Web personal de Narwhal Tabarca

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Tormenta en Asunción.

27, octubre 2008 —

Estimados amigos,

ayer por la noche, estaba tumbado en la cama, cuando de repente comencé a ver unos flashes tremendos que entraban por la ventana del balcón. Ilusionado con la posibilidad de haberme hecho famoso, y ansioso por recibir las fotos de miles de seguidores de no se qué oculta cualidad que debía de tener, di un salto de la cama. Sin embargo, cuando salí al balcón -con mis peores guisas, todo sea dicho de paso, a saber uno gayumbos y un solo calcetín puesto en un solo pie (una costumbre que tengo de pequeño), vi en lontananza un espectáculo de rayos y truenos que me dejó bastante fascinado. No pude hacer pues otra cosa que ser yo – y ya no mis fans, que a esa alturas ya había comprobado que no los había- quien se convirtiera en fotógrafo de tremendo espectáculo.

Estas son las fotos que saqué:

 

Mientras me encontraba fascinado por la belleza de la electricidad, no me percaté de que la tormenta de a poco se me iba echando encima. Y me di cuenta justo a tiempo de que el viento que arreció contra mi cámara y mi cara, no llegara a mojarme, por segundos. Efectivamente, al cerrar la ventana, una fuerza que jamás he experimentado anteriormente, quiso reventar el cristal desde fuera. Luego todo fue yendo a más, y en cuestión de minutos el viento se llevaba todo cuanto encontraba a su paso: árboles, techos de zync, postes de la luz, postes de teléfono, coches. Ante la magnitud del tema, le dije a Jorgy que me siguiera, y, acompañados por la perra, nos encerramos en un baño de la casa que no tiene ventanas al exterior. Mientras esperábamos se fue la luz. A oscuras, escuchamos un estruendo de cristales, e, inmediatamente después, muebles que se estampaban unos contra otros, y se frenaban impactando contra las paredes. La perra temblaba. Yo tenía una tremenda necesidad de salir a ver qué sucedía, Jorgy me pedía que esperásemos hasta que pasara la tormenta del todo. Pudo más su opinión que mi temeridad. No después de mucho tiempo, quizá unos quince o veinte minutos, salimos al salón. Mi sorpresa fue ver que todo estaba perfectamente, tal cual lo habíamos dejado. Tuvimos la suerte de que las ventanas nuestras son viejas y no cierran del todo, lo que provocó que parte del viento y el agua entraran con fuerza por las ranuras, aliviando a los paños de cristal de la presión que se les venía encima. Sin embargo, no corrieron la misma suerte las ventanas de nuestro vecino de arriba, que reventaron saltando literalmente por los aire sus cristales hechos añicos, cual metralla. Tal fue el revuelo que llegaron hasta nuestro balcón (en el piso de abajo, sorteando todo tipo de obstáculos que encontraron a su paso. Evidentemente, los ruidos de muebles y cristales procedían de esa casa.

Al acostarnos, no había llegado aún la luz. Luego, a las 5 de la mañana me sonó el movil. Mi compadre Javier, desesperado, me pidió que fuera de urgencias al hospital. Su hijo estaba a punto de nacer, el hospital no tenía ni medicamentos ni luz, las farmacias estaban cerradas y él no tenía dinero. Esta historia se las contaré más tranquilamente en otra ocasión. Pero ya les adelanto que Jorge (así se llama el pitufo) duerme hoy tranquilamente junto a su madre. Ambos están bien.

Si les comento que, en esta segunda historia, tuvimos que recorrer a 100km/h las calles de Asunción, en busca de farmacias que pudieran atendernos, a esas horas aún no había luz, pero luego, cuando el sol comenzó a despuntar este fue el panorama que vimos. (Por cierto, la plaza Uruguaya, con la que comienza este vídeo está a 50 metros de mi casa):

 

 

Además, revisando hoy algunas noticias sobre el temporal, he sabido que causó al menos un muerto, además de los destrozos que ya les he comentado.

Sin lugar a dudas, una de las mayores tormentas que ha azotado a Asunción en las últimas décadas. ¿hay alguien que aún dude del cambio climático?… sin comentarios.

 

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

 

Narwhal Tabarca.

Cómo poner una guagua en marcha, llena de pasajeros.

7, julio 2008 —

Queridos amigos, 

Asunción es últimamente un hervidero de manifestantes. Cada mañana, desde las ocho, los manifestantes se concentran en la Plaza Uruguaya (junto a mi casa) y emprenden una marcha normalmente hasta el congreso de los diputados. Pues bien, cuando acaba el evento, si uno observa con detenimiento, puede encontrar escenas tan curiosa como esta que tuve ocasión de grabar. No hago comentarios al respecto, porque se comenta a sí misma. Espero que les guste,

 

 

Un abrazo y una sonrisa,

 

Narwhal Tabarca.

Notas en el cuaderno de viaje. Café literario de Asunción.

30, mayo 2008 —

Queridos amigos,

cada tarde me voy al café literario de Asunción (el bar de la esquina), donde aprovecho para desconectar del día y conversar con mi cuaderno de viajes. Ayer, en esta rutina tan saludable, escribí lo que viene a continuación. Espero que les guste saber estas cosas tan nímias:

Estoy sentado en el café literario de Asunción, y es una delicia. Llego callado y sonriente, cuaderno en mano, cada tarde. Me pido una cerveza, algo para picar y comienzo a escribir. De cualquier manera, a lo que salga.

La verdad, es reconfortante tener un sitio así tan cerca de mi casa. Aunque a veces pienso que me falta un amigo, que me acompañe en estos ratos. Un amigo con el que hablar y que me cuente sus novedades diarias, o sus vanalidades viejas. Cualquier cosa. Un amigo al que insultar a veces.

Hoy pude hablar con algunos a través de internet. Y quise estar allí, tan solo unos segundos, un cubata acaso y volverme. Que raro se me hace estar aquí. Estar haciéndome a esto. Adquirir las constumbres de esta gente ajena. Pasear por las calles me parece extraño. Y sin embargo, más extraño me resulta acostumbrarme. Si no hablo ya me tratan como a un igual, y si hablo me creen venezolano. Esto le debo al acento canario.

Por las mañanas ando un kilómetro o más para llegar a la oficina. Y esto me tiene delgado y me siento algo más en forma. Fumar fumo lo mismo, pero beber casi no bebo. Aquí solo toman cerveza, pero nunca para acompañar la comida, sino como trago para emborracharse, cual cubatas. Esto es precisamente lo que me acabo de pedir yo ahora mismo, un cubatita, porque me apetece. Brindaré por mi hermano que hoy anda con una chica cuyo nombre me reservo.  Ayer estaba con otra, con semejante reserva de nombre, y esta noche no se quien será la afortunada (cuando lea esto me mata). A su salud este cubata.

Ahora mismo son las 7 y 24 de la tarde. Me acaban de poner la copa. Que rico el sabor del ron después de tanto, la bebida del pirata. Diría que lo echaba en falta, no por llevar un mes sin tomarme uno, sino por verme obligado a tomar cerveza. Aquí, si uno se toma un ron, lo miran mal. Quizá mal no sea la palabra. Lo miran como si fuera un bebedor añejo, de estos que pueden con todo. Supongo que la visión sería igual que la que podemos tener en canarias de estos señores de pueblo que se desayunan un carajillo bien cargado de coñac y un wisky solo y sin hielo a media mañana. Algo así.

Aquí me ven con un ron y admiran mi hígado. Si fueran a España y se dieran una vueltita por cualquier zona de marcha un sábado por la noche, se mueren. Estas cosas tienen los encuentros entre culturas. Y sin embargo yo no me termino de acostumbrar a esta fijación del paraguayo al Tereré.

El tereré ha sido un tremendo descubrimiento para mí. Cuando estuve en Argentina conocí la cultura del mate, y hoy en día la sigo descubriendo gracias a Jorgelina (que lo toma todas las tardes). Pero nunca nadie me había hablado del Tereré.

El tereté se debe, según creo, al intenso calor del verano paraguayo. Me han comentado que es insufrible, llegando a temperaturas de unos 45 grados a la sombra.

Dicen que cuando la necesidad aprieta, se agudiza el ingenio. Y el paraguayo tiene mucho de necesidad y de ingenio. Por ello ha inventado para estos casos el Tereré. Este invento no es otra cosa que el mate, pero con hielo. Así de simple. Dentro del Termo del agua meten hielo y en el mate (en el vaso) echan la hierba mate, como siempre. Luego ya, como en todo, está la idea original de cada cual, y una se ha seguido hasta el límite de convertirse en costumbre. Se diseñaron grandes termos de agua que albergaban, al menos, dos litros, forrados con piel, con un hueco preparado para la huampa (cuerno de vaca que hace las veces de mate -vaso-), un agarre para la bombilla (pajita metálica con un dispositivo de filtro en la boca) y lo llamaron: equipo de Tereré. Yo quiero comprarme un equipo de tereré en estos días. Como recuerdo y para aficionarme a él. Además, este pequeño invento siguió sufriendo modificaciones y añadiduras y en el campo comenzaron a añadirle lo que denominan Yuyos (o remedios). Así, si uno tiene cualquier tipo de dolencia basta con que use un yuyo determinado para aliviarla (no son más que remedios de hierbas). Así, además, de refrescar en verano, cura.

Me gustaría conocer algo más acerca de los yuyos. Estoy convencido de que adentrarse en este conocimiento es tanto como abrir una puerta al valioso mundo de los remedios naturales antiguos, transmitidos de boca en boca, desde tiempos inmemoriales hasta hoy. Lo tengo decidido, mañana me compro mi propio equipo de tereré. De momento voy tirando con una bombilla y un mate (el segundo que me compro ya en el mismo sitio) de los que bien podría decir que son casi de usar y tirar. El primer mate paraguayo me duró 4 días. Lo compré en una gasolinera de Asunción (que por cierto hay muchísimas) y era de palo santo del brasil. Ya me había advertido Jorgelina que estos mates duran poco. Como digo, al cuarto día expiró porque se resquebrajó en manos sus manos haciendo un ruido bastante peculiar y que provocó nuestra risa.

El segundo es también de madera, pero está recubierto de metal. De momento ha durado un mes, pero dice Jorgy que estos se agujerean cosa mala. Ya les contaré cuanto dura. Mañana por la tarde me compro ese equipo de tereré con huampa. Y cuando vuelva a España le llevo uno también a Rosa, que estará echándolo de menos y ahora entiendo por qué. Con el calor de canarias es de entender.

Me despido que me echan en cuestión de minutos”

Estimados amigos, es solo una anotación de un día cualquiera. Pero así saben como van siendo mis dias cualquiera.

 

Un abrazo, una sonrisa siempre.

Narwhal Tabarca

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