Web personal de Narwhal Tabarca
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Estimados amigos,
Antes de ayer salimos de urgencia a valorar los destrozos de un huracán que azotó la zona de Concepción, en Paraguay. Los vientos de 150 a 180 kms por hora fueron llevándose todo lo que pudieron encontrar a su paso. Como siempre, las casas de los menos favorecidos fueron las más afectadas. El mismo día que llegamos se repartieron en torno a unas 1.600 chapas de zync para recubrir los techos, sin embargo, las familias afectadas ascienden a 874 (unas 4.370 personas). Les dejo con las fotos, que dicen más que mis palabras.
Reciban mi abrazo y mi sonrisa,
Narwhal Tabarca.
Estimados amigos,
vuelvo otra vez a la fotografía. En este caso, quiero compartir con ustedes estas tomas que he hecho durante la distribución de Ayuda Humanitaria en los barrios campesinos de Horqueta (Dpto. de Concepción, Paraguay). Espero que sean de su agrado. Si hacen click sobre las imágenes podrán verlas en grande.
Un fuerte abrazo, una amplia sonrisa,
Narwhal Tabarca.
Estimados amigos, el otro día le tocó a las fotografías, y hoy he querido compartir con ustedes algunos poemas que he estado escribiendo desde que llegué a Paraguay. Ahí van,
1.
Fue como quise insinuarte,
así, ¿te das cuenta?
me despedí de tí
en el hall del hotel Cecilia
y te vi marchar
con una sonrisa dibujada en el rostro
y una débil promesa en nuestro beso
y, sin embargo, seguías allí
cuando llegué a mi cuarto
y me abriste la puerta.
Seguíamos susurrándonos
futuros de aire
cuando nos venció la noche
con su beso…
Fue como quise insinuarte,
te quedaste aquí
cuando pensaste que ya te habías marchado
y me volví a dar cuenta
así, bien de mañana
cuando tu voz me despertó
con la alarma de mi movil
y era de tabaco y channel
el olor del cigarrillo que prendí
pensando en tí.
Luego tus dedos,
esos dedos tuyos de fuego y nube
que me acariciaron el pecho
cuando entré en la ducha
y eras el agua y el recuerdo
de unos ojos
clavados en mi labios,
mientras cerraba los párpados.
2.
Es como llegar
con los ojos cerrados,
con una confianza de gorrión en su nido
y paso firme, de elefante diría.
Con voz y sombra
de campesino viejo
pronunciando los dichos
que le dijo su abuelo,
se presentó la vida
de repente, por sorpresa.
Me dio los buenos días
desayunó conmigo
y sin saberlo apenas
me hizo su aliado.
Desde ese día
yo ando con las manos,
no miro al suelo
y así voy descubriendo
las copas que me brindan
los árboles y el vino.
Una buena mujer y bella
habita entre mis brazos
y atesoro sonrisas,
para ganarme la vida.
Así ha sido,
las nubes no me quitan
el ojo, ni el sueño
las sillas me valen
casi para cualquier cosa,
sigo los consejos del río Pilcomayo
y la senda que me ofrece
travieso el Paraná
- me recuerda siempre
que una vez fue mi amante,
que sabía de mi vuelta
para beber de sus dedos,
así abre sus manos, yo procedo,
y río su ocurrencia
de amigo y de amor-
Pude dejar atrás cualquier cosa
y no recuerdo bien
si era buena
o si era mala:
una mujer mirando un horizonte nuevo,
una familia, un perro, una casa.
Obligaciones quedaron
que me martilleaban
con su celo insaciable
y yo le daba golpes, a veces diría,
por compasión quizá;
no pudieron dominarme
ni pude dominarlas
y como no me extrañan
yo tampoco lo hago,
y el tiempo anda al galope
entre su yugo y mi voz.
3.
Jorgelina,
una paloma brota de mi garganta
y es de seda la estela de nubes
que abate con sus alas.
Jorgelina pronuncio
y surge un pueblo de puerta abiertas
y de olor a tu vientre.
Jorgelina digo y ¡Zas!
una orquídea se abre
como un reloj de arena
sin arena
que marca un tiempo
que pasa, humilde, sencillo
restándose importancia.
Eterna entonces, Jorgelina,
llegué, llegaste, nuevos
como quien llega a casa
cada día.
¿cuántas veces habíamos hecho todo ya
cuando lo hicimos por vez primera?
¿te das cuenta?
le llevamos ventaja al tiempo
y, al fin, le ganamos la partida
- lo que no le dijimos nunca
fue que nos sabíamos ya
desde tu eternidad y la mía,
en cualquier sitio,
en todas partes-
Jorgelina,
reclamas mi silencio
solo cuando quieres descansar
sobre mis labios,
y te acurrucas en ellos
de pies a cabeza,
reclamas mis caricias
cuando el jamás no existe
y mis manos recorren
el pueblo que eres.
4.
¿Qué te puedo decir
después de todo?
después de que asomara
un vendaval de colores
por encima del río,
y que me descubrieras tu tierra
en la fina extensión de tu dedo.
Después de oler a tí el día entero,
entre tus brazos
y la fiaca del domingo.
Qué te puedo decir,
después de demostrarme
que no me canso
de reposar en tus labios,
y que tu entrega
tiene piel y voz de infinitud,
-en ese momento en el que ya
hasta mis brazos son parte de tu cuerpo-
y es tu voz
un prolongación, un eco
de lo que no callé
y es tu silencio
una prolongación, un eco,
de lo que no te dije.
Y, sin embargo, sigo sin saber
qué poder decirte,
después de todo.
5.
No es mala idea bajar al bar todos los dias,
respirarme un poco,
para ser ese viejo escarabajo, modelo brasileño
que parece más chato y más redondo,
confundirme con el vicio de las señoras
que frecuentan el Café Literario
y serme yo,
sin benvolencias
ni complacencias.
No es mala idea bajar al bar todos los días,
pisar la calle,
ser la calle,
tan lejana a veces,
en mi retiro por las nubes.
Robarle una conversación al aire
y a la mesa de al lado
- de asuntos vanales, como todo lo ajeno-.
Un poco de ruido
no le viene mal a este silencio
que me hace hablar con nadie
y enfadarme a gritos
y volverme loco, en ese momento
en el que todo vale.
¡Es tan gratificante bajar al bar todos los días!
sentirme así,
como un perro de nadie,
imaginar que puedo
mear en las esquinas
y si mendigo entre las mesas, ceno
sin gastar un solo guaraní.
Sentir que no me observan
mientras escribo esto,
siendo espía del pais que me siento,
un quizá vacío,
un consenso a medias,
o la salutación de todas las gallinas
al gallo que se acerca.
Y así, mientras escribo,
hoy, que decidí bajar al bar
todo parece deliciosamente extraño
- y, sin embargo, igual que ayer
en esta mesa-
el Mariscal López pasea a mi derecha
con veinte años menos y doce kilos más,
observa a una chica, que a su vez me observa,
me ve escribir y escribe
-por mimetismo creo-
y en su cuaderno nace también otro poema,
haciendome sentir, muso, poeta y perro.
Es tan gratificante bajar al bar todos los días
que creo que comienzo a odiar mi casa en las alturas,
quizá fuera mejor hacerme zapatilla
para pisar la calle y el polvo del Asunción.
6.
Dibujar,
dijo el dibujo del brujo Corujo.
Dibujar los niños
dibujar los árboles
dibujar la voz
-aunque técnicamente no se pueda,
si por técnica entendemos esa extraña excusa
para no dibujar-
dibujar un lápiz que dibuja un lapicero
dibujar tus labios, tu rostro
dibujar tu pelo,
convertirte en un concierto
de luces, de sombras
que se extiendan todas
por la yema de mi dedo.
Dibujar la luna, a cuatro trazos
las estrellas, las nubes,
los hombres y los hombres
dibujar visiones y misiones
dibujarle alguna laguna
a la luna de antes
dibujar el sol,
después de tu marcharte,
y que siempre llega
aunque ya sea tarde.
Dibujarte perra, lenta, atenta
cuando estás que ardes
dibujarte llana, plana, tan cobarde
dibujar y dibujarte
pero solo cuando me canse
de escribirte y describirte
no se si me entendiste..
7.
Llegar,
para contarte cosas
bien distintas siempre
aquellos que sabías
pero nunca floreció
-porque las mismas historias
se hacen nuevas,
como una rueda que siempre pisa ahí
y nunca se repite-
así vamos compaginando la vida,
con tu halo de escucha
rodeando mi voz
complacida por tí.
De esta forma,
podría yo inventarte,
reinvindicarte,
ser capaz de volarte
a toda costa.
Imaginarte entonces
es simplemente serte,
ser tu piel por la mañana
reposada, distante, evadida,
tu pelo enmarañado
tu voz ausente
trágico tu sueño, que no llega
terco tu interés en prolongarte
con la noche
decidido el abrazo que reprimo,
soy
serte
cuerpo entregado a la lascivia
ajeno a mí
y, sin embargo, yo.
8.
Te esperto
sentado en el café.
Una fría tarde de invierno
languidece afuera, oscura.
Bajo mi mano, apenas,
un estertor de espejos
y sobre mí, sin duda,
la lentitud del tiempo.
Puedo pasar horas
sumido en tu recuerdo
manlentender la vida
que se pronuncia débil
celando su mensaje,
tener algún segundo
de lucidez sin tregua
y, sin embargo,
no hago más que esperarte.
Porque es otro color
el que baña las cosas,
me hablan otras voces
de futuro y entrega,
otra noche se abre
a pesar de mis pasos,
y el verso dormita
cuando tu llegas.
9 (versión Paraguaya)
No dejo de ser un niño
jugando a la cogida
en Asunción
- con lo que ello implica-
si me toca, te encuentro
te arrincono y te cojo.
si te tocas, me muero
si te toca, me dejo encontrar al toque
para que me cojas pronto
y lentamente, como tu sabes..
¿me coges?
9 (versión Española)
No dejo de ser un niño
jugando a las folladas
en Tunte
- con lo que ello implica-
si me toca, te encuentro
te arrincono y te follo,
si te tocas me muero
ti te toca me dejo encontrar al toque
para que me folles pronto
y lentamente, como tú sabes
¿me follas?
NOTA: en Paraguay el verbo “coger” significa “follar”, por esto el juego de palabras.
Bueno, compañeros, ahí les dejé unos poemas. Estoy abierto a críticas, si se animan.
Reciban mi abrazo y mi sonrisa.
Narwhal Tabarca.
Estimados amigos,
Para autogestionarse sin la ayuda de un ornitorrinco cojo es necesario saber volar. Levantar un palmo del suelo cada mañana puede ser un buen ejercicio y sería muy conveniente repetirlo a diario. No se puede tolerar, ni tan siquiera imaginar, despertarse una mañana y no levantar un palmo del suelo, con la misma naturalidad con la que uno abre los ojos y se pregunta en donde está y en qué momento dejó su vida la noche anterior. Para ello, procederemos de la siguiente forma:
1. Abriremos un ojo, como desición, procurando siempre que el otro quede cerrado, sellado diría, al más puro estilo cachorro canino a de tres semanas de gestación.
2. Hecho esto, y teniendo en cuenta que quizá aún nos acompañen recuerdos del sueño que de inmediato acabamos de abandonar, tomaremos papel y lápiz y anotaremos todos los recuerdos que nos deje, sin dilación ni concesiones. (nota: para ello, es igualmente válido usar un bolígrafo, lapiz de labios, carbón del asadero del sábado, o quizá un poco de óleo que hayamos preparado para esta empresa con antelación).
3. Miraremos a nuestra derecha, si no hay nadie, miraremos a nuestra izquierda, no sin antes tirarnos siete veces de la oreja izquierda, como pequeño castigo por haber dormido en el lado derecho de la cama. Si comprobamos que sea a un lado o a otro existe un cuerpo humano, del sexo contrario, o del mismo sexo (esto según preferencias), que duerme plácidamente, no tendremos miedo en darle un ósculo en la frente a modo de buenos días, siempre cuidando de que no se abran sus ojos, y que el nuestro siga cerrado.
4. Pondremos los pies en el suelo. Mucha atención, porque será en ese momento en el que abriremos muy lentamente, y con sumo cuidado el ojo.
5. Con ambos ojos abiertos, miraremos a nuestra nuca, al principio puede requerir cierto ejercicio, pero una vez que se consiga estaremos observándola por un periodo de no más de 3 minutos.
6. Desplegaremos las alas. Miraremos con entusiasmo (este punto es importante, sin entusiasmo no hay vuelo) cómo las plumas se posan lánguidas sobre las sábanas.
7. Moveremos nuestras alas con delicadeza, no olvidemos que nuestra intención es levantar un palmo del suelo, no un metro ni tres centímetros. Un palmo exacto que podemos tener medido desde la noche anterior.
8. Hecho esto, nos erguiremos sobre ambas piernas, aleteando las alas en la forma descrita en el punto 7.
Estimados amigos, llevo haciendo esto hacen hoy 5 meses. Es reconfortante sentir el vuelo.
Gracias Jorgy.
Gracias a todos.
Un abrazo, y vuelo,
Narwhal Tabarca.
Queridos compañeros,
hace un tiempo escribí sobre una suerte de números que se correspondían con el tiempo que llevaba en Paraguay. Hoy me sorprendo de todo el tiempo que ha pasado desde entonces, y no puedo más que acordarme de las palabras de mi querido amigo Josito, cuando me aseguró que las misiones pasan en un suspiro. En aquel entonces, sentados en una mesa del Restaurante “Bandera”, de mi compadre añorado Yeray, mientras almorzábamos, sacándole un poco de tiempo al día, durante la organización de un curso de los Equipos de Respuesta en Emergencias Internacionales (ERU), Josito recordaba lo que había sido su primera misión de desarrollo en Angola.
De aquello ha pasado ya casi un año, y no deja de sorprenderme tampoco eso. Pues bien, hoy, en la desidia del sábado, me he puesto a hacer números. No sé bien por qué sabía que por alguna parte me iba a encontrar de bruces con el temido 666 (aunque un poco de historia será suficiente para disipar todo miedo al número y su implicación en asuntos demoníacos). Pues bien, y para no salirnos demasiado del hilo de lo que quiero contarles. Hoy, como digo, haciendo números sospechando que de una u otra forma me encontraría con tan renombrada secuencia de seises, me he dado cuenta de lo siguiente.
Escribo estas palabras el día 6 de septiembre, habrán notado que he cambiado el diseño de la página -solamente por probar- teniendo en cuenta que llegué a Paraguay el día 25 de abril, hoy hacen exáctamente 135 días que estoy aquí. Como saben, he venido por un año, es decir 365 días, luego para saber el tiempo que me resta de misión solo tengo que hacer una operación muy sencilla: 135-365=230. Me quedan 230 días de misión, efectivamente, sin embargo si a ello le quitamos el mes de vacaciones que aún no he disfrutado y que espero poder hacerlo en navidad, los días de trabajo que tengo por delante son: 200. Un número redondo, bonito y además cariñoso, no se por qué, pero me lo parece.
Pues bien, de 200 días quiero saber cuantos meses me quedan, pues, pisando este país cargado de contrastes y enseñanzas, así que divido 200 entre 30 (que es la media de la duración de un mes) y obtengo el número fatídico: 6,66. Ahí lo tienen, si fuera superticioso esta noche no saldría a un asadero que me han invitado. Pero como no lo soy, pensaré en esta casualidad cacho carne y ron en mano.
Que cosas tengo la verdad….
Un abrazo, una sonrisa,
Narwhal Tabarca.
Queridos amigos,
hoy me he despertado con las fuerzas renovadas. Cada día es un reto, una manera de seguir disfrutando de la vida, de aprender cosas nuevas, y a mí, desde hace tiempo, me ha dado por intentar dominar la fotografía. No es tarea fácil. Quien lo haya intentado sabrá que jamás se llega a conseguir del todo. Siempre hay algo que se escapa, los juegos de velocidad de obturación y diafragma para conseguir una exposición perfecta, o usar uno y otro por separado para ir en busca de los efectos fotográficos (profundidad de campo, detalle selectivo, fotografía en movimiento, barrido de fondo…), las luces, el empleo de los flashes, la iluminación, la composición, la creación de un reportaje fotográfico que sea dinámico y entretenido, las focales, el uso del zoom, el gran angular, el macro; y, además, y sobretodo, estar ahí en el momento en que la foto surge y queremos eternizarla.
En verdad es un equilibrio muy complicado de mantener, para poder conseguir la mejor foto. Como digo, en esta línea he estado trabajando desde hace años. Por eso he querido hacer una pequeña compilación de mis mejores fotos para ustedes, para que las disfruten y las critiquen, por supuesto.
Ahí van:
Compañeros, perdonen el desorden, las fui bajando conforme las veía. Espero que les hayan gustado. Si me quieren dejar algún comentario se los agradezco.
Reciban mi abrazo y mi sonrisa detrás de la cámara.
Narwhal Tabarca.
Queridos compañeros,
Otra vez vuelvo a decir aquello de “hace tiempo que no escribo”, sin embargo, en este caso ha sido el trabajo que me ha tenido bastante absorbido estos días. Bueno, al caso, estoy bien. De hecho quizá bien sea un eufemismo para querer decir que me siento feliz. Es cierto, el trabajo me desborda a veces, pero ¿no es cierto que las horas que estoy pasando, despertándome a las 6 de la mañana, acostándome a las 2 muchas veces y cansado hasta la saciedad de reuniones, paciencia, negociaciones, paciencia, revisiones de facturas, y otra vez paciencia y dolores de espalda -la silla es tan dura como el mármol y parece haber sido diseñada por un buen ideólogo de la Inquisición- no es cierto, digo, que todas las horas que paso así, ocupado, se revierten minuto a minuto en el bienestar y la lucha por el alivio de los más vulnerables? Efectivamente, amigos míos, quizá lo que esté haciendo aquí, en el día a día, no dista mucho de lo que tenía que hacer cuando me dedicaba a la empresa. Pero es el motivo de la lucha lo que cambia, el por qué se hacen estas cosas. En efecto, antes trabajaba para apoyar la supervivencia y buena vida de algunas empresas privadas, sin embargo, ahora todo es distinto. Y esto lo siento cuando visito los proyectos, lo veo en la sonrisa de los niños cuando ven cómo crecen las semillas que han plantado, y se sienten útiles, y parte de este mundo, que quizá no los odie tanto. Por este motivo, espero poder seguir luchando de esta forma, y de este lado de la frontera, aportando de a poco lo que me supone mucho: mi tiempo, mi esfuerzo, mi vida.
Esto es lo que hace reconfortante el sufrimiento, a veces intolerable como la necesidad de tabaco en una isla desierta, que me provoca la distancia. Menos mal que aquella etapa de dudas y desesperaciones pasó, así sin más, sin penas ni glorias. Un día, como otro cualquiera, me desperté por la mañana, de un salto me metí en la ducha y ya todo había cambiado. La actividad me llena por dentro, la entrega me mantiene vivo, la ilusión me deleita y refuerza mis ideales. Estoy orgulloso, queridos amigos, hasta el punto de que quizá me esté convirtiendo en un paria, o tal vez me esté dando cuenta de que es el mundo mi única nación. Seguiré luchando por que esto no acabe, seguiré luchando porque todo acabe pronto. Porque no querré dejar esta vida de entrega al desvalido, porque desearé que no existan desvalidos.
Queridos amigos, gracias por seguir ahí. Estoy deseando tomarme una caña con todos ustedes, algún día, pronto. De momento, seguirá el despertador sonando a las 6 de la mañana.
Un fuerte abrazo, una amplia sonrisa.
Narwhal Tabarca.
Estimados amigos,
La otra noche nos aburríamos un poco, así que decidimos agarrar la guitarra y emular la angelical voz de los nocheros. Aquí está el resultado, si me preguntan les diré que yo no soy quien sale pegando pujíos como un condenado, la culpable es Jorgy, que me estaba pisando un callo.
Un fuerte abrazo, una gran sonrisa, y una cancioncita.
Queridos amigos,
Asunción es últimamente un hervidero de manifestantes. Cada mañana, desde las ocho, los manifestantes se concentran en la Plaza Uruguaya (junto a mi casa) y emprenden una marcha normalmente hasta el congreso de los diputados. Pues bien, cuando acaba el evento, si uno observa con detenimiento, puede encontrar escenas tan curiosa como esta que tuve ocasión de grabar. No hago comentarios al respecto, porque se comenta a sí misma. Espero que les guste,
Un abrazo y una sonrisa,
Narwhal Tabarca.
Hola nenita,
me ha sorprendido bastante tu mensaje. Sí, estoy bien. La verdad es que en ocasiones considero que este pais es para poetas. Desde la seis de la tarde es de noche, y, como sabes, soy noctámbulo; quizá no tanto como un murciélago, pero por supuesto nunca menos que un buho. Y puedo gozar de la magia de la noche durante el día. Esto me da buenos momentos de lectura, de escritura, incluso de dibujo. Me he comprado un juego de lápices y estoy dibujando bastante. Algún día de estos, cuando se me ocurra la manera de hacerlo de tal forma que se vea bien, colgaré algunos de los dibujos que he estado haciendo.
Sin embargo, la noche, con su doble cara de espada, y su doble filo de hacha, también me trae viejos y largos recuerdos. Me acuerdo de algunas palabras que digitalizaron tus dedos en las teclas de un movil, y siento lástima por tí. Quizá sea la necesidad lo te haga ver que no merecemos nada de cuanto nos rodea. ¿sabes quién fue Shidartta? no te preocupes, ya te lo digo yo, Shiddarta era un niño de papá, que no pasó hambre, ni frío, ni sed jamás, pero sí miseria. Como bien sabes, la miseria no consta de no tener, sino de querer lo que no se tiene, y Shiddarta no tenía nada de cuanto quería: libertad, autodeterminación, camino, pies, paisajes. Efectivamente, Shiddarta no se tenía a sí mismo. Por eso un día se cansó de tanta monería, colgó sus trajes caros, sus lujos, todo aquello por lo que algunos le admiraban, y decidió andar, casi desnudo, camino al bosque. Pasó mucho tiempo, nenita, hasta que Shiddarta aprendió que el orgullo no lleva a ninguna parte, y también que el silencio es a veces más doloroso que las palabras. Por eso lo he guardado con celo, porque los actos que llevamos a cabo tienen que tener consecuencias. Si no fuera así, nada tendria valor, ni, por supuesto, sentido. Shiddarta siguió andando durante largo tiempo, te decía, y se sentaba horas y horas a orillas del río, porque sabía que el río le quería contar todo aquello que nadie le dijo nunca. Un día escuchó su voz de agua. Entonces Shiddarta murió sobre el fango, y nació de su cuerpo Buda. Así es, andar el propio camino siendo siempre un discípulo humilde y sencillo, pobre pero ya jamás miserable, para acabar siendo un día un maestro, y que te sorprena que así te llamen, porque no te consideras nada más que un hombre.
Espero que todo te esté yendo bien. También me he acordado mucho de tí. Te quiero hermana.
Recibe mi beso, mi abrazo y mi sonrisa,
Narwhal Tabarca
Queridos amigos, hoy hace exáctamente 65 días que estoy en Paraguay. 65 días que han estado cargados de experiencias, novedades, agobios, alegrías, vuelos, aterrizajes forzosos, dolores de hombro y de hombre, añoranzas, inseguridad, aprendizaje, miedo. 65 días desde que salí de Madrid (79 desde que salí de canarias). Vine por 365 días a este pais, me quedan 300, y, sin embargo, sigo pensando que no es posible resumir la vida a tanto número. Llevo aquí el 17% del tiempo para el que me mandaron. Hay quienes dicen que ese es, aproximadamente el porcentaje de tiempo que se necesita para agarrar las riendas de tus proyectos en el extranjero. Yo no sé si será así. Sin embargo si noto que estos dos meses me han servido para mucho más de lo que vine a buscar. Lo pienso ahora, y me parece poco. 65 días en los que se condensa tantas cosas que he visto, y que sería incapaz de referir, y ustedes de soportar mi narración. Es así, creo, algo va quedando siempre dentro de uno, y es precisamente eso, lo que va quedando, lo que luego es la vida, acaso un atajo de recuerdos. Pienso, entonces, si el pasado es solo, y nada más que eso, y el futuro son planes y proyectos en el aire de los cuales convertimos en pequeñas ruinas en un campo inmenso (como si hubiese pasado Atila con sus trajes de piel de rata y su hedor inaguantable), entonces, queridos míos, me quedo con el presente. El ahora. Este momento en el que escribo, este cigarro que me fumo, esta ciudad que hoy es pasto del llanto de las nubes. No miro hacia atrás, no miro hacia adelante.
Cuando aprendí a montar en bicicleta, mi padre siempre me decía que no mirara a la rueda, porque me iba al suelo de narices. Tenía razón. Sin embargo, en la vida uno se cae de bruces si mira, justamente atrás o adelante. Es una opinión, discutible si quieren.
Dentro de poco les quiero poner un video gracioso que grabé el otro día, y también algunas fotos de niños paraguayos. Ya saben que el retrato de niños de distintas etnias es mi debilidad.
De momento no les puedo ofrecer más que este cúmulo de pensamiento casi inconexos.
Reciban mi abrazo y mi sonrisa.
Narwhal Tabarca.
Queridos amigos,
He estado dándole vueltas al título de este post, y al final me he decidido por decirlo así sin más, de la forma más directa y más cruda. De la misma forma en la que anoche pegamos un brinco de la cama mi novia y yo cuando escuchamos al enano chichar, de la misma forma en la que corrimos a la sala y vimos cómo las fauces del bull terrier pendían, babeantes, sobre el cuerpillo insignificante y desesperado del pequeño pincher, de la misma forma en la que lo agarré y me mordió la mano en una histeria de supervivencia en la que pensó que mis dedos eran los dientes de su verdugo. Al fin, queridos amigos, de la misma forma en la que dejó de existir, sobre las sábanas de mi cama en donde tantas veces habíamos jugado juntos. Un último boqueo intentando recuperar el aire que se le escapaba por las perforaciones de sus pequeños pulmones, y allí quedó, como dormido. Ya no verá canarias el enano, ya no verá nada.
Queridos amigos, sé que es solo un perro, pero en la soledad de la distancia, en la que mi familia se resume a poco, entiendan que no solo es un perro. Aún no puedo creerlo. Se acabó Key, se acabó.
Un abrazo,
Narwhal Tabarca.
Queridos amigos,
En primer lugar, les vuelvo a pedir disculpas por mi abandono del blog durante este tiempo. Si no he escrito, saben bien que no es porque no les haya considerado. Unas veces incumplo mi trato de tenerles informados de las cosas que me suceden, pero es, simplemente, porque otras cuestiones han consumido mi tiempo con bastante capricho.
Hoy les quiero hablar de un descubrimiento que he hecho. Estoy viviendo en Asunción, como muchos ya saben, más concretamente en una de las esquinas de la Plaza Uruguaya -curioso detalle si consideramos que Uruguay fue uno de los paises enemigos que estuvieron en la guerra de la triple alianza (junto con Argentina y Brasil) y que costó el final de la hegemonía de Paraguay. En fin, grandes cuestiones de la diplomacia, supongo y tampoco es que venga al caso ahora mismo. El hecho es que la plaza no es pequeña ni grande, una cuadra, como dicen aquí. Pues bien, al otro lado hay dos supermercados, uno de cuyo nombre no me acuerdo (y no porque no quiera), y otro llamado “El pais”. Lo cierto es que uno está frente a otro, y se deben hacer una competencia atroz. La primera vez que fui a comprar víveres para el piso entré en el primero. Era una suerte de almacén, medio vacío, con carros casi diría de hojalata cuyas ruedas giran siguiendo una teoría física que no descifro bien, quizá no giran y eso puede justificar el dolor de muñecas que tenía al día siguiente. No se, lo cierto es que aproveché y me dediqué a llenar el carro de todo cuanto vi que podía necesitar en mi casa, que estaba vacía. En estas circunstancias ya se pueden imaginar que cualquier cosa que veía tenía unas ganas tremendas de dar un salto al carro para ocupar uno de los millones de huecos que pueblan mi cocina. Y siguiendo más el instinto de las cosas que el de la prudencia, cargué el carro de líquidos, que de por sí son pesados, sin ningún tipo de reparo. Una garrafa de aceite de cinco litros, seis botellas de cerveza de uno, no se cuantas botellas de refresco, zumos, leche…. Todo ello sin contar las galletas, el champú, el azucar, la sal, en fin, no les enumero aquí mi lista de la compra porque sería aburrido. Al peso es a lo que voy, queridos amigos, al peso. Cuando pagué todo aquello y miré para las bolsas comprendí que tenía un serio problema. Pero me armé de valor. Agarré con la mano derecha el conjunto de bolsas que me pareció más liviano, el más pesado lo reservé para mi otra mano, la fuerte., y puse rumbo a casa, con más voluntad que posibles.
No hube dado cincuenta pasos cuando me di cuenta de que aquella hazaña mía no era más que un despropósito. Los brazos amenazaban con crujir y caer a ambos lados de mi cuerpo. La gente me miraba como si fuera una menina, con la falda a ambos lados, aparatosa y blanca con cientos de logotipos del supermercado que me había dejado marchar a mi suerte, y del que me separaba con muchísima menos velocidad que la pretendida. Es cierto, cuando entré en la plaza Uruguaya ya pensé que no podía seguir, lo peor es que solamente había cruzado la calle. No exagero, los brazos me dolían una barbaridad, y todos los bancos de la plaza me parecían pocos y distanciados unos de otros para poder descansar. No hacía más que pensar en qué haría en esa situación si vinieran a atracarme. Podría usar la botella de aceite como arma arrojadiza, pero para ello era necesario que los brazos tuviesen la fuerza sufiente, y ya escaseaba una barbaridad. Seguí adelante. Tardé cerca de media hora en una trayecto que, así, con el único peso del cuerpo y la ropa, se hace en cinco minutos, quizá menos.
Al día siguiente las agujetas me iban a partir los brazos, y los hombros. Estuve extenuado al menos tres días. Había descubierto algo, ir de compras sería un martirio constante. Por este motivo no pasaron menos de dos semanas hasta que decidí ir a comprar otra vez, pero en este caso cambié de supermercado. Debía haber alguna manera de hacer que las compras fueran algo llevadero, me resistía a pensar que este martiro fuera compartido por todos los habitantes de Asunción. Así que llegué al supermercado “el pais” y me senté en la puerta a observar. La gente entraba, al rato salía cargada de bolsas, yo contemplaba, y se metía en coches. Eso no me valía, no era una solución a mi problema. Así estuve, una media hora, hasta que vi una señora que entró. No reparé demasiado en ella cuando lo hizo, sin embargo si recuerdo que habló con un chico que había en la entrada. Lo que me sorprendió fue lo que sucedió cuando pagó. Vi que traía un carro acaso tan lleno como el mío, había llegado andando, luego no se iría en coche. Estuve atento mientra pagaba. En ese momento vi cómo le hacía una señal al chico con el que había hablado minutos antes, y este, no se de donde, ni se de qué manera, se acercó con un carro enorme, de estructura extraña, y ruedas neumáticas. Recogió todas las bolsas de la señora y salió con ella del supermercado. Ella, llevaba los brazos libres, y a su lado iba una compra imposible de transportar por otros medios más que por aquel carro tan extraño que no había visto jamás. Ja! me dije! he aquí el truco!.
Compañeros, tengo la cocina llena de comida, no sé que hacer con tantas cosas. Y lo mejor de todo es que mis brazos están tan descansados como un bebé que duerme junto a su madre. Así de tontos pueden ser los errores de los novatos cuando se llega a un sitio nuevo. Observación, decía Dalí. Lo repito y lo patrocino.
Un fuerte abrazo, mi queridos amigos, una gran sonrisa, y una cervecita con una tapita de manises! que gustazo!
Narwhal Tabarca.
Queridos amigos,
cada tarde me voy al café literario de Asunción (el bar de la esquina), donde aprovecho para desconectar del día y conversar con mi cuaderno de viajes. Ayer, en esta rutina tan saludable, escribí lo que viene a continuación. Espero que les guste saber estas cosas tan nímias:
Estoy sentado en el café literario de Asunción, y es una delicia. Llego callado y sonriente, cuaderno en mano, cada tarde. Me pido una cerveza, algo para picar y comienzo a escribir. De cualquier manera, a lo que salga.
La verdad, es reconfortante tener un sitio así tan cerca de mi casa. Aunque a veces pienso que me falta un amigo, que me acompañe en estos ratos. Un amigo con el que hablar y que me cuente sus novedades diarias, o sus vanalidades viejas. Cualquier cosa. Un amigo al que insultar a veces.
Hoy pude hablar con algunos a través de internet. Y quise estar allí, tan solo unos segundos, un cubata acaso y volverme. Que raro se me hace estar aquí. Estar haciéndome a esto. Adquirir las constumbres de esta gente ajena. Pasear por las calles me parece extraño. Y sin embargo, más extraño me resulta acostumbrarme. Si no hablo ya me tratan como a un igual, y si hablo me creen venezolano. Esto le debo al acento canario.
Por las mañanas ando un kilómetro o más para llegar a la oficina. Y esto me tiene delgado y me siento algo más en forma. Fumar fumo lo mismo, pero beber casi no bebo. Aquí solo toman cerveza, pero nunca para acompañar la comida, sino como trago para emborracharse, cual cubatas. Esto es precisamente lo que me acabo de pedir yo ahora mismo, un cubatita, porque me apetece. Brindaré por mi hermano que hoy anda con una chica cuyo nombre me reservo. Ayer estaba con otra, con semejante reserva de nombre, y esta noche no se quien será la afortunada (cuando lea esto me mata). A su salud este cubata.
Ahora mismo son las 7 y 24 de la tarde. Me acaban de poner la copa. Que rico el sabor del ron después de tanto, la bebida del pirata. Diría que lo echaba en falta, no por llevar un mes sin tomarme uno, sino por verme obligado a tomar cerveza. Aquí, si uno se toma un ron, lo miran mal. Quizá mal no sea la palabra. Lo miran como si fuera un bebedor añejo, de estos que pueden con todo. Supongo que la visión sería igual que la que podemos tener en canarias de estos señores de pueblo que se desayunan un carajillo bien cargado de coñac y un wisky solo y sin hielo a media mañana. Algo así.
Aquí me ven con un ron y admiran mi hígado. Si fueran a España y se dieran una vueltita por cualquier zona de marcha un sábado por la noche, se mueren. Estas cosas tienen los encuentros entre culturas. Y sin embargo yo no me termino de acostumbrar a esta fijación del paraguayo al Tereré.
El tereré ha sido un tremendo descubrimiento para mí. Cuando estuve en Argentina conocí la cultura del mate, y hoy en día la sigo descubriendo gracias a Jorgelina (que lo toma todas las tardes). Pero nunca nadie me había hablado del Tereré.
El tereté se debe, según creo, al intenso calor del verano paraguayo. Me han comentado que es insufrible, llegando a temperaturas de unos 45 grados a la sombra.
Dicen que cuando la necesidad aprieta, se agudiza el ingenio. Y el paraguayo tiene mucho de necesidad y de ingenio. Por ello ha inventado para estos casos el Tereré. Este invento no es otra cosa que el mate, pero con hielo. Así de simple. Dentro del Termo del agua meten hielo y en el mate (en el vaso) echan la hierba mate, como siempre. Luego ya, como en todo, está la idea original de cada cual, y una se ha seguido hasta el límite de convertirse en costumbre. Se diseñaron grandes termos de agua que albergaban, al menos, dos litros, forrados con piel, con un hueco preparado para la huampa (cuerno de vaca que hace las veces de mate -vaso-), un agarre para la bombilla (pajita metálica con un dispositivo de filtro en la boca) y lo llamaron: equipo de Tereré. Yo quiero comprarme un equipo de tereré en estos días. Como recuerdo y para aficionarme a él. Además, este pequeño invento siguió sufriendo modificaciones y añadiduras y en el campo comenzaron a añadirle lo que denominan Yuyos (o remedios). Así, si uno tiene cualquier tipo de dolencia basta con que use un yuyo determinado para aliviarla (no son más que remedios de hierbas). Así, además, de refrescar en verano, cura.
Me gustaría conocer algo más acerca de los yuyos. Estoy convencido de que adentrarse en este conocimiento es tanto como abrir una puerta al valioso mundo de los remedios naturales antiguos, transmitidos de boca en boca, desde tiempos inmemoriales hasta hoy. Lo tengo decidido, mañana me compro mi propio equipo de tereré. De momento voy tirando con una bombilla y un mate (el segundo que me compro ya en el mismo sitio) de los que bien podría decir que son casi de usar y tirar. El primer mate paraguayo me duró 4 días. Lo compré en una gasolinera de Asunción (que por cierto hay muchísimas) y era de palo santo del brasil. Ya me había advertido Jorgelina que estos mates duran poco. Como digo, al cuarto día expiró porque se resquebrajó en manos sus manos haciendo un ruido bastante peculiar y que provocó nuestra risa.
El segundo es también de madera, pero está recubierto de metal. De momento ha durado un mes, pero dice Jorgy que estos se agujerean cosa mala. Ya les contaré cuanto dura. Mañana por la tarde me compro ese equipo de tereré con huampa. Y cuando vuelva a España le llevo uno también a Rosa, que estará echándolo de menos y ahora entiendo por qué. Con el calor de canarias es de entender.
Me despido que me echan en cuestión de minutos”
Estimados amigos, es solo una anotación de un día cualquiera. Pero así saben como van siendo mis dias cualquiera.
Un abrazo, una sonrisa siempre.
Narwhal Tabarca
Querdos amigos,
espero que les guste,
Un abrazo de verso y piano.
Narwhal Tabarca.
Queridos amigos,
amanece un sábado en Asunción lleno de calma, de excesiva calma diría. Ya no me siento como un recién llegado, y las horas comienzan a reclamar mi acción. La rutina que sigo puede llegar a convertirse en tedio y no tengo razón para sentirme vulnerable. Es cierto que no conozco aún a mucha gente, y sin embargo la tentación me lleva a depender de estos pocos que me dedican su tiempo casi, quizá, por compasión. Debo cambiar mi actitud en estos lares, debo comenzar a existir, cuando la palabra existir recobra todo su sentido (ex-ire; salir de uno mismo, manifestarse). Por consiguiente, debo dar un paso adelante de autosuficiencia para empezar a ser un paraguayo más. Es la única forma de resistir un año entero en este país (acaso en cualquier pais que no sea el propio).
Si no doy este paso al frente, los días corren cubiertos de una desidia que podría llegar a ser dañina, encerrado en la habitación del hotel, sin tener a donde ir, sin saber qué hacer, buscando cosas en el internet, o leyendo, o simplemente haciendo tiempo mientras espero a que alguien se acuerde de mí. A menudo miro el blog, no tengo nuevos comentarios, y cada vez que esto sucede recuerdo cuando muchos de los que me despedí antes de mi partida me prometieron su visita y sus palabras. No les culpo, allí, en cualquier parte, todo sigue siendo lo mismo. Yo, sin embargo, comienzo a tener la tentación de convertirlo todo también en lo mismo. Me llega a molestar que entren a limpiar el cuarto, y agradezco la ocurrencia de quien inventó el cartelito de las puertas de los hoteles en las que dice aquello de “no molestar” y a las que tantas veces di la vuelta con mi hermano, haciendo trastadas de niños.
Mi hermano ha llegado a Sudamérica, pero ha errado el destino. Se fue a República Dominicana en vez de venir a Paraguay, siempre seguirán habiendo cosas que no entienda. Quizá hoy me sienta solo, y por esto me molesta su ausencia. Quizá dentro de unas horas me sienta repleto y ni siquiera me acordaré.
Aquí todo parece distinto en ocasiones, salir del hotel puede ser una aventura si uso se deja llevar por las recomendaciones de seguridad. No vale entrar en la ducha y salir al mundo, al menos no con esta facilidad. Desde ayer llevo dándole vueltas a la cabeza si es buena idea que me monte en un taxi y que me lleve al Shopping del Sol. No sé que habrá en el Shopping del Sol, pero lo he visto varias veces desde afuera y tiene toda la pinta de ser un centro comercial como el Atlántico de Vecindario, o incluso mayor. Supongo que una vez allí todo será seguir descubriendo.
En fin, mis queridos, hay ocasiones en que es necesario revolcarse en la desidia para salir de ella con más brío. Me voy a la ducha. Les debo (para próximos posts) contarles que ya tengo casa y me dan las llaves el lunes, y ponerles fotos y algún video sobre las poblaciones de beneficiarios de Areguá. Ya les contaré.
Un abrazo, una sonrisa (de recién despierto)
Narwhal Tabarca.
Estimados amigos,
hoy he decidido ponerles un vídeo que hice en estos días sobre uno de los proyectos que estoy supervisando. Se trata de la creación de una microindustria de acopio de leche en el departamento de Ñeembucú, al sur de Paraguay. Para los que no estén muy acostumbrados a la cooperación internacional les cuento que no todo son camiones cargados con útiles de primera necesidad en momentos de catástrofes (parece que estamos acostumbrados a ver solamente la parte de la Ayuda Humanitaria o de Respuesta ante desastres), no, eso también se hace cuando es necesario, pero la inmensa mayoría de la cooperación, se trata de cooperación al desarrollo (no me des los pescados, enséñame a pescar).
Pues bien, este vídeo que les pongo a continuación es uno de estos proyectos de cooperación al desarrollo. Está financiado con fondos de la Comunidad de Castilla-La Mancha. Se trata la construcción de una nave de producción de productos lácteos (leche, yogurt y quesos) que se gestionará por los mismos beneficiarios con el asesoramiento tanto de la Cruz Roja Paraguaya, como de la UNA (Universidad Nacional de Asunción). Los beneficiarios son pequeños productores ganaderos, que tienen las vacas pero no tenían los medios y el asesoramiento suficiente para crear una Asociación, aunar fuerzas y comerciar estos productos en el mercado.
Ahí les dejo el video, espero que les guste.
Por cierto, aprovecho ahora para mandarle un beso enorme a la familia de Aida.
Un fuerte abrazo y una sonrisa amplia
Queridos amigos,
quizá hasta ahora no haya tenido tiempo de darme cuenta aún en dónde estoy y qué supone todo esto. Cuando uno viaja, la adaptación interior no va al mismo tiempo que la corporal. Sin embargo, en este caso ha sucedido. En ocasiones pienso y me da la sensación de que llevo aquí meses o años; y en otras ocasiones, el encuentro cultural me da en las narices y me hace darme cuenta de que en todas partes hay costumbres bien distintas a las mías. Es cierto, y pongo un ejemplo para hacer más gráfico el tema. El miércoles pasado estaba trabajando en la oficina, con todo el personal local. Serían las dos, aproximadamente, cuando todos recogieron sus cosas y empezaron a meterme prisas para que yo hiciera lo mismo. No tuve inconveniente, aquello me generaba curiosidad. Así que recogí todo los mío y les seguí. Yo ya me había dado cuenta, durante la mañana, que todos vestían de otra guisa. Con un toque de elegancia y distinción, diría. Perfumados, y maquilladas ellas.
Cuando salí de la oficina, casi en volandas, me metieron en un coche. El destino era un restaurante de lujo en la calle Jorge Bergés. Obviamente estaban celebrando algo, aunque no había adivinado aún el qué. Efectivamente, cuando entré en el restaurante, todo el mundo comenzó a felicitarme. Yo sonreía y daba las gracias sin entender cuales habían sido mis méritos. Pero Ay!, desde la mudez de mi incomprensión observé, y entonces comencé a darme cuenta de que no era yo el único agasajado! todos se felicitaban mutuamente. Procuré ganar el tiempo perdido, hice lo propio, comencé a felicitar a diestro y siniestro y me di cuenta de que mi gesto era bienvenido.
Por un momento llegué a pensar que se había adelantado la navidad. Que aquella costumbre sería algo así como una cena de invierno como las que hacemos en España por las fiestas estivales. Y no me equivocaba. El motivo: el día del trabajador. Cuando me di cuenta, además de respirar aliviado, reí en silencio.
Así es, un detalle tonto en un día cualquiera. Un detalle tonto, que subestimarlo sería imprudente. Es así, de a poco, como va entrando un país entre las venas, con calma, con sosiego, con pequeños descuadres en la conciliación de nuestra cuenta emocional.
Así es el paraguayo que he conocido hasta el día de hoy: hospitalario y expontáneo. Da la sensación de que todos tienen algo que hacer, y todos saben bien cómo hacer lo que deben. Esta foto en la que salgo de espaldas se trata de una visita que hice a una comunidad en un lugar llamado Mariano Roque Alonso. No se aprecia, pero a la izquierda de mi compañera hay unas escalinatas escarbadas en la roca con una pendiente impresionante. Por ahí tuvimos que descender para llegar a la comunidad, en medio de esa mata de vegetación preciosa que se ve a mis pies. Hasta cuarenta viviendas se pueden encontrar por el camino que va acompañado por un riachuelo y varios cerdos durmiendo o paseando plácidamente. Un paraje realmente bello y tremendamente insalubre cuando a dengue, fiebre amarilla o malaria se refiere. Es sabido que los mosquitos ponen sus criaderos en las aguas estancadas, pero no pensemos en grandes lagos ni reservorios, antes bien, cualquier charco, sea dentro de un neumático o en las canaletas de drenaje de la lluvia en los techos de las casas, pueden convertirse en perfectas mansiones para estos insectos de la muerte.
Y en esta foto les muestro algunas de las personas por las que decidí un día hacer lo que hago. Estar entre los más defavorecidos me hace feliz. Qué gran máxima esta de la de aliviar el sufrimiento ajeno.
Desde Asunción, les mando mi abrazo y la más satisfecha de las sonrisas.
Narwhal Tabarca.
Queridos amigos,
les prometí tener el blog actualizado para que fueran sabiendo que tal iban las cosas por estos lares. Aquí estoy, con ánimo de cumplir mis promesas. Llegué ayer vía Buenos Aires. El vuelo desde Madrid se hizo corto porque vine dormido casi todo el rato, luego desde Argentina hasta aquí también (pero en este caso fue simplemente porque era corto de por sí -una hora y media como mucho-).
La primera impresión que me dió Asunción fue que parece una ciudad inserta dentro de una selva enorme, no me esperaba que fuera tan verde (de hecho en el google earth tampoco lo parece). La humedad aquí es tremenda, ayer mismo tuve que cambiarme la camisa y ducharme un par de veces para sobrellevarla, hoy, sin embargo, lo he aguantado mejor (el cuerpo se adapta a todo). Tan pronto llegué me invitaron a comer en un sitio que se llama Un toro y 7 vacas, en recuerdo del primer rebaño que entró en este pais y del cual surgieron, según cuentan, todos los vacunos que hoy suponen uno de los ingresos más importantes. Así es, aquí las clases adineradas son, en su mayoría, ganaderos, y la verdad es que hay carne por todas partes. Fue exáctamente lo que comí en ese restaurante de tan peculiar nombre. También probé la sopa paraguaya. Se sorprenderían como yo cuando la piden y ven que lo que les traen es un bizcocho (queque) sólido, de forma cuadrada que se corta con un cuchillo. Al parecer la tradición dice que este plato surgió porque una sirvienta en una mansión, con no se quienes personajes ilustres sentados a la mesa, se descuidó mientras hacia una sopa de maiz. La dejó al fuego demasiado tiempo, hasta que el agua se evaporó, y esta señora, al darse cuenta, se armó de valor y sacó a la mesa aquella torta sin explicar cual había sido el problema. Desde entonces este plato se hizo famoso en el Paraguay.
Si les tengo que hablar del habitante de esta tierra, les puedo decir sin atisbo de duda que una de sus mejores cualidades es el acogimiento. Tanto en el trabajo como los miembros de las familias de Maria Rosa y Raquel (dos amigas paraguayas que viven en canarias) han sido espléndidos anfitriones. Me van a disculpar que en este post no adjunte aun documenos gráficos para que vean además de leer lo que les cuento. Dentro de poco empezaré con las fotos y los videos, de momento que valgan las palabras
Queridos amigos, si tuviera que decidir de nuevo lo que estoy haciendo hoy, decidiría lo mismo. Esto es una buena señal.
Reciban mi abrazo y mi sonrisa siempre.
Narwhal Tabarca.
Queridos amigos,
Desde hace tiempo he tomado el silencio por opción. Estaba esperando una confirmación, una llamada de teléfono, un mail, algo que me asegurara que lo que ahora les voy a contar fuera cierto y definitivo.
Recordarán que hace más de medio año me permití la licencia de transcribirles aquí la carta de motivación para salir de Delegado Internacional. En aquel entonces todo se vislumbraba como un camino desconocido y tremendamente complicado para alcanzar aquello que se había convertido en mi sueño. He estado desde entonces aferrado a mi lucha, a la frase que me regaló Ana en un bar de la calle Francisco de Sales “vivimos la vida que queremos vivir” ¿recuerdan?.
Queridos amigos, hoy les puedo decir, con total seguridad y mayor ilusión que el momento ha llegado. Salgo para Paraguay. Atrás dejo una vida, una opción a la que renuncié, una relación de pareja perfecta sacrificada por este sueño que tiene los ojos fijos en la humanidad. Dejo mi casa, mis amigos, a Ica, la pequeña bola de pelos que me salió al paso hace ya más de tres años y que hoy mueve la cola cada vez que respiro. Atrás dejo todo en un sacrificio que no entiende de concesiones. Delante tengo una meta, un nuevo mundo, un descubrimiento de mi mismo. Delante tengo un reto que me hace sentir más vivo que nunca. Paraguay será mi hogar al menos durante un año.
Quiero compartir con ustedes este momento. Y también este video. En él pueden ver a donde parto, los rasgos, las miradas, las expresiones, las sonrisas de los beneficiarios. Yo seguiré actualizando el blog allá donde esté, así que a partir del próximo viernes 11 de abril (2008) – que será cuando parta a Madrid – empezará una vida que procuraré seguir retratando en este humilde blog.
Gracias a los que me apoyaron, gracias a los que sabían que esto llegaría.
Reciban mi abrazo y mi sonrisa,
Narwhal Tabarca