo hasta los dieciocho años, edad en que tuve que viajar a Madrid para estudiar Derecho. Seis años estuve en la Universidad Pontificia de Comillas, en la que me licencié, y siete en total fueron los que viví en Madrid trabajando como abogado de empresas inmobiliarias. Nada en estos años me hizo sentir una grata evolución en mi desarrollo personal. Nada, exceptuando la poesía y los núcleos literarios que frecuentaba a menudo y que dieron en la publicación de mi primer poemario: “Mujer de agua” en el año 2005. Entiendo, que no es de suma importancia en este momento.

En ese mismo año volví a Gran Canaria para seguir desempeñando las labores de abogado en un grupo de empresas del mismo sector. Para ese entonces, ya había constituido la editorial Mar Futura de la que hablo en el currículum que les adjunto. Pasado un año de la tropelía empresarial, y viendo que flaco favor hacía a la ayuda humanitaria con la que siempre me identifiqué, conseguí un piso en donde, desde entonces, he estado acogiendo a inmigrantes indocumentados. Mi labor con ellos es sencilla: aprovecho los conocimientos legales que me dan mis estudios y les arreglo los permisos de residencia y trabajo sin ningún ánimo de lucro. Y así, cuando son económica y legalmente autosuficientes, les busco un piso de alquiler y capto a nuevos inmigrantes indocumentados.

A raíz de todo ello, y viendo la masiva llegada de cayucos y pateras, no dudé en ingresar en la ERIE de Gran Canaria con la que he vuelto a sentir que todo cobra sentido nuevamente.

Estimados señores, me piden ustedes mis motivaciones para entrar a formar parte de la Organización Internacional como personal contratado. Puedo decirles que mis motivaciones son fruto de una gran admiración hacia el señor Dunant y la labor que llevó a cabo creando esta ONG. Sin llegar al sentimentalismo, no es momento ni lugar para ello, puedo decir que, no ya solo porque me haya salvado la vida su filantropía envidiable, sino también por su generosidad de querer compartir la satisfacción personal que sintió en Solferino, y que no es otra que la que sentimos todos los miembros de la ERIE en el muelle de Arguineguín cada vez que recibimos un nuevo cayuco. Es esa filosofía de generosidad y entrega, en la búsqueda del alivio del sufrimiento ajeno la que me hace ver la situación internacional con mente fría y corazón prudente. Henry Dunant abrió una puerta a la esperanza y quiero hacer de mi vida una lucha por los ideales que él promulgó y ustedes mantienen gestionando la Organización.

Y es que, al fin y al cabo, creo fervientemente que no hay más solución para este mundo que la entrega a la humanidad y la lucha contra su sufrimiento. No creo en soluciones políticas de ninguna ideología, ya que, fuera de las discusiones dialécticas y la buena voluntad que profesan sus teorías, ninguna solución dan a la situación mundial. Lo entiendo, y por este motivo abandono todo fanatismo ideológico en una u otra línea. La mejor forma de contribuir es actuar, hacer las cosas bien pero hacerlas: “Labor Omnia Vincit” decían los romanos.

Permítanme resumir así todo ello en una frase que me repito a diario y que se ha convertido en mi modo de vida: “vivimos la vida que queremos vivir”. Y la única manera de hacerlo es aportando resultados que justifiquen los esfuerzos que hemos empleado para llevar a cabo lo que hacemos. La Cruz Roja ha demostrado una trayectoria intachable en su lucha contra el sufrimiento ajeno, por esa razón toco a su puerta, porque me siento parte del proyecto de Henry Dunant, y porque le estoy eternamente agradecido por haberme permitido saborear la satisfacción de una ayuda humanitaria seria, prudente y efectiva.

Les pido disculpas, señores, si estas palabras no se identifican con aquello que ustedes me solicitaban. Si fuera así, por favor, no duden en ponerse en contacto conmigo para satisfacer su petición. Si fuera de su interés hacer una entrevista personal, no tengo inconveniente alguno en viajar a Madrid a tal fin.

Si consideran tener en cuenta mi solicitud para ser delegado de Cruz Roja Internacional, estoy disponible para cualquier proyecto donde me necesiten, aunque el trato cercano con los subsaharianos hace que mis preferencias estén más vinculadas a África, o incluso Asia, por afinidad cultural.

Esperando sus noticias, y agradeciendo su atención y su labor, me despido,

Atentamente,

Narwhal Tabarca.

Publicado en on 14, Mayo 2007 at 4:24 pm Comentarios (3)

Nuevo Cayuco en Arguineguin.

 

Queridos amigos,

un nuevo cayuco llegó anoche al muelle de Arguineguin. Anoche, reitero, durante las fiestas del Tablero de Maspalomas. A veces siento que estos acontecimientos simultáneos y tan dispares, separados por una frontera débil, y sin embargo, dura como el diamante son una dolorosa demostración de que lo principal de este sistema no funciona. Así como el agua salada y la dulce se unen en los cenotes, pero jamás se confunden entre ellas, marcando una diferencia con la separación de la visibilidad a los ojos humanos, así, digo, unos nadan en aguas dulces, cubata en mano, y otros en agua salada, con la turbidez rodeándoles y la mudez sellando sus labios en la noche.

Sin embargo, hay gente dispuesta a cruzar estas fronteras entre la diversión y la filantropía. Gente que despide a los amigos durante estos momentos de diversión y acude a la llamada de ayuda de quienes sufren.

No lo digo por mí, amigos míos. Lo digo por todos los compañeros de la ERIE. Y lo acontecido anoche avala mis palabras. Todos mis compañeros estaban disfrutando de la noche, todos recibieron el mensaje del CCA, todos, al fin, estaban allí arropando a los recién llegados.

Yo estuve, también, como parte de ese todo al que admiro, respeto y comienzo a amar. Necesito mantas, un té para este señor, espera que te echo una mano para cambiarlo, ¿necesitas algo?, gracias compañero, ¿alquien tiene guantes?, toma, ayudame a llevar a este hombre al hospitalito. Allí, las caras rasgadas por el dolor y el frío se topan con sonrisas amables y tratos cariñosos. Alguna broma para hacerlo llevadero, y, por supuesto, la diligencia del compañerismo humanitario haciendo mella en las fronteras de estos acontecimientos tan dispares.

Por cierto, estoy convencido de que la verdadera fiesta anoche estuvo en el corazón de todos los que recogíamos el hospitalito. Lo habíamos vuelto a hacer; no hay sastisfacción mayor que la de aliviar el sufrimiento de otro ser humano.

Gracias compañeros por estar ahí, gracias amigos por leerme.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Narwhal Tabarca.

 

(nota: las fotos de este post no pertenecen al cayuco de anoche)

Publicado en on 13, Mayo 2007 at 4:36 pm Comentarios (0)

7 pateras llegaron a Gran Canaria, efectivamente.

 

Queridos amigos,

a todos aquellos que en estos días me han preguntado sobre las siete pateras que llegaron a Gran Canaria y a los que yo, perplejo, les he dicho que es imposible, les doy la razón.

Lo cierto es que el jueves a las 7.30 de la tarde teníamos reunión del ERIE. Luego subí al Cuba Libro. Me había cansado de decir que llegarían pronto más cayucos en estos días, y estaba tan atento al movil que llevé a pensar si aquello suponía un mínimo comienzo de psicosis (se que me entienden).

Por la noche vi una llamada perdida de un número que no reconocí pero ningún mensaje del CCA. Y curiosamente esa llamada era la coordinadora para movilizarnos.

7 pateras en la misma noche. Hoy, habiendo comprobado la veracidad de los rumores, he sentido lástima por no haber podido estar allí. Pero sí estuvieron mis compañeros dándolo todo. Solo soy un granito en una marabunta de tormentas de arena. ¿Qué haría yo sin ellos?.

Reciban mi abrazo y mis ronquidos, me voy al sobre que desde ayer no he pegado ojo.

Ya se fue César Bakken. Volverá en una semanita con su cámara y nos iremos a Senegal a gravar un “docu” -como él los llama- sobre los cayucos.

me voy que me caigo sobre el teclado.

Narwhal Tabarca.

Publicado en on 12, Mayo 2007 at 2:40 pm Comentarios (0)

Esperando un Cayuco con 99 inmigrantes en Arguineguin.

 

Queridos amigos,

ha vuelto a suceder. Mientras escribo estas palabras, en alta mar navega un cayuco solitario, ajeno a que ya nos preparamos para su llegada. Ha sido interceptado desde las 7 de la tarde de hoy. Su llegada prevista será a las 10 de la mañana, aproximadamente. Y el número de personas a bordo ronda los 99.

Es la una de la mañana. Me acabo de despedir de Julio Espino y Bea Russo, que han venido a verme a canarias. Mañana los volveré a ver, de momento hoy solo me queda descansar, mañana será un día duro.

Cuando vuelva, les comentaré que tal fue todo. Espero que ahora mismo, mientras la noche los consume con sus brazos gélidos, bajo la resplandeciente luna llena que hay y que vemos simultáneamente ellos y yo en este momento, no estén sufriendo tanto. Hay algo en el cuerpo humano que nos hace sobrevivir cruzando límites insospechados de sufrimiento y dolor. Mañana será un gran día para ellos. Intentaremos que así sea.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Narwhal Tabarca.

Publicado en on 4, Mayo 2007 at 1:03 am Comentarios (2)

Nuevo Cayuco con 42 inmigrantes.

 

Queridos amigos,

Hoy me he despertado con agujetas en todo el cuerpo. Ayer lunes esperábamos un cayuco a las 12.oo del medio día. El mensaje me había llegado el domingo por la noche. A veces suceden estas cosas. De repente el mensaje es tremendamente urgente, como aquel que avisaba del cayuco anterior, y, en ocasiones como esta lo sabemos con más de 12 horas de antelación.

En este caso íba más tranquilo porque se nos había dicho que estaban en buen estado. Un detalle avalaba este comentario ya que el cayuco había sido atendido con anterioridad por el buque-hospital “Esperanza del Mar”, el cual había recogido a los cuatro inmigrantes más graves (desgraciadamente uno de ellos murió de hipotermia).

Mientras tanto, nosotros desayunábamos en la gasolinera. Habíamos repostado todas las ambulancias y los vehículos de transporte. Tal era nuestra tranquilidad y tánto agradecíamos que en esta ocasión tuvieramos tiempo más que suficiente para preparar el dispositivo.

La ERIE no es solamente el cuerpo de la Cruz Roja que sale en las fotos y en televisión haciéndose cargo de los primeros auxilios de los inmigrantes a su entrada en Canarias. Hay mucho trabajo antes y después de lo conocido. Descargamos containers de cajas con ropas y comidas, preparamos las bolsas de galletas, agua y zumos, hacemos los grandes termos de té, preparamos las ambulancias y el material sanitario para las curas y las intervenciones primarias, montamos las carpas y las desmontamos cuando ya todo ha pasado, y tantas muchas cosas que no se ven.

Cuando llegó el buque de salvamento “Punta Salinas”, hicimos una cadena a pie de muelle para comenzar el desembarco. Comprobamos cómo todos estaban ya vestidos con los chándales secos de las bolsas de la Cruz Roja, que se entregan al “Esperanza del Mar” para estos casos. Entonces comprobamos que, efectivamente todo apuntaba a que sería un cayuco facil. Con la ayuda de la Policía Nacional y la Guardia Civil (cada vez me sorprende más su entrega a esta causa humanitaria) fuimos conduciendo a los inmigrantes a la carpa. Hacía un sol de perros, el sudor me caía sobre las cejas y, en más de una ocasión, sorteaba la natural barrera y acababa dentro de los ojos. Alguno de ellos venía especialmente débil pero, a diferencia de los cayucos que han llegado en estos días de noche, no había ninguno con síntomas de hipotermia, y esto es de agradecer.

Ya todos los que se podían sostener en pie tenían sendas bolsas con provisiones. Los más débiles estaban siendo atendidos en el hospitalito y Marcos y yo habíamos empezado a hacer las fichas, confiados en que estaban bien. En ese momento saltó la alarma en el hospitalito, debajo de los chándales y los zapatos, los inmigrantes albergaban tremendas llagas, quemaduras dolorosas, hinchazones sospechosas no tratadas por médico alguno. Las ropas las llevaban pagadas a las heridas. Se nos advirtió, rehicimos las fichas (habíamos confiado demasiado en su buen aspecto físico - los chándales son bonitos, supongo- ) así que fuimos revisándo los cuerpos, levantando los pantalones y las chaquetas, inspeccionando pies, brazos, piernas, traseros. Las sospechas eran ciertas. No era, en absoluto un cayuco sencillo.

Cuando acabamos las fichas entré en el hospitalito y ofrecí mi ayuda. Hice varias curas de casi cuerpo entero. Hubieron momentos en que nos sentíamos desbordados, cuantas más curas habíamos hecho, más parecían que quedaban por hacer. Cuando creíamos haber terminado con uno, se quejaba de otro dolor en alguna parte del cuerpo que descubríamos y con estupor veíamos nuevas llagas peores a las ya atendidas. María, la doctora, me decía cómo debía de proceder, ahora antibióticos, para esta rozadura solo vaselina líquida, aquí pomada. Vi heridas que no puedo referir por su crudeza, y, sin embargo, quienes las portaban las sufrían con un silencio y una paciencia indecibles.

Después de varias horas, cuando hubimos terminado y ya desmontábamos las carpas, la guaga de la Guardia Civil se  llevó a todos menos a dos a la comisaría de Las Palmas. Los dos que quedaban atrás estaban tan heridos que los trasladamos nosotros en las ambulancias. En una iban Ángel (conductor) y Jose Luis (sanitario). En la otra la conductora era Nally, el sanitario, yo.

Quien conoce la isla sabe que desde Arguineguín hasta Las Palmas de Gran Canaria hay una hora de viaje, aproximadamente. Una hora que pasé observando a mi paciente mientras dormía. En ese momento pensé en su familia, en su madre, en sus abuelos. Me pregunté si tenía hermanos. Imaginé los abrazos, los llantos, los miedos en su despedida, cómo aquellos a quienes dejaban atrás vieron el hambre con el que se los tragó la noche, bailando sobre las olas, en un silencio cargado de miedos y dudas.

Me sorprendió ver cómo de un gran amuleto de cuero que traía enrollado a la cintura, pendían lo que parecían pequeñas piedras blancas y cuadradas. Cuando me acerqué a verlas mejor, mi sorpresa fue mayor aún. Se trataba, lejos que lo que había pensado, de papeles doblados y forrados con cintas adhesiva. Me pareció comprobar que alguno traía algo escrito por dentro y entonces supuse que se trataría de palabras de apoyo y esperanza de sus más queridos. ¿Harán rituales religiosos para que les acompañen los buenos espíritus?.

Sea como fuere, cuando llegamos a la comisaría lo desperté. Sacamos la camilla, los trasladamos a una manta preparada para él en la comisaría y nos fuimos. Las pomadas que le habíamos aplicado harán que hoy, un día después, los dolores hayan remitido considerablemente y la cicatrización se haya acelerado.

Queridos amigos, este fin de semana han sido 131 personas llegadas a nuestras manos, y 4 fallecidos. Les invito a que hagan algo, imaginen una fiesta, un asadero, lo que sea, de 131 personas que conocen, a quienes han abrazado alguna vez, 131 personas que les han besado en las mejillas, quizá. Cada uno de estos 131 inmigrantes supone alguien así para otro alguien en este mundo - lo dicen aquellas palabras guardadas con celo (de ambos tipos) en la intimidad de sus cinturas. Imaginen entoces lo que supuso la muerte de los 4 desafortunados.

Del cayuco anterior se dijo en la prensa que, de los tres fallecidos, dos eran hermanos. No se dijo, sin embargo, que aún tenían otro hermano que llegó vivo. Aún resuenan en mi mente sus llantos desesperados mientras los abraza en una fría, nocturna, fugaz despedida.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Narwhal Tabarca.

Publicado en on 1, Mayo 2007 at 3:02 pm Comentarios (3)

Un cayuco con 87 inmigrantes en Gran Canaria, esta noche.

 

Estimados amigos,

acabo de llegar del puerto de Arguineguín. En esta ocasión recibí el mensaje del CCA a la 1:34 de la madrugada. La información era bien escasa y exigía premura: “llegada en pocos minutos de un cayuco a muelle de Arguineguin. Personal disponible dirijanse directamente al muelle urgentemente“. Me puse el uniforme y salí corriendo para allá.

Cuando llegué, el muelle estaba completamente invadido por la calma de la noche. Solo una patrulla de la Guardia Civil me indicaba que no me había confundido. Al poco tiempo Ramón, un compañero de la Cruz Roja llegó. Esperábamos un cayuco en cuestión de cinco minutos y fue puntual.

Cuando llegó ví con estupor su tamaño y la cantidad de personas que traía. Con ojo de mal cubero informé a la central de que eran 50. Resultaron ser 90, entre ellos una niña preciosa de apenas un año en los brazos salvadores de su madre. Tres encontraron antes el final de su vida que el final del trayecto a la esperanza. No puedo ni quiero entrar en detalles a este respecto.

Pronto llegaron los vehículos de la Cruz Roja. La coordinación fue impresionante y la entrega de todos los compañeros maravillosa. En cuestion de minutos ya el dispositivo estaba prácticamente montado. El hospitalito preparado, la carpa donde se cambian también. En cuestión de minutos todos tenían un te caliente en las manos. En cuestión de minutos empezaron a sentir que su fatídico viaje había terminado.

La Guardia Civil ha vuelto a darle sentido a la nobleza del cuerpo. Hemos trabajado hombro con hombro, en ese momento poco importaban los uniformes. Eramos hombres y mujeres ayudando a otros hombres y mujeres. Eramos una parte de la humanidad ayudando a otra parte de la humanidad. Aquí la política no tiene ningún asiento reservado.  

Queridos amigos, en esta ocasión las manos me pesan y los acontecimientos me nublan la mente. No puedo expresarles todo cuanto he visto y sentido esta noche. Pero si de algo vale para que se hagan una idea, desde que monté en la moto hasta que llegué a casa, y luego un rato más, he estado purgando con lágrimas tantas sensaciones.

Una niña de un año con el dedo en la boca desde los brazos de un policía nacional, me míró a los ojos atenta mientras le lanzaba un beso. Un guineano de mi misma edad se ha reído conmigo cuando supimos la coincidencia. Otro entrado en edad me dió las gracias sinceras mientras me agarraba la mano. Otros, ni siquiera pudieron reconocer quien les tapaba con las mantas.

Desde que entré en la Cruz Roja hace ya 12 años, me enseñaron que nuestra labor era aliviar el dolor de quienes estaban en una situación de indefensión. Y eso es, precisamente lo que hemos intentado hacer esta noche.

Amigos míos, está bien que les hable de libros, que les cuente la historia de los escritores, pero ya lo dijo Thoreau: “en vano nos sentamos a escribir si no nos hemos levantado para vivir“. La vida está ahí fuera, justo donde acaba nuestra propia piel.

Reciban mi abrazo.

Narwhal Tabarca.

Publicado en on 28, Abril 2007 at 8:39 am Comentarios (3)

BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE. Herman Melville.

 

Hay escritores cuya obra no se parece a lo que sabemos de su destino; tal no es el caso de Herman Melville, que padeció rigores y soledades que serían la arcilla de los símbolos de sus alegorías. Nació en New York en 1819. Vástago de una gran familia venida a menos, de severa tradición calvinista, perdió a su padre a los trece años. A los diecinueve emprendió la primera de sus largas navegaciones; fue como marinero a Liverpool. En 1841 se alistó´en una ballenera que zarpó de Nantucket. El capitán era muy duro con su gente; Melville desertó en una de las islas del Pacífico. Los isleños, que rean caníbales, lo acogieron. Cien días y cien noches pasaron y lo rescató una nave australiana. A bordo de esa nave, Melville capitaneó un motín. Hacia 1845 volvería a New York. (…)

Bartleby, que data de 1856, prefigura a Franz Kafka. Su desconcertante protagonista es un hombre oscuro que se niega tenazmente a la acción. El autor no lo explica, pero nuestra imaginación lo acepta inmediatamente y no sin mucha lástima. En realidad son dos los protagonistas: el obstinado Bartleby y el narrador que se resigna a su obstinación y acaba por encariñarse con él.”

                                J. L. Borges. “Biblioteca Personal” 

 

Queridos amigos,

aún estoy en el aire después de terminar esta novela corta de Herman Melville. Me parece raro que su autor sea el mismo que escribió Benito Cereno, o Moby Dick. Realmente no se que esperaba del lector, pero si era dejarlo en el aire haciéndose mil preguntas, lo ha conseguido desde luego. Este Bartleby está caracterizado por su terquedad casi cómica. Un señor salido de la nada que se niega a todo cuanto se le pide con tan solo una frase: preferiría no hacerlo. Esto, llevado la sus últimas consecuencias hace que todo se desenlace de una forma inesperada y, por supuesto, bastante atrevida. Algo en mi mente quiere encontrar ahora una cierta similitud con la novela El extranjero de Albert Camús, solo que en la de Melville el protagonista es completamente hermético sin motivo aparente. Es, precisamente, este extremo el que me ha dejado bastante extenuado. Su conducta no se explica, salvo al final que se quiere dar un ligero apunte y que, como es obvio, no les puedo contar. Sin embargo, este ligero apunte se presenta como una incitación a la sospecha o a la actividad de la propia imaginación en busca de unas causas que no se aprehenden del todo.

Le doy la razón a Borges. Es una novela que recomendaría, aunque aún no se bien por qué. Esto solo me ha pasado hasta la fecha con la de Albert Camús. Si la leen, espero que sepan entenderme. Si la entienden, espero que sepan explicármela.

Reciban mi abrazo, mi sonrisa y las dudas que ahora albergo.

 

Narwhal Tabarca.

Publicado en on 27, Abril 2007 at 11:04 pm Comentarios (1)

CON LA SOGA AL CUELLO. Joseph Conrad.

 

Obra del divino poder, de la suma sabiduría y, curiosamente, del primer amor, el infierno de Dante, el más famoso de la literatura, es un establecimiento penal en forma de pirámide inversa, poblado por fantasmas de Italia y por inolvidables endecasílabos. Harto más terrible es el de Heart of Darkness, el río de África que remonta el capitán Marlow, entre orillas de ruinas y de selvas y que bien puede ser una proyección del abominable Kurtz, que es la meta. En 1889, Teodor Josef Konrad Korzeniowski remontó el Congo hasta Stanley Falls; en 1902, Joseph Conrad, hoy célebre, publicó en Londres Heart of Darkness, acaso el más intenso de los relatos que la imaginación humana ha labrado. (…) The End of the Tether (Con la soga al cuello) , no es menos trágico. La clave de la historia es un hecho que no revelaremos y que el lector descubrirá gradualmente. En las primeras páginas ya hay indicios.

H.L. Mencken, que ciertamente no prodiga los ditirambos, afirma que Con la soga al cuello es una de las más espléndidas narraciones, extensa o breve, nueva o antigua, de las letras inglesas. Compara los dos textos de este libro con las composiciones musicales de Sebastián Bach.

Según el testimonio de H.G. Wells, el inglés oral de Conrad era muy torpe. El escrito, que es el que importa, es admirable y fluye con delicada maestría.

Hijo de un revolucionario polaco, Conrad nació en Ucrania, en el destierro, en 1857. Murió en el condado de Kent en 1924.”

                              J. L. Borges “Biblioteca Personal”

 

Estimados amigos,

Esta novela tiene algo especial. No deja de ser otra novela de navíos, al más puro estilo Melville, y, sin embargo, no es solo eso. Es conocido que Joseph Conrad fue marino y, como dice la contraportada de la edición de Espasa que he leído: “La pasión  que sentía por el mar le llevó a ser primero marino y después escritor. Para Conrad el mar era un instrumento de visión, al igual que la literatura, de ahí que de sus viajes sacara el material que posteriormente reflejaría en sus novelas”. Si tenemos en cuenta que Conrad nació en el año 1857 y su primera novela “El corazón en las tinieblas” la publicó en el 1902 nos daremos cuenta de que empezó con el oficio literario a la entrada edad de 45 años. Edad en que decidió apartarse de la navegación de forma activa y dedicarse a la ficción en torno a ella. En esta línea, “Con la Soga al Cuello”, narra la etapa última de la historia de un capitan de la marina mercante, el Capitán Whalley, que, viejo y arruinado, recibe una misiva de su hija desde el extranjero pidiéndole algo de dinero para sobrevivir. Este hombre, un caballero recto, sabio y digno, hará cualquier cosa para poder responder a la llamada de auxilio de su hija. A lo largo de su lucha contra corriente irá lidiando con los mezquinos intereses de unos y otros que, contínuamente se impondrán en su camino.

Poco puedo y quiero referirles sobre el argumento, el factor sorpresa en esta novela es crucial y es mejor encontrarse los acontecimientos de bruces. Sea como fuere, Borges, de Joseph Conrad recomienda dos novelas, esta y la de “El Corazón de las tinieblas”. Les digo que ya tengo ganas de empezarla, Joseph Conrad tiene ese estilo cargado de paciencia, elegancia, admiración incluso, hacia los propios personajes. Es una delicia navegar sobre las palabras que escribe.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Narwhal Tabarca.

EL MANDARÍN. Jose María Eça de Queiroz.

 

A fines del siglo XIX, Groussac pudo escribir con veracidad que ser famoso en Sudamérica no era dejar de ser un desconocido. Ese dictamen, por aquellos años, era aplicable a Portugal. Famoso en su pequeña e ilustre patria, Jose María Eça de Queiros (1845-1900) murió casi ignorado por las otras tierras de Europa. La tardía crítica internacional lo consagra ahora como uno de los primeros prosistas y novelistas de su época.

Eça de Queiroz fue esa cosa un tanto melancólica: un aristócrata pobre. Estudió Derecho en la Universidad de Coimbra y, una vez terminada su carrera, desempeñó un cargo mediocre en una mediocre provincia. En 1869 acompañó a su amigo, el conde de Rezende, a la inauguración del canal de Suez. Pasó de Egipto a Palestina, y la evocación de esas andanzas perdura en páginas que muchas generaciones leen y releen. Tres años después ingresó en la carrera consular. Vivió en La Habana, en Newcastle, en Bristol, en la China  y en París. El amor a la literatura francesa nunca lo dejaría. Profesó la estética del parnaso y, en sus muy diversas novelas, la de Flaubert. En “El primo Basilio” (187 8) se ha advertido la sombra tutelar de Madame Bovary, pero Émile Zola juzgó que superior a su indiscutible arquetipo y agregó a su dictamen estas palabras: “Les habla un discípulo de Flaubert”.

Cada oración que Eça de Queiroz publicó había sido limada y templada, cada escena de la vasta obra múltiple ha sido imaginada con probidad. El autor se define como realista, pero ese realismo no excluye lo quimérico, lo sardónico, lo amargo y lo piadoso. Como su Portugal, que amaba con cariño y con ironía, Eça de Queiroz descubrió y reveló el Oriente. La historia de ”O Mandarim” (1880) es fantástica. Uno de los personajes es un demonio; otro, desde una sórdida pensión de Lisboa, mata mágicamente a un mandarín que tiende su barrilete en una terraza que está en el centro del impero amarillo. La mente del lector hospeda con alegría esa imposible fábula.

En el año final del siglo XIX murieron en París dos hombres de genio, Eça de  Queiroz y Oscar Wilde. Que yo sepa, nunca se conocieron, pero se hubieran entendido admirablemente.”

                         J. L. Borges “Biblioteca Personal”

 

Estimados amigos,

efectivamente la novela de Eça de Queiroz es de aquellas obras que saben a poco. Mientras la leía me asaltaba una sutil paranoia que se identificaba con el miedo y la intriga que sentía su protagonista. Un hombre gris, ceniciento diría, sin mayores proyecciones en la vida que su bolsillo desierto, descansa en un motel tugurioso. De alguna forma fantástica, un demonio (nunca de habla de que fuera un demonio en la novela, pero no quiero contradecir a Borges ahora mismo) le propone vivir la vida de un Mandarín que está en ese mismo momento en China, sacando su barrilete, de forma placentera. Este señor gris e incrédulo acepta el ofrecimiento aún cuando ya había sido advertido de que tal aceptación supondría la muerte inminente del susodicho Mandarín. En China, el Mandarín cae redondo.

En una suerte de efecto mariposa, Eça de Queiroz describe entonces los sobresaltos de la conciencia humana cuando se percata del alcance de sus desiciones. El remordimiento y el desencuentro con la tranquilidad espiritual harán, entonces, que este nuevo rico, cargado de dinero hasta los topes, y depués de gozar la riqueza hasta su grado sumo - la infelicidad y el vacío existencial - decida ir en busca de los enlutados miembros de la familia del Mandarín mágicamente asesinado.

Y así transcurre gran parte de la novela, narrando este viaje al fondo del imperio Chino y del conocimiento propio del lector.

Mi conclusión al respecto es bien clara, quizá, el escritor portugués quisiera hacer una obra que demostrara que el desconocimiento del alcance de nuestros actos, puede llevarnos a cometer atrocidades que jamás tendremos el horror de conocer. Irremediablemente, somos la causa de muchos efectos indeseados, y no somos conscientes de ello, o no queremos serlo. Entronco, entonces, todo esto con mi casi obsesión por llegar a Shangai en moto, el único motivo es el de ir conociendo la realidad de aquellos paises que no salen en los modernos GPSs pero que quizá sean, incluso, quienes explotados, los construyen. Sé que es un reduccionismo extremo de las concecuencias últimas pretendidas en este líbro, pero pretendo solo acercarme a lo específico de las enseñanzas que me aporta.

Estimados amigos, Borges nos recomienda esta novela, yo lo patrocino.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Narwhal Tabarca. 

Publicado en on 26, Abril 2007 at 4:01 pm Comentarios (0)

CONFIESO QUE HE VIVIDO. Pablo Neruda.

 

Estimados compañeros,

anoche acabé la autobiografía del premio Nobel de Literatura, el chileno Nertalí Ricardo Reyes Basoalto (Pablo Neruda).

Después de leerla, me quedo con una impresión bastante confusa de su persona y su vida. Me da la sensación de que este hombre tuvo mucha suerte, buena y mala (como diría Oscar Aguado). Efectivamente, con 19 años publica su primer libro. Luego, con 23, y de la manera más sencilla del mundo, es nombrado Cónsul ad honorem en Ragoon, una zona de Birmania que ni él mismo sabía donde estaba cuando aceptó. Es cierto que antes de su nombramiento había sido un gestor activo de la poesía en su tierra natal, publicando libros, poemas sueltos e, incluso, siendo Presidente del Ateneo de Temuco, entre otras muchas cosas. Pero lo que no deja de ser verdad es que con 23 años ya era Cónsul. Me gusta recalcar esto. Ya que su nombramiento le otorgó las grandes puertas al mundo y la facilidad de dedicarse casi exclusivamente a la poesía y la lucha comunista.

No tengo intención de hacer aquí una paráfrasis de lo que fue su vida. Todo lo contrario. Cuando terminé el libro, intuitivamente me quedé observando una fotografía de un Neruda con sombrero, en blanco y negro, que decora la portada de sus obras completas de la editorial RBA, e inconscientemente le pregunté a los ojos: “tú quien eres?”. Pronto me dí cuenta de la carcajada facil que podría haber soltado quien me viera (por suerte estaba solo), pero aquella pregunta me hizo reflexionar acerca del libro. Y es que, Confieso que he vivido no es otra cosa que un mero anecdotario cargado de historia. Sin embargo, Neruda no habla de sí mismo, de lo que siente o piensa más que en contadas ocasiones y de forma muy velada y, por supuesto, muy diplomática. No me cabe duda de que esto último le viene por la profesión. Sin embargo, tampoco es menos cierto que deja entrever a los ojos de un avezado lector, bastante de todo cuanto conformó su esfera sentimental.

Es curioso, y para corroborar mis opiniones cito algunos ejemplos. Cuando va a recojer el premio Nobel en ningún momento hace alusión a lo que sintió, lo que para él suponía todo aquello, las emociones o los sentimientos, nada. Simplemente se limita a retratar la ocasión como si de una fría película se tratara. Lo mismo sucede cuando habla de las mujeres que pasaron por su vida, o la mangosta que se le perdió en la India, por citar algunos ejemplos.

Cuando sí parece que se deja llevar por sí mismo es, curiosamente, cuando narra los problemas que le pusieron a última hora en aquel momento en que iba a embarcar a los republicanos exiliados de España hacia Chile. Pero, al hacerlo, siempre es recordando la furia que aquello le provocó.

Nada de esto que digo debería ser contraproducente. Me refiero a la impresión de su forma de contar la vida que ha tenido. Como dije antes, Pablo Neruda fue un señor que tuvo mucha suerte, mala y buena. Mala, porque, de una u otra manera siempre estaba en el lugar del problema, en el salón donde se debatiría cada hito importante de la historia más reciente. Estuvo en España durante la guerra civil (abandonó Madrid en el 37), vió incluso como bombardeaban el Palacio de Linares y como los republicanos sacaban por la ventana el gran oso blanco disecado del Duque de Alba, estuvo relacionado con los japoneses que abandonaban América justo antes de los acontecimientos  de Pearl Harbour, vivió en París cuando estaba siendo ocupada por el ejercito fascista, conoció a Stalin, a Castro, al Che, a Videla, fue íntimo amigo de Salvador Allende, no soportaba a Cesar Vallejo, admiraba a Vicente Huidobro. Intimó con Lorca, con Alberti, con Miguel Hernandez (con el que vivió en Madrid una temporada). Es decir, tuvo la mala suerte de estar en el momento de los conflictos cuando éstos se fraguaban, se exilió de Chile apenas dos años después de ser proclamado senador y luego desaforado, y, sin embargo, siempre tuvo una posición privilegiada en todos ellos. Era una suerte de protegido divino. Si fue en carcelado, al día siguiente le pidieron disculpas, si estuvo en medio de la guerra civil, tuvo la facilidad de salir de España cuando quiso, para volver a entrar aún durante la guerra. Si estuvo con los exiliados republicanos, era el ángel salvador que los sacó de Francia rumbo a Chile, si estuvo perseguido en Chile, encontró rápidamente una vía de escape sin más aspavientos. y, además, si tuvo la oportunidad de dedicarse casi exclusivamente a las letras, le dieron el premio nobel.

Nada le resta mérito. A donde quiero llegar es a que Pablo Neruda fue un señor que llevó a cabo el lema de mi vida: “Vivimos la vida que queremos vivir”. Él lo hizo, y con esta obra lo confiesa.

Por supuesto es un libro que recomiendo. No por su literatura, sino como documento histórico importante sobre lo que fue la vida de un poeta contada a cálamo currente.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa siempre,

Narwhal Tabarca. 

Publicado en on 25, Abril 2007 at 11:21 pm Comentarios (2)

A partir de ahora, la web es Narwhaltabarca.com

 

Dado que ya tengo el nombre completo, he cambiado hasta el dominio de esta página. No se preocupen que pueden seguir entrando por santiagotabarca.com´(hasta enero) o por www.elcubalibro.com (hasta que acabe la página del Cuba Libro).

Nada cambia, solo el nombre. (acabo de hacer el negativo de la frase del nombre de la rosa: con el tiempo, de la rosa solo queda el nombre) -Uy! que reflexión más atractiva… seguiré pensando en ello.

Reciban mi abrazo compañeros,

Narwhal Tabarca.

La poesía (por Pablo Neruda)

 

Quiero compartir con ustedes un apunte de Neruda, extraído de la misma obra de la que extraje la referencia a los Narwhales: “confieso que he vivido”.

Se las transcribo aquí porque creo que no tiene desperdicio. Merece la pena leerla, en el libro no es más que una página y media.

                          La poesía

…Cuánta obra de arte… Ya no caben en el mundo… Hay que colgarlas fuera de las habitaciones… Cuánto libro… Cuánto librito… Quién es capaz de leerlos?… Si fueran comestibles… Si en una ola de gran apetito los hiciéramos ensalada, los picáramos, los aliñáramos… Ya no se puede más… Nos tienen hasta las coronillas… Se ahoga el mundo en la marea… Reverdy me decía: “Avisé al correo que no me los mandara. No podía abrirlos. No tenía sitio. Trepaban por los muros, temí una catástrofe, se desplomarían sobre mi cabeza… Todos conocen a Eliot… Antes de ser pintor, de dirigir teatros, de escribir luminosas críticas, leía mis versos… Yo me sentía halagado… Nadie los comprendía mejor… Hasta que un día comenzó a leerme los suyos y yo, egoístamente, corrí protestando: “no me los lea, no me los lea”… Me encerré en el baño, pero Eliot, a través de la puerta, me los leía… Me sentí muy triste… El poeta Frazer, de Escocia, estaba presente… Me increpó: “Por qué tratas así a Eliot?”… Le respondí: “No quiero perder mi lector. Lo he cultivado. Ha conocido hasta las arrugas de mi poesía… Tiene tanto talento… Puede hacer cuadros… Puede escribir ensayos… Pero quiero guardar este lector, conservarlo, regarlo como planta exótica… Tú no me comprendes, Frazer”… Porque la verdad, si esto sigue, los poetas publicarán sólo para otros poetas… Cada uno sacará un plaquette y la meterá en el bolsillo del otro… su poema… y lo dejará en el plato de otro… Quevedo lo dejó un día bajo la servilleta de un rey… eso sí valía la pena… O a pleno sol, la poesía en una plaza… O que los libros se desgasten, se despedacen en los dedos de la humana multitud… Pero esta publicación de poeta a poeta no me tienta, no me provoca, no me incita sino a emboscarme en la naturaleza, freta a una roca y a una ola, lejos de las editoriales, del papel impreso… La poesía ha perdido su vínculo con el lejano lector… Tiene que recobrarlo… Tiene que caminar en la oscuridad y encontrarse con el corazón del hombre, con los ojos de la mujer, con los desconocidos de las calles, de los que a cierta hora crepuscular, o en plena noche estrellada, necesitan aunque sea no más que un solo verso… Esa visita a lo imprevisto vale todo lo andado, todo lo leído, todo lo aprendido… Hay que perderse entre los que no conocemos para que de pronto recojan lo nuestro de la calle, de la arena, de las hojas caídas mil años en el mismo bosque… y tomen tiernamente ese objeto que hicimos nosotros… Sólo entonces seremos verdaderamente poetas… En ese objeto vivirá la poesía.

Sin palabras.

Narwhal Tabarca.

Me llamaré Narwhal Tabarca

 

             

Estimados amigos, desde que decidí usar el pseudónimo de Santiago Tabarca, supe que este nombre debía con el tiempo sufrir un segundo cambio. Tabarca me lo regaló la vida, de labios de una señora de mi pueblo que en su cariñoso acento canario me dijo “Santiago T(e)abarca toda la zona de tunte…). Y así quedamos mi amigo y buen poeta Paco Sevilla y yo, mudos, sin poder hacer otra cosa que besarle las mejillas a aquella mujer pequeña que no terminaba de entender lo que sucedía.

El nombre de Narwhal, se lo deberé, a partir de ahora, al poeta chileno Pablo Neruda (cuyo nombre también es un pseudonimo con una historia, como todos). La vida me lo ha puesto delante, en aquellos párrafos de “Confieso que he vivido” en que dice el poeta:

De aquel gran pulpo que conocimos todos por primera vez en Los trabajadores del mar de Victor Hugo (también Victor Hugo es un pulpo tentacular y poliformo de la poesía), de esa especie sólo llegué a ver un fragmento de brazo en el Museo de Historia Natural de Copenhague. Éste sí era el antiguo Kraken, terror de los mares antíguos, que agarraba a un velero y lo arrollaba cubriéndolo y enredándolo. El fragmento que yo vi conservado en alcohol indicaba que su longitud pasaba de treinta metros.

Pero lo que yo perseguí con mayor constancia fue la huella, o más bien el cuerpo del narval. Por ser tan desconocido para mis amigos el gigantesco unicornio marino de los mares del Norte, llegué a sentirme exclusivo correo de los narvales, y a creerme narval yo mismo.

¿Existe el narval?

¿Es posible que un animal del mar extraordinariamente pacífico que lleva en la frente una lanza de marfil de cuatro o cinco metros, estriada en toda su longitud al estilo salomónico, terminada en aguja, pueda pasar inadvertido para millones de seres, incluso en su leyenda, incluso en su maravilloso nombre?

De su nombre puedo decir - narwhal o narval - que es el más hermoso de los nombres marinos, nombres de copa marina que canta, nombre de espolón de cristal.

Y ¿por qué entonces nadie sabe su nombre?

¿Por qué no existen los Narval, la bella casa Narval, y aún Narval Ramírez o Narvala Carvajal?

No existen. El unicornio marino continúa en su misterio, en sus corrientes de sombra transmarina, con su larga espada de marfil sumergida en el océano ignoto (…)

Gracias Pablo. Afortunadamente sí que existen los narwhales. Ojalá hubieses podido ver alguna de estas fotos. Son una especie de ballenas que habitan, como dices, en los mares del norte. Sus descripciones mitológicas del medievo se corresponden a la perfección con la realidad. Es una lástima que no llegaras a verlas nunca.

 

Estimados amigos, aquí tienen los motivos y el acontacimiento. A mí me llena de ilusión: un ser pacífico, misterioso, marino: el unicornio del mar. Seguramente a Pablo Neruda le habría hecho gracia. De todo ello, sin pretensiones de ninguna clase, lo próximo que publique lo haré con este nombre con el que ya me identifico.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa

Narwhal Tabarca.