Web personal de Narwhal Tabarca

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El primer cortometraje de Borja Suarez. A esto le llamo yo empezar con buen pie.

18, octubre 2008

Estimados compañeros,

Borja Suarez, magnífico fotógrafo, lleva años dedicándose a inmortalizar el sufrimiento de los inmigrantes que llegan en cayuco a Gran Canaria. Ustedes no le conocerán a él, pero tengan por seguro que han visto más de una de sus fotos, y de dos, y de tres…. En efecto, muchas de sus fotos han sido publicadas en las noticias de los diarios de mayor tirada en toda España, cada vez que llega un cayuco a la isla. Allí le conocí, unidos por la calamidad y el sufrimiento, intentando vencer la impotencia de lo que sigue quedando tan cerca, aunque me separen miles de kilómetros de aquellas costas.

Un fotógrafo, compañeros, que no se limita a buscar enfoques y morbos gratuitos, sino todo lo contrario, un hombre más, inserto en la humanidad, que sufre por sus iguales, que lucha a través de la imagen, por intentar que no nos acostumbremos a la desgracia y la muerte. Ha visto más cayucos que muchos de nosotros, y los ha sentido, y los ha llorado en silencio.

Pues bien, hoy les hablo de él, porque ha hecho su primer cortometraje sobre este fenómeno de sufrimiento humano. Les dejo con el video, PINCHEN SOBRE EL NOMBRE DEL CORTO A CONTINUACIÓN:

 

PESADILLA

 

No pude hacer un enlace desde aquí, como es costumbre, ese link les llevará a la página “surestedigital”, y es bueno que la conozcan también.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa, y Borja, tu además mi admiración, compañero.

Narwhal Tabarca.

El trailer del documental que hicimos en Senegal.

7, enero 2008 — 1 comentario

Estimados compañeros,

Mi compañero de fatigas, Cesar Bakken, ha tenido la buena idea de hacer una versión reducidísima del documental para poder colgarla en el Youtube. Muchos de ustedes se han interesado por el documental, lo más que puedo ofrecerles por el momento, dado el estado de la técnica, es este trailer. Espero que les guste.

Un fuerte abrazo, una sonrisa sincera.

Narwhal Tabarca

Nuevo cayuco con 94 inmigrantes en el sur de Gran Canaria.

20, junio 2007 —

Queridos amigos,

En el resumen que estoy haciendo de mi viaje a Senegal he hablado de un cayuco que salió mientras cenábamos en una playa de Cap-Skirrin. Hoy ha llegado. Estuvieron unos diez días en el mar, yo apenas estuve unas seis horas en el aire: dos aviones, Dakar-Madrid, y Madrid-Las Palmas. No sé cómo explicar esto sin caer en la sensiblería. Creo que lo mejor será repetirlo y que ustedes concluyan que quiero decir. Veamos, yo cogí dos aviones y llegué cansado en seis horas, y el tiempo que pasé en los aeropuertos me desesperó un poco. Estos chicos no tuvieron largas esperas de aeropuertos, sino interminables momentos de preparación (unos diez días, ocultos en alguna parte cercana a Cap-Skirrin), y luego, una vez se hubo llenado el cayuco, otros diez días de travesías en la inifinita extensión de un mar que a todos nos es desconocido y traicionero.

Debido a las características de la playa a la que llegaron (Bahía Feliz), estos nuevos buscadores de vida fueron trasladados a las dependencias de la Comisaría de Policía de Maspalomas, en donde los atendimos como de costumbre. Pero este cayuco será recordado por las demostraciones de solidaridad que tuvieron los trabajadores de los hoteles de esa playa. Yo no estaba allí, preparaba el dispositivo en los garajes de la comisaría, pero sí me sorprendió ver cómo los chicos llegaban con todo tipo de abrigo, incluso con edredones sobre los hombros. Las camareras de piso, al ver la llegada del cayuco, corrieron a la costa a socorrerlos. Según me comentaron los compañeros, muchas de ellas lo hacían entre lágrimas, distribuyendo edredones y mantas que habían sacado de los hoteles. Me quiero permitir la licencia de usar un calificativo para estas mujeres entregadas a la ayuda humanitaria expontánea, no puedo decir de ellas más que son auténticas heroínas de la generosidad.

Cuando comenzaron a llegar los inmigrantes a la comisaría, empezamos a atenderlos. Pero también hubo otro detalle que hacía de este cayuco un cayuco especial. No ya solo, como dije más arriba, por ser aquel que había salido de Cap-Skirrin mientras nosotros cenábamos a cincuenta metros, sino también porque es el primero que llega después de haber estado conviviendo con africanos en Senegal después de estos diez dias. Me parece extraño, pero esto me hizo sentirlos de una forma mucho más familiar y cercana. A los que eran de Senegal les decía los pueblos por los que había pasado y abrian los ojos, y reían. Les saludé como es costumbre en Senegal, chocan las manos en señal de afecto, y se quedaban extrañamente aliviados de ver cómo no todo era una novedad desbordante. En un momento hice un ejercicio de memoria. Los miré a todos en su conjunto, y recordé el lugar de donde venían. No sé que extraña sensación tuve, que me hizo querer abrazarlos a todos, desee haberlos conocido en Senegal la noche anterior a su partida, desee que fueran mis amigos, como lo fueron los que me acogieron en sus casas, y me dí cuenta, ahora sí, que esos inmigrantes y aquellos africanos que dejé en Senegal con lágrimas en los ojos al despedirme, eran las mismas personas. Quizá no los mismos individuos, pero sí una representación bastante fiel de aquellos con los que conviví allá.

Todo esto sucedía a las ocho de la mañana, y la intervención duró, si no recuerdo mal, hasta las 12, aproximádamente. Luego, paseo por la oficina de Cruz Roja para saludar a los compañeros, almuerzo con la jefi que es adorable (gracias Nally una y mil veces por tu gestión intachable), taller de fichas de la ERIE para dar una atención más eficaz a los recien llegados, y, cuando me iba a casa: anuncio de un nuevo cayuco al puerto de Arguineguín. Con bastante buen criterio, Nally decidió ir a dejar el material (los PMA), en el muelle de Arguineguín. Aún contábamos con una cuantas horas hasta la llegada estimada del cayuco a la isla. El resto de voluntarios se había ido a casa a ducharse y descansar un poco para estar frescos para esta nueva intervención, y Angelito, Nally y yo nos dirijimos a Arguineguín. Allí dejamos los PMA, de allí volvimos a partir para San Agustín (algunos contratiempos que no vienen al caso) y allí nos avisaron de que el cayuco se anulaba porque sería conducido a Tenerife.

Resumo, es casi la una de la mañana y acabo de llegar a casa, feliz y contrariado por la novedad de estos eventos que parecen tan cotidianos. Clara está en Madrid, pero esta noche no dormiré solo, sino con el rostro de los 94 inmigrantes que bien podrían ser mis amigos, o, por qué no, mis hermanos.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa.

Narwhal Tabarca.

 

PD. Mañana sigo con el resumen del viaje a Senegal.

 

Otro cayuco en Arguineguin. Hoy viernes.

9, febrero 2007 —

Estimados amigos, me ha llegado otro mensaje del CCAA de la Cruz Roja. Otro Cayuco en Arguineguin. En estos momentos estará el dispositivo montado y los miembros de la asociación humanitaria atendiéndolos. Lástima que hoy no haya podido ir. Tengo que salir corriendo hacia el Cuba Libro para preparar el recital de esta noche. Solo espero que hayan llegado todos bien.

Un abrazo.

Santiago TABARCA

Otra patera en el muelle de Arguineguin

31, enero 2007 —

 

Antes que nada, disculpen que no haya actualizado las fotos aún. Ayer estuve toda la tarde intentando descargarlas y tuve algún problemilla informático. Paciencia que ya están pronto ;)

Otra patera, compañeros, pero esta tiene nombre propio: Muruk. A las once y media de la mañana me llegó le mensaje del Centro de Control de la Cruz Roja. Desgraciadamente lo vi tarde, pero no lo suficiente para no poder echar una mano. Me parece irreal la vida, sinceramente. Acabo de llegar de vuelta a casa. Ellos han ido a la comisaría de policía para todo el trámite legal, y quería compartir con ustedes la experiencia.

Cuando llegué, el muelle estaba completamente tranquilo. La gente sentada en las terrazas, ajena al acontecimiento, la cofradía de pescadores de Arguineguín haciendo vida completamente normal, y al fondo una de las patrulleras del Servicio Marítimo de Rescate, naranja. El cielo estaba cubierto, y de vez en vez dejaba caer alguna gota. Hace unos 9 años que no asisto a un servicio de la Cruz Roja (estuve en Madrid y allí no pude dedicarles tiempo) y veo con estupor cómo las sensaciones siguen siendo las mismas de cuando era un adolescente rebelde*. Ver las carpas de la Cruz Roja, rodeadas de ambulancias y coches de la guardia civil y la policía nacional, mirarme el pecho y ver que yo también llevo la cruz roja y sentirme parte de todo aquello, de la humanidad y la vida misma.

Mi labor hoy ha sido escueta. Estoy verde después de tantos años, pero no insensibilizado. El inmigrante más sufrido se llama Muluk, es un chico de unos 19 años, extremadamente delgado y débil. Lo conocí mientras él descansaba en la camilla del hospitalito. Mirada noble, ojos evadidos y muerto de frío. Me hizo gracia que lo vistiéramos con la camiseta, los calzoncillos, el chándal y las zapatillas, como si fuera un niño pequeño. Luego me hice cargo de él. Lo llevé, casi en volandas*, a la ambulancia, en donde lo cargué casi en peso para introducirlo en ella. Tantos años han pasado ya desde que entré por última vez en una ambulancia que la sensación se me antojó realmente extraña y familiar al mismo tiempo. Lo recosté en la camilla, y lo tapé con mantas. Allí quedó, Muluk, al calor de la ropa límpia y las mantas, durmiendo como no lo había hecho desde que decidió jugarse la vida para venir a canarias.

Sí Muluk, esto es Las Palmas, le dije cuando me preguntó. Lo que no pude decirle es que en breve estaría de vuelta en su casa, en algún lugar de la miseria y el sinsentido.

¿realmente está ya todo inventado?

Un abrazo, compañeros.

Santiago Tabarca.

* Muchas gracias, mujer de cal, por las correcciones. No solo me lees sino que además te tomas el tiempo de corregirme. Te adoro.

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