Web personal de Narwhal Tabarca

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El Tirano. Valerio Massimo Manfredi

26, marzo 2009

Estimados compañeros,

Tal y como les he venido adelantando, en estos días he acabado la novela de Valerio Massimo Manfredi, El Tirano. Inspirada en parte de la vida de Dionisio I de Siracusa, esta novela es la más floja de las que me he leído hasta la fecha de este autor. Ciertamente, es complicado que la trama de un tirano, avocado a la derrota en casi todas sus batallas pueda competir con el espíritu triunfador de un Alejandro Magno, o la aventura del ejercito de los 10.000 (ambas obras comentadas en este blog). 

La vida de este monarca que derrotó con intrigas y malas artes la democracia griega en Siracusa, se justifica por el solo hecho de haber sido esta vía la única que casi consiguió la unificación de facto de toda la isla de Sicilia bajo los pueblos griegos. La única manera era mediante la expulsión del ejército Cartaginés de Anibal, Himilcón, Manón y otro Hilmicón, respectivamente. Contra todos ellos plantó Dionisio su espada y su escudo, desde sus veintipocos hasta su muerte. Un hombre que saldría de las clases más humildes de Siracusa y que consiguió ganar el liderazgo de su gente a base de fuerza e inteligencia, sin el más mínimo resquemor de conciencia por levantar su arma ya fuera contra los bárbaros cartagineses o contra su propia gente. 

Es loable el intento de Valerio Massimo Manfredi de intentar alabar las hazañas de este personaje griego, sin embargo, abstrayéndose al cariz humano que le imprime al personaje, creo que sus actos hablan más que su la aportación imaginativa que de él hace el autor. Este hombre debía ser un personaje despidado, capaz de encarcelar a su propio hermano por dar muestras de humanidad con el enemigo griego, capaz de vender el alma al diablo, o de poner a los celtas o a los bárbaros contra los propios griegos si se trataba de amasar poder, capaz insisto, por último, de firmar un acuerdo de paz y luego violarlo poniendo cerco a ciudades. Es decir, si Maquiavelo hubiese vivido en esta época, seguramente habría sido su mejor consejero.

Literariamente, esta novela tiene la misma facilidad de lectura que Alexandrós o El Ejercito Perdido. Sin embargo, creo que el hecho de no tener tanta información histórica ha hecho el autor se pierda en ocasiones en aspectos que más parecen responder a la esfera de los espiritual y lo paranormal: una mujer que parece una bestia (una especie de Gollum del señor de los anillos, pero en bello), un personaje misterioso que aparece de la nada para ayudar a Dionisio cuando necesita dinero… . Esto hace que la novela pierda fuerza, y sobre todo credibilidad en su trama. Recuerdo que la misma sensación me dio en ocasiones cuando leí Alexandrós, las reacciones del perro que parecía querer hablar parecían en ocasiones ridículas, casi diría absurdas.

Sin embargo, compañeros, no dejaré de recomendar esta novela, que me ha dado buenos ratos de lectura. Un detalle, encontrarán, como en todas las que me he leído de Valerio Massimo, un guiño a otra de sus novelas que ya comenté: “El Ejercito Perdido”, aunque suene extraño, el mismo Jenofonte, después de volver de la expedición de los 10.000, hizo al parecer un viaje a Siracusa y conoció a Dionisio. El autor al menos así lo cuenta…

Reciban mi abrazo y mi sonrisa, compañeros,

 

Narwhal Tabarca.

Alexandros. Valerio Massimo Manfredi.

21, febrero 2009 —

Queridos compañeros,

ayer acabé el tercer libro de la saga de Valerio Massimo Manfredi sobre la vida de Alejandro Magno. Ha sido un viaje apasionante. He vivido a este personaje de la historia, hasta hace poco tan ajeno a mí, como si hubiera sido yo quien se pusiera el yelmo con la forma de la cabeza del león, y galopara, a lomos de Bucéfalo, dirigiendo la Punta contra los ejércitos Persas. Esta novela, en la que no existen vencedores ni vencidos, ahonda en la profundidad de la psicología de un hombre que quiso conseguir lo que nadie nunca había conseguido hasta entonces. Y no existen en ella vencedores ni vencidos, porque la historia no los tiene. Las palabras de Valerio no magnifican la figura de rey de los Macedonios, ni tampoco ultraja la imagen de los persas, ni sus costumbres. Todo lo contrario, el autor ha preferido ser fiel a los acontecimientos y los actos de Alejandro, quien defendió en todo momento, que el honor y el respeto estaban por encima de cualquier principio. No se trata de una condescendencia fácil de quien se siente poderoso, ni de piedad ante el enemigo. Sino de convertir la historia en lo que es, avances y retrocesos por el bien de las comunidades. La figura del rey se nos presenta entonces, como la de aquel forastero al que el amor hacia las nuevas culturas no le impide seguir destronando a Sátrapas y Caudillos, en una guerra sin cuartel. Y es ese equilibrio entre la muerte y el respeto lo que hace grande la figura de Alejandro tanto en la novela como, y sobretodo, en la propia Historia. 

Nacido en Pella, en el corazón del reino de Macedonia, hijo de Filipo y de Olimpia, fue instruido por el filósofo Aristóteles, quien le enseñó las bases de la cultura griega, y los valores de la democracia. Como nos cuenta Valerio Massimo Manfredi, en aquel entonces los Macedonios eran considerados griegos bárbaros, casi podríamos decir, los menos modernos de los estados griegos. Efectivamente, en Macedonia existía, a manos de Filipo, una monarquía que rayaba en la tiranía. Sin embargo, este astuto movimiento de instruir a Alejandro con el mejor de los filósofos de Atenas, convirtió al heredero al trono en un rival temible, un estratega sin par, y un hombre sabio. A la muerte de Filipo, Alejandro dio un paso al frente, y comenzó la mayor de las hazañas que nunca ningún griego había conseguido hasta entonces: derrotar al Imperio Persa.

Así trascurre la novela, queridos amigos, desde el momento del nacimiento del Gran Rey de Reyes, hasta momentos después de su muerte. Entre medias, podemos gozar de imágenes inolvidables, la entrada de Alejandro en el Santuario de Siwa en Egipto, la toma de Tiro, de Halicarnaso, de Babilonia, la destrucción de Persépolis, la decisiva batalla de Gaugamela; nos sorprenderemos de la astucia y la estrategia bélica de la que hace alarde el rey invicto hasta su muerte. Sus victorias, empero, no se ciñeron solamente al campo de batalla. Las narraciones de Valerio Massimo Manfredi son tan ágiles y reales que después de acabar la novela ya estoy extrañando el olor de la piel de Barsine y de Roxana. Aún siento sus ojos mirándome profundos mientras me hablan en sus idiomas exóticos, desde Persia hasta la India.

Queridos amigos, alguien de ustedes me quiso tirar de las orejas en un comentario, a propósito de la crítica sobre el Ejercito Perdido del mismo autor. Prefiero quedarme corto, entonces, en la opinión que les doy de este libro. Eso sí, las lecturas de Massimo Manfredi me han hecho comprender que la aproximación a sus obras no deben hacerse ociosamente. Es por ello que sigo recomendando tener a mano una conexión a internet, les aseguro que no serán pocas las veces que quieran consultar nombres de lugares y de personas, con la curiosidad de quien se adentra en un mundo fascinante.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa,

 

Narwhal Tabarca.

20.000 leguas de viaje submarino. Julio Verne.

4, enero 2009

Estimados compañeros,

Hoy les quiero hablar de esta novela de Julio Verne que, si bien es mundialmente conocida, muy poca gente ha reparado en su belleza y su lectura. 

En el siglo XIX, sobre el 1818, un grupo de tres personas se ven engullidos y prisioneros dentro de un monstruo marino al que habían intentado dar caza. Un monstruo que, luego descubrirán que no es más que el fruto de la genialidad de un hombre misterioso: el capitán Nemo, es decir, el capitán nadie. Este hombre, una suerte de Subcomandante Marcos, de Robbin de los mares, de Ernesto Che Guevara, es todo lo que podemos considerar un antisistema de aquellos años. Asqueado de la tierra y de las personas que la habitan, por razones que no se desentrañan a lo largo de la obra, aunque sí se insinúan, opta por la vida en el mar. Desde allí, reunido por un grupo misterioso de fieles seguidores, y a bordo de su propio invento, surca los mares en todas sus dimensiones.

Es aquí donde quiero poner el hincapié en este comentario al libro. Y es que, con independencia de lo novedoso del invento de Julio Verne, con la invención de su Nautilus, esta novela no puede dejar de ser una insinuación de las ideas políticas del escritor, quien siempre mantuvo contactos muy cercanos con círculos socialistas y anarquistas. En efecto, el Capitán Nemo, una persona que consigue reunir una ingente suma de dinero que le da la posibilidad de crear su propia versión de la historia, lejos de las fronteras. Así, rodeado de trabajadores, unidos por una sola causa, se adentra en el mundo de los mares, en los que no existe frontera alguna, y va demostrándo, paso a paso, que su opción es capaz de llegar más lejos que la instaurada en tierra y de la cual huye.

Pero esta huída es meditada, preparada, ensañada, diría. He ahí la grandeza del capitán Nemo, y las diferencias que marca con relación a cualquier hermitaño. Nemo no es un hermitaño del mar, y tampoco junto a su tripulación, un Ali-baba con 40 ladrones, en las entrañas de los océanos. Nemo y los hombres del Nautilus son algo más que eso, mucho más diría, son personas echadas al mar para hurdir una venganza atroz y sanguinaria, y, al mismo tiempo, un Jack Costeau de aquel entonces, en el que no era posible, ni tan siquiera imaginar, que alguien pudiera dedicarse a descubrir de esa manera los fondos marinos.

En esta línea, la figura del Capitán Nemo aúna la mente del científico y el brazo del guerrero; la admiración por la vida y el brazo ejecutor de la justicia más despiadada, la ciencia como arma contra la opresión de los poderes absolutos y la muerte como lucha por encontrar un equilibrio en la balanza social y humana.

Sea como fuere, amigos míos, les recomiendo esta novela y les sugiero que, mientras la leen, tengan una conexión a internet cerca para que busquen las especies que se nombran en el libro. Un excelente trabajo de investigación científica y, sin lugar a dudas, una gran novela.

Reciban mi abrazo y mi sonrisa siempre,

Narwhal Tabarca.

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